Emilia Claudeville, en retrospectiva: "Uno construye su propia existencia casi como un relato"

Se alejó de la televisión para encontrar su propia esencia en el baile y la interpretación. A días de su debut en Reverso, una comedia dramática anclada en el metaverso, habla del cambio que realizó en su carrera y confiesa: “A los 34 años mis decisiones vienen desde otro lugar, pero no estoy enemistada con nada de lo que haya hecho”.

Iba a escribir que hace rato dejó de ser esa piba con réplicas certeras que sacudió el panelismo nacional. Pero no, porque Emilia Claudeville jamás dejó de ser nada, siguió sumando. Fue jefa de la danza y de la impro en Watt, dirigida por Leticia Mazur, actuó en las series Frágiles y Limbo, se destacó en 30 noches con mi ex y hoy forma parte de Reverso, una comedia dramática anclada en el metaverso que nos cuestiona cuándo la mentira es la verdad.

Matías Feldman, dramaturgo y director del título, es además la pareja de Emilia. Y en ese cruce donde la realidad y la ficción se superponen, surgen varias preguntas, algunas respuestas y un par de verdades.

Actriz, bailarina, modelo, hábil declarante, cinéfila, copropietaria de una apabullante biblioteca, Emilia siempre dice lo que piensa.

–Hay muchas parejas conformadas por actores pero, siendo actriz, ¿cómo es compartir la vida con un director?

–(Se ríe) A ver, nos tenemos que organizar. Para serte sincera, en este estudio donde estamos haciendo la entrevista tiene prioridad él, pero porque yo soy más inquieta. Para estudiar, para hablar por teléfono siempre necesito estar en movimiento, así que en casa se ordenaron naturalmente los espacios. No sé cómo es estar en pareja con un director pero sí cómo es estar en pareja con Feldman. Es bastante fantástico, la verdad, y también muy intenso. Es alguien que trabaja muchísimo, más que nadie que yo haya conocido antes. Se sienta y puede pasar horas y horas dándole a lo que está escribiendo, corrigiendo, revisando. En lo personal, es muy atractivo, siempre con su computadora, sus cuadernos, un hermoso bicho de escritorio.

–El asunto es que ahora, por primera vez, es tu director. ¿Eso hace todo más fácil o más difícil?

–Estar con él es muy motivador, hace seis años que estamos juntos y nos complementamos bien bonito siendo ambos muy freakies. Somos muy exigentes, esa característica la desplegamos en lugares distintos, pero a la vez siento que hablamos el mismo lenguaje. Reverso es el primer proyecto que nos reúne y pareciera que ya hubiéramos trabajado antes, esa es una linda sorpresa. Es una obra que juega con distintos universos y que ya desde los nombres de los personajes se aleja del costumbrismo, esa tradición muy del teatro argentino.

–Ahora que decís lo del costumbrismo, tan usado por comedias del circuito comercial, ¿te intriga pensar cómo va a reaccionar el público a una apuesta más compleja?

–Honestamente, es una incógnita. Estamos todos bastante intrigados con la respuesta que va a tener el público. Confiamos mucho en la inteligencia y en el humor que en las obras de Matías siempre son la pieza clave. El desafío es hacer humor sin ser chabacano o bobo y también proponer un contenido interesante sin ser pretencioso o solemne. Que la gente estalle de risa y a la vez el material sea exigente con los espectadores, no hay que subestimar al público. Desde lo personal re defiendo eso, nunca hay que dar de menos, algo comercial no tiene por qué ser obvio.

Como grupo estamos todos de acuerdo en eso, ponerle el cuerpo a un material de manera más accesible sin que por eso pierda capas de significación. Esperamos que la pasen bien pero también les exigimos a los espectadores, porque vale la pena vivir esa experiencia y salir del teatro con nuevas preguntas. No buscamos dar respuestas sino alimentar ese debate que se completa cuando comés la pizza después de la función.

–Vamos con el juego de las erre. "Reverso" remite al multiverso, al metaverso y al RE verso. Algunas vidas parecen desarrollarse más en la virtualidad de las redes que en la realidad. ¿Qué pensás de eso?

