Emmanuel Horvilleur: "No me considero un restorán de Palermo"

Tras la pandemia, el cantante escribió sus canciones más luminosas y las reunió en su último trabajo, Aqua di Emma, un álbum que representa como nunca la esencia de un artista pop que alcanzó la madurez tras años de buscar las melodías perfectas. En esta entrevista repasa ese recorrido, el tesoro de haber crecido rodeado de estrellas de rock, sus años de mayor exposición y este presente que define como “más tranquilo”.

“Refinado”. Así define Emmanuel Horvilleur a "Aqua di Emma", su séptimo álbum solista, que presentó en Obras a fines de septiembre. “Es pop, pero también confluye el funk y a la vez es más chill y más cool, palabras que tal vez están medio bastardeadas, pero no me considero un restorán de Palermo, así que en mi música están bien porque cool son Chet Baker y Miles Davis”, afirma sobre este nuevo trabajo que, sin dudas, tiene toda su impronta, pero al mismo tiempo está alineado con el sonido de las nuevas camadas de rock nacional.

–¿Cómo surgió el concepto de "Aqua di Emma"?

–Las vacaciones son inspiradoras, por más que sea un momento de ocio, muchas veces con la cabeza descansada surgen las ideas. El título salió jugando con mi novia, Evan [Evangelina Bourbon], en la playa. Nos sacamos una foto para Instagram en blanco y negro, con el pelo medio para atrás, que tenía un poco esa facha de publicidad de perfumes. Ella escribió “Aqua di bomb”, como si fuera “agua de bomba” y me gustó mucho el concepto de “aqua di” porque más allá del chiste de ese mundo onírico que te vende la publicidad, yo sentía que estaba bien llamar a este disco como si fuera mi propia fragancia. Y dentro de ella, quería que entre un mundo que busca la luz. Es un álbum positivo hecho en momentos muy oscuros de no saber qué iba a pasar con eso que estábamos viviendo.

Cuando yo agarro una guitarra es casi siempre para cambiarme el mood a mí. A veces me despierto y me pesa levantarme, como le debe pasar a muchos, entonces la música siempre oficia como una especie de bálsamo. Durante la pandemia esto que me pasa se potenció, en esos largos meses hubo una revalidación muy fuerte de la música y en mi caso fue un momento de mucha creatividad en el que la rutina consistía en estar en casa, despertarse, ordenar un poco, fumarse una pitadita y ponerse a escribir una letra o una música. Así salieron un montón de canciones de este disco y otras que verán la luz más adelante.

"Aqua di Emma es pop, pero también confluye el funk y a la vez es más chill y más cool, palabras que tal vez están medio bastardeadas, pero no me considero un restorán de Palermo, así que en mi música están bien porque cool son Chet Baker y Miles Davis"

–Es interesante cómo "Aqua di Emma" encaja a la perfección con la música actual, aunque sin dudas tiene todos los elementos que definen tu obra, ¿creés que estás inspirando a las nuevas generaciones o es que vos estás escuchando cosas nuevas?

Siento que las nuevas generaciones escuchan cosas que a mí me han gustado durante mucho tiempo. Quizás en 2005, cuando saqué Mordisco, estaba mucho más solo. Antes podía codearme con Gustavo Cerati, con mi hermano Lucas Martí, obviamente con Dante y en algún punto con Miranda! y Babasónicos. Ahora hay bastantes artistas que están en una búsqueda con los mismos ingredientes, pero cada uno con su propia manera de ver las cosas, así que tal vez haya un sonido influenciado por alguno de mis discos solistas, pero yo también puedo llegar a tomar un poco de esa música porque grabo con músicos que son parte de ella.

–¿En qué posición te sentís vos ahora con respecto a los músicos más jóvenes, teniendo en cuenta que creciste rodeado de artistas consagrados?

–No me pongo en una situación de maestro porque los pibes hoy tienen muchas herramientas musicales y yo los llamo porque me gusta nutrirme de ellos. Para mí, en la música siempre hay interacción, cuando era pendejo sentía muy natural el intercambio con otros músicos. Obviamente, si iba a la sala de Charly García y estaba zapando me daba un poco más de respeto, pero muchas veces me subí a tocar el bajo con él, con lo poco que sé tocar ese instrumento, y me divertía igual.

Si tenía una idea se la podía pasar a un tipo como Claudio Cardone, que es un tecladista gigante que tocó con Luis Alberto Spinetta. Siempre confié en mí y con 17 o 18 años si tenía una canción o un arreglo trataba de ir para adelante.

