Mariana Verón: "Mi desafío es tratar de medir con la misma vara a todos"
Texto: Noelia Tegli
Las redacciones, su hogar por más de quince años; las jornadas enteras en Casa Rosada aguardando por testimonios, su mini Lollapalooza; las cámaras, su desafío diario. Mariana Verón sabe que estas semanas fueron de las más álgidas de la historia política argentina, de esas en las que ser periodista tiene una doble responsabilidad: informar e intentar llevar calma a los hogares en momentos de incertidumbre.
–¡Qué desafío ser periodista de política en estos tiempos!
–Nuestra profesión está pasando por una crisis, en esta campaña quedó en evidencia. Pero no por una cuestión de opinión, porque, al contrario; defiendo que tengamos una posición, eso es válido y honesto. Somos ciudadanos votantes, ser deshonestos es mentirle a tu público con una información o dato. En las entrevistas se ve mucho cómo existe la doble vara, por eso mi desafío en Identidades es hacer contenido crítico, picante, tratar de medir con la misma vara a todos.

–Los debates presidenciales acá existen hace poco, pero como analista política habrás visto muchos de otros países, ¿te visualizaste alguna vez ocupando ese lugar?
–La verdad es que no, pero porque aún me sigo sorprendiendo de trabajar en la tele (se ríe). Sabía que el canal me había elegido como representante, pero no me imaginaba ahí. Fue una enorme prueba y me la tomé con muchísimo compromiso. La Justicia electoral, los candidatos y el público confiaron en los periodistas que eligieron para tal tarea y teníamos que honrarla, ya que cometer algún tipo de error podía perjudicar a alguno de los candidatos.
–En pocos minutos de charla ya quedó claro que podés desmitificar el famoso “a las mujeres no les interesa la política”.
–Eso es una pavada. Y no solo porque yo soy periodista, a mis amigas las escucho hablar y opinar de política desde siempre, es un prejuicio total. Por suerte poco a poco fue quedando atrás. Las redacciones en donde antes el lema era: “Los hombres para temas serios y las mujeres para sociedad y moda” fueron nivelando. En la radio y en la televisión no lo veo tan así, el rol de la mujer está ligado a un segundo lugar, no al de la conducción de programas políticos, por ejemplo.
–Incluso cuando se saca al aire a especialistas, la primera voz autorizada para hablar de temas puntuales es la de un hombre.
–Claro, y encima ya en la política eso no pasa porque hay un montón de mujeres, paridad de género en las listas, Congreso mitad y mitad, se aggiorna la política y no los medios.
–Me das el pie para mencionar otro mito que tiene que ver con la paridad de género y que seguramente también escuchaste: “Las personas llegan por sus aptitudes, no hace falta la ley de cupos”.
–Sí, lo escuché (resopla). De ninguna manera es real eso. Por ejemplo, ¿cuántos de nosotros tenemos una compañera de trabajo trans? Probablemente nadie, porque no las contratan. Además, ¿quién tiene el medidor de capacidades? ¿Las redes sociales y los seguidores?
Al debate de las capacidades, en la tele al menos, le sumás la exigencia de lo físico: “Sí, sos inteligente, pero mirá que tenés que tener el pelo divino, estar flaca, tener la piel bárbara…”. Las reglas del mercado de la belleza y juventud.

LAS CALLES SON NUESTRAS
–En los últimos años el feminismo puso sobre la mesa muchas de estas desigualdades, ¿creés que poner el cuerpo a las luchas marcó la diferencia?
–La movilización de las mujeres fue fundamental para muchísimas cosas, con la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo quedó bien claro. Y siempre pienso: “¿Cuándo van a salir los hombres a reclamar por sus derechos? ¿Se van a despertar con las licencias por paternidad? ¿No tienen como causa común la posibilidad de criar en igualdad a sus hijos? No por nosotras, sino por ellos. ¿No quieren jugar con sus hijos, hacerles una comida, bañarlos, estar en los primeros días?”.
–Las mujeres ya enseñamos cómo organizarse, ahora les toca a ellos.
–Hay una sociedad que les exige demasiado a los hombres, quizás a muchos les da hasta vergüenza, dirán: “¿Yo me voy a poner a la cabeza de una manifestación? ¿Yo voy a hacer una bandera?”. Estamos cruzados por esa cultura machista en la que ellos a la familia solo le tienen que aportar dinero, y que tiene que ser obtenido en un trabajo bien pago.
La licencia por paternidad es “el” reclamo en pos de la igualdad de género. Hay muchísimos estudios a nivel internacional que muestran que si una pareja tiene la misma edad, la misma experiencia laboral, misma formación académica, cuando la mujer decide ser madre, su ingreso empieza a bajar y el del hombre no solo sigue creciendo, sino que hasta aumentan las expectativas laborales, obteniendo con más años, mejores puestos.

