El arte de Nicola Costantino: una vida dedicada a producir belleza
Texto: Mercedes Ezquiaga
Un inmenso jardín vegetal de cerámica, invertido, que pende de una estructura de hierro suspendida desde el cielo raso del Centro Cultural Borges, justo debajo de la cúpula por donde se cuela la luz del sol, conforma la obra más reciente de Nicola Costantino, la artista oriunda de Rosario que representó a la Argentina en la Bienal de Venecia y cuya obra fue adquirida por el MoMA de Nueva York. “Inverso” se titula esta instalación tan bella como extraña, que trastoca las leyes conocidas con raíces que crecen hacia el cielo y ramas con flores que se extienden hacia el piso.

Ubicado sobre el octógono del centro cultural, que es también el corazón de este espacio que existe en el segundo piso de las Galerías Pacífico, este jardín con pétalos, flores y tallos fue realizado con la técnica japonesa “nerikomi”, una sabiduría milenaria que consiste en decorar cerámica combinando diferentes colores de arcilla para crear patrones únicos. Este proceso dispone los barros pigmentados verticalmente en un bloque, colores en degradé, o intercalados. Los bloques de arcilla coloreados son apilados unos sobre otros, doblados o prensados, y luego se cortan en rodajas –en donde se aplican cortes transversales– obteniendo imágenes inesperadas, dando como resultado múltiples piezas que conforman las hojas y los pétalos de las flores.
A partir de la pandemia, Nicola Costantino comenzó su proyecto de arte cerámico inspirado en el universo vegetal. “Con esta instalación quería romper con esa sensación de que la naturaleza está siempre ahí, como algo que damos por sentado. Este jardín invertido responde a otro universo, a otra ley de gravedad. Para mí, no hay divinidad mayor que la naturaleza. Estoy totalmente abocada a producir belleza, siento que en este momento es lo más importante que puedo ofrecer como artista”, le dice a El Planeta Urbano esta escultora con 30 años de trayectoria. La naturaleza vegetal se impuso en su vida como el único y silencioso remedio a los desastres provocados por la humanidad.

PONER EL CUERPO
“Los artistas deberíamos ser como los gusanos del compost, tenemos que poder transformar la podredumbre en belleza”, es una de las frases que adoptó Costantino, y que incluso utilizó en 2023 como uno de los lemas de su espectáculo escénico musical “Artista Ex-Machina”, que presentó en el Centro de Experimentación del Teatro Colón (CETC). Una “obra de arte total” que combinó los más variados soportes, así como referencias a múltiples de sus anteriores obras.
Fue justamente el CETC el espacio donde Costantino planeaba exhibir por primera vez su homenaje a Evita Perón, aunque ese trabajo terminó siendo la obra para representar a la Argentina en el pabellón nacional en la Bienal de Venecia 2013, bajo el título “Rapsodia inconclusa”. La propia Nicola se puso en la piel de Evita, confeccionó copias de sus vestuarios y preparó una mega instalación performática en una panorámica de 17 metros con las imágenes más representativas de su vida.

La mujer trabajadora de camisa y rodete, la reina y líder popular vestida por Dior, la que pelea con la muerte y finalmente el sentir de un pueblo que la lloró 14 días bajo la lluvia. Una montaña de lágrimas de hielo derritiendo y goteando, que generaban una peculiar cortina sonora, graficaban la escena. Otra de las piezas incluía una réplica del vestido de hierro, una estructura metálica, para sostener a Eva en su última aparición pública, cuando estaba ya gravemente enferma.
Sin dudas, uno de los puntos de mayor exposición de esta artista fue cuando en 2004 realizó la obra “Savon de corps”, para la que se sometió primero a una liposucción y utilizó los dos kilos de su grasa extraída para la fabricación de 200 jabones. Esos productos llevaban un tres por ciento de esencia de Nicola, quien los realizó con sus propias manos en la fábrica de jabones de su abuelo. Las imágenes de la obra, condensadas en videos, fotografías y en los propios jabones, se pueden ver en un fragmento del documental "La artefacta", que repasa su trayectoria y que exhibe por estos días en una de las salas del Centro Cultural Borges, en coincidencia con “Inverso”.

A lo largo del filme, la artista repasa otros de sus trabajos más provocadores, a veces impregnados de violencia, como la serie de “Peletería humana”, en la que confeccionó tapados, carteras, zapatos y hasta objetos que simulan estar realizados en piel humana y tetillas de hombre, gracias a los calcos de silicona que realizó la artista con pericia en su taller, y fue justamente la obra que adquirió el MoMA de Nueva York para su colección.
Pero también cuando se le ocurrió hacer obra con los animales que comemos, como los “Chanchobola”, una representación realista –un calco– de un cerdo compactado en una esfera, momificado en resina y aluminio. Por los problemas de conservación, Costantino tuvo que aprender a embalsamar y momificar para realizar sus obras por las que colocaba animales dentro de esferas para momificarlos en formol, glicerina y alcohol.

CRITERIOS DE BÚSQUEDA
A mediados de los 2000, Costantino realizó una celebrada serie de fotografías en las que encarnó personajes de algunas de las más reconocidas obras de la historia del arte –Antonio Berni, Man Ray, Richard Avedon–, hasta llegar a realizar su propia versión de “El jardín de las delicias”, de El Bosco.
De algún modo, la búsqueda de la belleza, de una belleza a veces extraña o atípica, ha estado siempre presente a lo largo de su trayectoria artística. Y la certeza de reinventarse o indagar en nuevos formatos y soportes.
Cuenta Nicola que durante su formación, pintar flores era la imagen de un arte sin compromiso. La cerámica, por ser tradicional, antes no se valoraba. “Siento que ya no creo en lo que creía. Estoy muy crítica con el arte contemporáneo. Y creo que las obras responden justamente al momento, a lo que yo necesito, y a lo que creo que necesita el mundo. Después de tantos años está muy bien que uno esté haciendo algo totalmente diferente”, asegura.

La exposición “Inverso” se puede visitar hasta el 28 de julio con entrada gratuita, en el segundo piso del Centro Cultural Borges, Viamonte 525, de miércoles a domingos de 14 a 20.

