Inés Estévez: "Cuando uno tiene voz pública, construir es casi un deber"

Con una brillante carrera en teatro, cine y televisión, se alejó de la actuación por un largo tiempo, para luego regresar con más habilidades que demostraron su talento innato, como el canto y la docencia. Hoy vuelve a destacarse sobre el escenario y está a punto de estrenar En el barro, el spin-off de El marginal. En esta entrevista, repasa su presente, recuerda los motivos de su retiro y las razones de su retorno.

Actriz multifacética, capaz de deslumbrar en cine, teatro y televisión, Inés Estévez también incursiona en la docencia y la literatura, vive una maternidad presente y comprometida, mantiene un romance constante con el mundo de la música y conserva un instinto corporal afilado, conectado con su pasado vinculado a la danza.

En algún momento, la actuación se convirtió en La nave de los locos, y tuvo que mostrar sus aspectos más Vulnerables. En el universo femenino transitó por Guapas, La vida según Muriel, Cuatro amigas y la profesión le regaló una Pequeña Victoria. Se expuso a una Zona de riesgo, trabajó con Diego Peretti en Criminal, intentó descubrir El misterio de la felicidad, apostó por el delito junto a Ricardo Darín en La fuga, fue madre de Lali Espósito en Acusada y una magnífica antagonista de Julio Chávez en El maestro.

El futuro inmediato la encontrará al frente de la segunda temporada de En el barro, el spin-off de El marginal. Actriz inteligente y en búsqueda constante de la excelencia, hace una pausa para dialogar con EPU.

–Estás haciendo la obra "Matar a mamá" junto a Florencia Raggi y María Rosa Fugazot. En un año casi sin ficción en la televisión y con muy poco movimiento cinematográfico, ¿el teatro se convirtió en una especie de refugio?

–Yo creo que sí. Al no haber producciones audiovisuales, con la industria cinematográfica detenida, quedan solo los espacios de las miniseries, que tampoco son tantos. Lo que estoy viendo es que, como en toda gran crisis, siempre existe el reflejo de una gran oportunidad. Recuerdo que en el 2001 hubo una gran explosión del teatro independiente, que ya había comenzado años atrás pero no se había desarrollado con esa magnitud. Fue un momento clave, porque la gente no tenía dinero para ir al teatro ni al cine, pero el teatro independiente se expandió a fuerza de muchísimo talento y de una mayor accesibilidad.

Hoy siento que, frente a esta gran dificultad que estamos atravesando, hay una oferta teatral rica y vastísima. Lo increíble, frente a esta situación económica tan extrema, es que la gente sigue yendo al teatro. Matar a mamá arrancó muy bien, estamos vendiendo mucho y con grandes esperanzas para la obra.

–¿Que la dramaturgia esté a cargo de Laura Oliva y la dirección en manos de Paula Ransenberg, dos actrices destacadas, hace la diferencia?
–Absolutamente. No hay nada más enriquecedor que ser dirigido por un actor. Los directores que también son actores, o que han estudiado actuación, no solo tienen la mirada integral y abarcadora de un director, sino que además saben cómo transmitirte lo que necesitan. Eso es fundamental, porque a veces el director tiene una idea, pero carece de las herramientas para comunicarla con claridad, lo que puede generar confusión y frustración. En este caso, yo considero que es un proyecto con cinco actrices.

–Todo el conflicto se desata por el canal de YouTube de la madre de las protagonistas. ¿Cómo te llevás con las redes sociales?

–La verdad es que son una herramienta poderosísima, que puede usarse de forma destructiva o constructiva. Yo trato de construir; de hecho, hay redes que no frecuento porque considero que destruyen. Las utilizo básicamente para tres cosas: difundir mi trabajo, concientizar sobre la discapacidad y apoyar causas sociales. Las manejo yo porque, cuando uno tiene voz pública, construir es casi un deber.

–¿Tenés algo en común con tu personaje en "Matar a mamá"?

–Nada. La única similitud podría ser que también tengo una hermana, pero a diferencia de mi personaje, yo me llevo divinamente con ella. Quizás el punto en común sea que mi hermana y yo hemos tenido una relación compleja con nuestra madre, pero por situaciones muy distintas a las de la ficción. Lo más interesante de actuar es eso, encarnar personajes que están muy alejados de vos, vivir mil vidas en una. Por ejemplo, esta es la primera vez que hago comedia pura, y la obra me gustó porque tiene sustancia. En este país, la comedia suele asociarse con algo banal, se la subestima y, a veces, la crítica no aborda con la misma rigurosidad el drama que la comedia.