–Por eso muchas veces las mujeres postergan, o incluso dejan atrás, el deseo de maternidad por saber que la carrera profesional no va a ser compatible, ¿esa disyuntiva estuvo en tu cabeza en el momento previo a decidir ser madre?
–Sí, obvio. Es que biológicamente tenés más posibilidades entre los 20 y los 30, cuando estás de acá para allá en los primeros trabajos, tal vez recién a los 25 le empezás a encontrar la vuelta a qué especializarte y hasta tenés la posibilidad de seguir formándote y con suerte a los 30 tenés el primer trabajo que realmente te gusta.
Con mi pareja [Gabriel Sued, también periodista político] teníamos muy claro el objetivo de ser padres, no importaba el método. Desde que nos conocimos más o menos ya habíamos hablado de la posibilidad de adoptar y así fue. Cuando ambos estuvimos listos, avanzamos.
–¿Cómo es tu experiencia combinando maternidad y trabajo?
–Haciendo espacios, diciendo que no a varias oportunidades. Al principio me pesó, pero después cuando Valen llegó a nuestras vidas, me quedó clarísimo que fue la mejor decisión. En mi caso, soy una privilegiada porque tengo un trabajo en relación de dependencia y todos mis derechos asegurados, pero para la mayoría de las mujeres argentinas es muy difícil la maternidad. En la ciudad más rica del país, las vacantes para los centros de primera infancia son muy escasas, las madres vuelven a trabajar puérperas, dejando a sus hijos a una vecina, abuela, tía, hermana.
–Otra vez esa red de apoyo de mujeres.
–Exactamente, porque si el papá está presente, está trabajando y tuvo solo dos días de licencia.
DEL DIARIO A LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS
–¿Cómo te llevás con las redes sociales? Instagram no es lo tuyo, ya en la bío decís que “te obligaron tus amigas”, ¿pero Twitter?
–Fui muy twittera y me curé (se ríe). Era muy desgastante, me llevaba tiempo, como si fuera un trabajo más y debía soportar mucha violencia. Creo que los odiadores están ganando la batalla en las redes sociales porque logran su cometido, que es correr de ese espacio a la información real. Vos por no recibir tantas agresiones y amenazas, dejás de brindar información y opinar. Y no es que ya no me enganche, es que me lo tomo light, eh. Me recontra engancho, pero tuve que decir: “Hasta acá”.

–¿Cómo viste el papel de las redes en estas elecciones?
–Muy dañino, me preocupó enormemente lo que pasó con la desinformación. Se terminó el rol mediatizado que antes teníamos los periodistas, que de alguna manera, te guste o no, se suponía que éramos un filtro. Las redes tienen espontaneidad, es verdad, pero no creo que sea la respuesta necesaria a una supuesta censura de los medios a ciertas temáticas.
Expusieron a una sociedad deshumanizada e individualista, donde se volvieron debate asuntos muy indiscutibles, como los derechos humanos. Esa división ya está arraigada y pensé que se había terminado hacía décadas.
–¿Y los streamings con debate y entretenimiento?
–¡Me encantan! Son lugares espectaculares, quisiera que tuvieran más apoyo, porque son espacios de laburo de muchos colegas que apuestan por lo autogestivo, por hacer contenido con pocos recursos, algo que lamentablemente escasea en el periodismo.
–¿Qué Argentina te gustaría estar analizando en unos años?
–Por la situación que estamos viviendo, diría una sociedad más humana, donde volvamos a los principios elementales y de derechos sociales. Por ejemplo, que las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo sigan emocionándonos cada vez que las veamos, que ese consenso vuelva a existir.
–¿Y qué Argentina te gustaría para Valen?
–Una Argentina igualitaria, en donde cada uno pueda ser libre y sentirse bien consigo mismo.
Fotos: Alejandro Calderone Caviglia

