Enrique Ramil: "Mi salto fue cuando empecé a cantar canciones escritas para mujeres"
El compositor español compartió una charla íntima con El Planeta Urbano en la que habló de sus orígenes, la importancia de encontrar una identidad propia y las melodías como refugio.
Conocido por su potente voz y emotivas interpretaciones, Enrique Ramil ha sabido dejar una huella imborrable en la escena musical europea. De pequeño participó en el coro parroquial de su ciudad, La Coruña, viajó a Londres a cantar por sus calles y se transformó en una popular drag queen bautizada como “Coco Mandala” por los escenarios madrileños. Participó de varios programas de televisión, como Operación Triunfo 2011 y Factor X, pero su fama llegó con Tierra de talento, donde fue elegido como ganador en 2020 con su versión de la canción “Mi soledad y yo”, de Alejandro Sanz.
Este año volvió a coronarse en Viña del Mar 2024, donde recibió el premio Gaviota de Plata al Mejor Intérprete Internacional, consolidándose así como uno de los artistas más queridos del panorama musical español.
Con una trayectoria llena de aplausos y una legión de seguidores apasionados en diferentes partes del mundo, Ramil continúa explorando nuevos horizontes. Tras presentarse en Café Berlín en Buenos Aires con tres sold out, el cantante comparte sus experiencias, los desafíos de su carrera y las motivaciones que lo impulsan a seguir creando música que toca el alma de sus oyentes.

–¿Cuán importante ha sido encontrar una identidad propia?
–Fue fundamental, y no solo encontrarla sino también rodearme de gente con la que pude ser yo mismo, algo que, a veces, es más complicado de lo que parece. En ese sentido, yo he tenido muchísima suerte, porque mi familia me ha apoyado siempre en casi todas mis locuras; creo que lo más importante es saber quién es uno en cualquier aspecto de la vida para luego poder saber para qué está aquí, en este mundo.
–En algunas entrevistas dijiste: “No siempre he hecho lo que he querido, pero siempre supe lo que tenía que hacer”, ¿la música funcionó como un refugio en tu vida?
–Siempre. Recuerdo que cuando participé en Operación Triunfo, yo no podía hacer lo que yo quería porque te ponían la canción que debías cantar o te ponían el vestuario que debías usar. No, me corrijo, no es que te lo ponían sino que te lo imponían.

Y es verdad que cuando uno entra a una academia y tiene que perfeccionarse, también tiene que estudiar materias que no le gustan, pero esa era una exposición muy grande, la gente te veía y podía recordarte solo por lo que estaban mostrando de ti, y ese no era yo. Tuve la suerte, después de tanto tropiezo, de participar en Tierra de talento, donde me dejaron hacer lo que quería, ese fue mi verdadero despertar.
–¿Se sintió como una especie de liberación?
–Totalmente, mi salto fue cuando empecé a cantar canciones que se habían escrito para mujeres. A mí me daban los tributos a Sinatra o las canciones de Julio Iglesias, que estaban super bien, pero de repente pude cantar “La gata bajo la lluvia”, de Rocío Dúrcal; “A la que vive contigo”, de Manoella Torres; “Se nos rompió el amor” o “Señora”, de la Jurado. Canciones que relatan romances con hombres casados, que encima las está cantando un hombre, era toda una sorpresa. Ahí vino el verdadero yo.
–¿Sentís que rompiste el paradigma interpretando este tipo de canciones?
–Es que al final la música y el arte en general, están para eso, para mostrar lo que aún no existe. Desempolvás cosas que llevan toda la vida pasando, pero nunca se hablaron en un medio; ahora todo el mundo tiene esa libertad, vamos abriendo paso. A mí me hace mucha ilusión que me escriban y me cuenten que se han anotado en un talent show y se atrevieron a cantar una canción escrita para una mujer porque un día me vieron a mí hacerlo y se dieron cuenta de que era posible.

–¿Cómo transitaste aquella etapa en la que te imponían una forma de actuar? Porque además tenés una imagen muy teatral.
–Mira, yo siempre pensé en los superhéroes y en cómo los artistas somos, humildemente, algo parecido. Está Batman, que se disfraza para salvar el mundo; luego está Superman, que se disfraza para interactuar con los seres humanos; y también está Wonder Woman, que es la misma siempre, con o sin disfraz. Pues ahí creo que estoy yo. Tengo una foto preciosa en Viña en la que estoy con uno de mis kimonos de colores abriendo los brazos, y hay un bailarín, también maquillado y gordito como yo, bailando detrás, y pienso en los niños que pueden estar viendo eso y dicen: “Yo quiero ser así, como ellos”.
Somos una muestra de que pueden ser lo que ellos quieren siendo grandotes o femeninos. Como yo eso no lo tuve, creo que mi responsabilidad es enorme y tiene que ver con mostrarme con toda la grandeza que pueda por las generaciones que vendrán.
–De alguna manera estás trabajando para convertirte en aquel referente que a vos te hubiese gustado tener.
–Sí, es así como lo planteo siempre, porque en mi experiencia yo lo tuve que ir buscando en diferentes lugares. Yo escuchaba a Rocío Jurado en mi casa, frente al espejo, me maquillaba con cualquier cosa que tuviese mi mamá por ahí, y cuando llevé eso al escenario fue cuando realmente me empezó a ir bien, cuando realmente me empecé a distinguir. Nunca voy a ser mejor Sinatra que Sinatra, pero mejor que yo mismo no va a haber nadie.

–Hay un prejuicio con la dificultad de tratar las cuestiones de género cuando uno es de un pueblo pequeño, ¿en tu caso fue así?
–No fue mi caso porque mi familia siempre fue muy querida y además siempre fui superclaro. Pasé una época muy complicada de bullying en el colegio, tenía unos nueve años y un día llegué a casa y le pregunté a mi madre: “Mamá, ¿qué es un maricón”, y ella muy dulcemente me preguntó a mí por qué yo estaba diciendo eso; y le contesté “porque me lo llaman en el cole”. Ahí me dijo: “Pues, mira, cuando a un chico le gusta otro chico, la gente maleducada le llama eso”.
Imagínate que ya está, es decir, mi mamá podría haber reaccionado de miles de formas, inclusive podría haberme dicho que de eso no se habla o que es de mayores. Sin embargo, me contestó con total normalidad. Por eso, cuando tenía 12 y le conté quién era realmente y cómo me sentía, recordé ese episodio y bromeé diciéndole que los chicos en el colegio se habían dado cuenta antes que yo y ella, rápidamente, me dijo: “Yo también”. Entonces, ahí se acabó el problema para mí.
–Hace poco comentaste que te preocupaba presentarte en Viña del Mar porque creías que estabas grande.
–Es que ya me veía como mayor con 40 años, entre tanta música urbana; y de repente, tanto los fans como mi equipo me decían que escribiera una canción y me presentara igual. También me parecía que si no me presentaba este año ya no me iba a presentar nunca más, y todo resultó ser más que bonito. La canción que presenté habla de mi adolescencia, de mi primer amor, y creo que es una canción para hacer bandera, para hacer himno.

Tengo la bendición de poder hacer terapia cuando canto y de alguna manera me conecto, como cuando estás tirado en el diván y la psicóloga te pregunta cosas y vos las revivís para poder sanarlas; pues digamos que yo sano cada vez que me subo a un escenario a cantar. Y también me doy cuenta de que le sirve como terapia a otra gente que se identifica, es muy poderoso.

