Elena Roger, en cuerpo y alma: "Es un momento para pensar nuevas maneras de vivir"
A punto de despedir otra exitosa temporada con su multipremiada interpretación de Piaf, la actriz y cantante argentina de mayor reconocimiento a nivel mundial reivindica el ser nacional y reflexiona sobre los temas que la interpelan: el compromiso con el entorno, la tarea de los artistas en tiempos de inteligencia artificial y los desafíos que marca la época.
Elena Roger alcanzó el reconocimiento internacional sin perder su esencia. Fue elegida por Andrew Lloyd Webber para interpretar el papel de Eva Perón en la ópera musical Evita en el reestreno de la obra en Londres en 2006 y en Nueva York en 2012 junto a Ricky Martin. También recibió el Premio Olivier, máximo mayor honor al que puede aspirar un actor en el Reino Unido, por su interpretación en Piaf, la obra que está protagonizando en Buenos Aires con sold out permanente.
Hoy, divide su tiempo entre el teatro, el cine y la televisión poniéndole el cuerpo a otros proyectos relacionados con la ecología. Mientras el mundo sigue girando, vuelve a recrear la voz de “El gorrión de París”, esta vez con el lanzamiento de una serie de singles que recorren el lado más luminoso de su vida. Una mirada sobre el mundo del espectáculo, los males que amenazan el planeta, la modernidad tecnológica y el valor de las acciones individuales. Todo dicho por una chica de Barracas.
–¿Es muy distinta tu vida cuando tenés la adrenalina del escenario?
–Este trabajo me hace sentir muy plena; y con este espectáculo vivo una fantasía todos los días. Cuando dejo el personaje me sigo conectando con otras cosas que me hacen feliz. Incluso como espectadora evito ver series de guerra, sé que esas cosas pasan, pero no quiero que estén en mi realidad, trato de generar cosas que me copen también dentro de mi cabeza.

–¿El arte ayuda a reciclar las emociones?
–Es una buena manera de pensarlo. En los últimos tiempos me puse a pensar en lo bueno de hacer arte. Es un logro que una persona pueda mantenerse desconectada de la pantalla del celular y que pueda fijar su mirada en un punto más lejano a la inmediatez tecnológica. En algunos casos puede reencontrarse con otros sentimientos, como la felicidad. Visto de ese modo, la labor del artista es muy importante.
–Les ponés el cuerpo y la voz a iniciativas vinculadas con la ecología y los derechos humanos, ¿cómo llevás esas ideas al escenario?
–Con respecto a la ecología, es un tema que empieza por uno; las luchas para mejorar el mundo empiezan por el individuo. En el teatro trato de generar conciencia sobre los residuos que se producen. En estos ámbitos lo que se nota mucho es la cantidad de basura que se genera. No estamos matando zorros, ni talando árboles pero sí generando mucho desperdicio.
Los sets de filmación son una desgracia; la cantidad de envases descartables que se utilizan durante un rodaje es escandalosa. No veo que se esté pensando en dejar la menor huella de carbono posible. Espero que a alguien le caiga la ficha, porque no puedo actuar y al mismo tiempo ponerme al servicio del reciclaje, tiene que haber una decisión desde las producciones. Y la pandemia complicó las cosas también en ese sentido. Por el riesgo de contagio era todo descartable.

–También sos invitada a ser parte de proyectos que alertan sobre la situación mundial.
–Participé del documental Agua, aire, tierra, fuego. Cartografía del conflicto ambiental, producido por Mundo U, la plataforma audiovisual del Consejo Interuniversitario Nacional que se filmó en una escuela agroecológica. También tuve una participación en Glaciares, huellas del tiempo, otro documental en el que una antropóloga, una artista plástica, un glaciólogo, guías y guardaparques describen al Glaciar Perito Moreno desde sus miradas particulares.
–¿El teatro le da una patada a la contaminación del individualismo?
–Es una ceremonia. También es cierto que últimamente vemos muchas cosas en soledad y perdemos la oportunidad de compartir experiencias con el otro. Y el teatro es un gran ritual que reúne todas las noches a 400 personas. Es una gran meditación, me da pena la gente que no apaga los celulares porque se están negando la posibilidad de ser parte de ese momento de comunión.
–¿Vivís como pensás?
–Cuando nos conocimos con Mariano [se refiere al actor, cantante y director de cine Mariano Torre] pensamos en hacer un proyecto: compramos una propiedad con dos PH y quisimos construir una casa. Y quisimos hacerlo cuidando la eficiencia, que no hicieran falta tanta climatización, ni luz, que pudiéramos reciclar el agua.
Habíamos visto El guerrero de la basura, el documental de Oliver Hodge donde se muestra cómo a principios de los 80 construía casas con desechos. Nosotros implementamos algunas de sus ideas en las paredes internas de la casa, que además están hechas con adobe, son paredes vivas. Estamos preparados para utilizar paneles solares, pero no es tan económico porque la energía que le podemos proveer al sistema no es bien pagada por las empresas de distribución.

–Las energías limpias también generan otros problemas.
–Sí, ¿qué hacer con las baterías en desuso? No vale la pena generar más polución. Es un momento para pensar nuevas maneras de vivir y en todo tiene que estar esa conciencia, hay que estar muy atentos para superar ciertas contradicciones. La alimentación tiene que ser lo más natural posible, pero no se trata necesariamente de ser vegetariano; la producción de granos también contamina por el uso de monocultivos que desgastan la tierra y agroquímicos.
Los veganos también incluyen una gran cantidad de alimentación procesada, la perfección no existe. Puedo dejar de consumir derivados de la megaminería o productos con agroquímicos en lo máximo posible, pero no puedo luchar directamente contra esas prácticas.
–Se dice que la inteligencia artificial afectará a la humanidad dramáticamente. ¿Temés que atente contra tu trabajo?
–Lo veo del mismo modo que con la ecología: no puedo luchar contra esas tendencias, puedo evitar consumirla y, sobre todo, no alimentar el miedo que genera porque hablar de eso también genera la realidad que vamos a tener. Otra posibilidad es tratar de no convertirme en un ser reemplazable. De todos modos seguirá habiendo gente que prefiera un disco antes que Spotify.
–¿Notás un individualismo exacerbado en la calle?
–Yo siento que el argentino se conecta con el otro. A veces salgo a la calle y de repente le hablo a alguien que no conozco, podemos tener muchos de esos momentos con un ser humano que no conocemos.

–Cuando salís del teatro te debe pasar.
–Sí, te cuentan desde dónde vinieron para verte y esas cosas. Hace unos días una señora me contó que su mamá le cantaba las canciones de Edith Piaf y terminamos llorando las dos, todos tenemos cosas en común.
–¿Momentos como esos nos definen como argentinos?
–Seguramente, el "sueño argentino" es ese: tomar mate, reunirse con amigos y comer un asado. Así vi que lo definió un estadounidense que sobrevivió al 11S y se radicó en la Argentina. Existe una idea equivocada de que los argentinos somos una porquería y yo creo que somos maravillosos como cualquier otro ser vivo. Tenemos muchas cosas bellas y mucha fuerza y mucha pasión. Nos quieren hacer creer que vivimos en la Argentina de los corruptos y la mayoría de la gente no lo es. Eso también depende de la iniciativa individual, hay que empezar a pensar y actuar de otra manera. Son las pequeñas acciones las que generan los grandes cambios.
Fotos: Ale Palacios
Estilismo: Florencia Cárdenas
Pelo: Guillermina Fernández
Agradecimientos: Ménage à Trois, Evangelina Bomparola, La Chica de los Stilettos, Teatro Liceo.
Prensa: Varas Otero