–Algo que irrumpe en la obra es el tema de la mujer y la pornografía, algo que hasta no hace tantos años estaba fuertemente asociado al público masculino. ¿Estamos naturalizando la relación de las mujeres con el porno?

–Hay algo importante y necesario para señalar: la pornografía tradicional no solo es patriarcal y machista, sino que también impone un mandato muy equívoco. Tanto para el hombre, que se supone debería ser superpoderoso, dominante, sometedor y, a veces, hasta sádico, como para la mujer, que cree que debe responder a esos parámetros. Ahora existe un porno pensado para mujeres, mucho más equilibrado, donde la mujer es artífice y partícipe con parámetros realistas.

–Desde hace tiempo ejercés la docencia, algo que surgió con fuerza cuando te alejaste de la actuación. ¿Por qué decidiste retirarte?

–Varias cosas me llevaron a retirarme. Tenía la intención de diversificarme; trabajaba mucho y no encontraba el tiempo ni la claridad mental para encarar otras profesiones, como la dirección, la docencia y la escritura, gracias a la cual publiqué dos libros. Mucho después apareció algo que no tenía en mis planes: la música. Esto sucedió en un momento en que explotó la hipercomunicación y la expresión audiovisual se banalizó.

Empecé a sentir algo muy raro: yo me había formado trabajando en cine de autor y teatro vocacional, y en ese entonces estaba en televisión con un unitario de mucha calidad, pero de todos modos me erigí como un factor de venta y me encontré lidiando con un mundo que no conocía. Me costaba un montón. Lo empecé a padecer, y primero estuve cinco años sin hacer televisión, concentrándome solo en el cine y el teatro, pero la confusión seguía. Veía que se mezclaba mucho al que estaba por el arte con el que estaba por el Audi (se ríe). Sentí una presión que nada tenía que ver con la expresión artística, así que esos años sin televisión no bastaron. El sistema era el problema, así que me alejé pensando que no iba a volver nunca más.

–Ahora ya sabemos que volviste. ¿Cómo se dio ese regreso?

–Nueve años después de dejar la actuación, me llamó Daniel Burman para hacer El misterio de la felicidad. Durante ese tiempo, me habían ofrecido varias cosas, pero yo estaba muy firme en mi decisión de no volver. Sin embargo, Burman fue muy hábil: me preguntó qué era lo que no me cerraba, y le contesté que era la exposición. Entonces me propuso firmar un contrato donde estaría exenta de eso. En ese momento, mis hijas eran muy pequeñas, las habíamos adoptado hacía dos años, así que le dije que solo podía filmar tres días por semana, y lo organizamos. ¡Fue tan hermoso y parecido a mis comienzos ese regreso! Tan cercano al arte, tan cálido y humano, que me volví a enamorar.

–En esta larga relación con el oficio, te pregunto algo que aparece en varias notas: ¿trabajaste en "Lo que vendrá", la película con Juan Leyrado, Hugo Soto y Charly García?

–Sí, esa fue mi primera gran desilusión porque el director, Gustavo Mosquera, me había elegido como protagonista femenina. El trío protagónico iba a ser Charly, Hugo Soto y yo. La anécdota es muy graciosa: la película era futurista, y la vestuarista había diseñado un vestuario maravilloso. Cuando fui a probármelo delante de Mosquera, a él no le gustó y propuso algo bastante poco futurista y más reconocible, muy distinto a lo que teníamos.

En ese momento, yo apoyé mucho la moción de la vestuarista y confronté un poco al director, debido a mi inexperiencia, ya que era mi primera película. Él no dijo nada, pero de pronto me di cuenta de que no filmaba. Pasé de un protagonismo absoluto a filmar cinco minutos y quedar solo unos segundos en pantalla. La anécdota termina con que gané una amiga para toda la vida, porque la vestuarista, desde ese momento hasta hoy, es mi mejor amiga.

Fotos: Agustín Dusserre @agustindusserre

Coordinación general: Gimena Bugallo @gimebugallo

Estilismo: Florencia Herrera @floriherrera2110

Make up: Daiana Pérez @daichumakeup

Pelo: Cinthia Acosta @cinacostamakeup

Agradecimientos: Sastrería Gonzalez @gnzgonzalez_

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