–Es muy personal lo que voy a decir, pero yo creo que la vida real está llena de ficción. No paramos de ficcionalizarnos, desde cómo mostramos nuestros vínculos a cómo nos vestimos o nos teñimos; uno construye su propia existencia casi como un relato. Siento que la virtualidad funciona tan bien porque uno puede alimentar su propio avatar, lo que pasa es que en la vida tus decisiones modifican todo y en el metaverso tenés la chance de generar un personaje de cero.

Sabemos que lo que compartimos en las redes no es tan así; quizás cuando estás en tu momento más oscuro hacés el posteo más luminoso para dialogar con eso que te está ocurriendo. A mí en lo personal me cuesta mucho la virtualidad: soy bailarina y actriz, todo lo que yo hago tiene que ver con el contacto. Y las redes me generan desgaste, me cuestan, pero estoy convencida de que lo que ocurre en la virtualidad me afecta en la realidad y lo que pasa en la vida repercute en el mundo de las redes.

–Me quedé con eso de que las decisiones que tomás afectan necesariamente todo. Vos eras una figura reconocida en la televisión y en un momento decidiste dejar ese lugar que tenías para actuar y bailar. ¿Eso requiere coraje y también tiene un costo?

–Yo creo que una va construyendo sobre todo lo que ha sido, es imposible para mí dejar de ser algo para pasar a ser otra, soy el cúmulo de un montón de cosas que me interesan y me conmueven. Cuando algo me deja de conmover, cuando dejo de hacerlo con verdad, ahí todo me dice: “Ya está, es hasta acá”.

En la televisión se me volvió imposible sostener algo en lo que yo ya no sentía que podía crecer, no quería seguir perpetuando un lugar en que internamente ya no estaba. Mi trabajo, mi formación, mis amigos, mis lecturas, todo estaba ocurriendo en otro lado. No quería doblegarme y ceder a ser un personaje de la tele por momentos muy alejado de mí. No reniego de esos años como panelista, soy quien soy también por eso. Me gusta la moda y también la actuación, miro la televisión y también quiero hacer teatro, soy la suma de muchas cosas. Cuando entré a la televisión tenía 23 años, ahora a los 34 mis decisiones vienen completamente desde otro lugar, pero no estoy enemistada con nada de lo que haya hecho.

¿Después de romperla en la tele es más difícil sentir que tenés que remarla en la industria audiovisual?

–La recontra vengo remando. A lo audiovisual todavía lo siento como algo nuevo. En cada oportunidad, por más que sea un papel chico, trato de que la experiencia me dé información. Porque pasa algo loco, yo tengo mucha formación como actriz pero en lo audiovisual se aprende filmando, la práctica te la da el rodaje, el proceso de casting, el formar parte de la producción. Hay algo en el cine y en las series que solo podés entrenar haciendo, ahí es donde la experiencia se completa.

Una frase que se repite mucho, sobre todo desde que están las plataformas, es “acá protagonizan siempre los mismos”. ¿Vot sí o vot no?

(Se ríe) La realidad es que acá, si no sos una figura reconocida, es muy difícil que te den un protagónico, no te llaman. Me parece que otros países tienen más esa costumbre de salir a buscar nuevas caras; acá siento que sigue esa idea de que necesitan dos nombres conocidos para encabezar, entonces indefectiblemente eso se vuelve más sesgado. Te deja solo chances para papeles secundarios, que son los que yo hago, agradezco y celebro, pero vivo deseando que llegue la oportunidad de embarcarme en un protagónico para poder desplegar otro potencial.

También está esa otra costumbre para protagonizar que es la de “las hijas y los hijos de”. Eso es complejo para mi generación. Entre los actores que estamos en los 30, hay muchos “hijos de”. Ojo, ¡algunos la rompen, eh! Pero te acota las posibilidades.

–Terminemos con una fantasía. Lograste ser la protagonista: definime formato y elenco, el papel es tuyo.

–Si tengo que soñar con algo, que sea con una película, amo el cine. ¡Pero qué difícil la pregunta! (Se ríe). Redoblo la apuesta y te digo: ¿por qué no hacer mi película? Me mando a dirigirla y obviamente me doy el protagónico. Llamo al elenco de Reverso, ¡qué dream team!

Fotos: Marcelo Pérez López

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