“Cuando yo agarro una guitarra es casi siempre para cambiarme el mood a mí. A veces me despierto y me pesa levantarme, como le debe pasar a muchos, entonces la música siempre oficia como una especie de bálsamo.”

–Pasaste mucho tiempo con la familia Spinetta, tu papá Eduardo Martí era músico y fotógrafo del rock. ¿Qué recuerdos tenés de tu infancia?

–La verdad es que fue bastante emocionante. Cuando con Dante empezamos a ir a la sala de ensayo, era una época bastante moderna –en el año 85 yo tenía 10 años–, donde se dejó de lado la crudeza de los 70 y aparecieron los teclados, entonces estaba lleno de perillas y de sonidos del futuro. Recuerdo ir a ver al Flaco al estudio Del Cielito o a la sala que tenía en Parque Leloir y me quedaba sentadito a un costado, viendo eso que me encantaba.

Está la idea de que si empezaste en la música de chico seguro que padeciste algún tipo de trastorno, pero se ve que me cuidaron porque la verdad es que para mí haber estado en contacto con esas escenas de la música de esa época, incluso cuando había muchos músicos reventados, fue inspirador.

–A pesar de que viviste el rock nacional de primera mano, cuando empezaste a hacer música con Illya Kuryaki and the Valderramas eligieron el estilo más vanguardista de ese momento, que era el hip hop. ¿Cómo fue que se inclinaron por ese lado?

–Creo que Michael Jackson y Prince cambiaron un poco las cosas. En ese momento había mucho break dance y ese sonido a nosotros nos gustaba. Con Dante hacíamos una radio y jugábamos escribiendo letras influenciadas por los cómics de la revista Fierro y las películas clase B de Karate, historias deformes como “El mono tremendo” y “El gordo rapado”.

Empezamos a mezclar todo eso y se fue conformando un mundo propio que nunca abandonamos y que con IKV se perfeccionó. El álbum Chaco es como el summum de eso. Se nos hizo natural saber que nosotros también podíamos crear, la primera vez que nos escucharon se deben haber cagado de risa, pero les gustó porque escribíamos re crudo.

“Lo que me encantaría es que inventen algo que permita escuchar canciones escritas desde el más allá y que cuenten cómo es.”

–En tu carrera solista se hacen evidentes otras influencias, quizás más cercanas a la música que escuchaste en tu niñez.

–Uno podría decir que hago un pop de manual, pero no lo es. Mi carrera solista arrancó un poco jugando a eso, pero lo fui mejorando y ahora es mi sello. En este momento siento que soy un melodista, pero influenciado por el R&B, el soul y el funk. Aqua di Emma me representa con todo y condensa la música que fui absorbiendo toda mi vida, como Steely Dan, Earth Wind & Fire, Spinetta, Soda Stereo y Los Abuelos de la Nada, pero obviamente pasada por un filtro, que soy yo.

Sin embargo, también fantaseo con hacer un disco de hip hop visceral al estilo de Fabrico cuero. Tal vez en algún momento lo haga porque me divierte, pero estoy en una industria que tiene sus tiempos. Quizás si le hiciera caso solamente a mi gusto y no me fijara en tantas otras cosas, posiblemente sacaría mucha más música y haría cosas mucho más raras que también habitan en mi cabeza.

–¿Qué pensás de la música creada por la inteligencia artificial?

–Puede ser que aparezcan cosas buenas, pero la verdad es que son tantas las cosas que tengo en el mundo real para consumir, que no me seduce en lo más mínimo. Estamos muy cerca de que salga un disco de The Beatles cantado y tocado por ellos con canciones que ninguno de sus integrantes compuso y que suene como la evolución del Álbum Blanco o Abbey Road. Lo que sí me encantaría es que inventen algo que permita escuchar canciones escritas desde el más allá y que cuenten cómo es.

“No extraño pelearme con los periodistas que hacían guardia en la puerta de mi casa. Creo que cuando hubo períodos de mayor ebullición traté de cuidarme y de que toda esa vorágine no me raspara demasiado.”

–Sos una estrella de rock desde muy chico, pasaste por momentos de mucha exposición y ahora se te nota con un perfil más bajo. ¿Estás contento con eso?

–Han sido etapas diferentes de la vida y me gusta este momento en el que nadie me rompe las bolas. La verdad es que no extraño pelearme con los periodistas que hacían guardia en la puerta de mi casa. Creo que cuando hubo períodos de mayor ebullición traté de cuidarme y de que toda esa vorágine no me raspara demasiado.

A veces la imagen de un músico se ve alimentada por esta especie de adornos, que son parte de un marketing del que no se habla pero que se siente. Ahora disfruto estar, entre muchas comillas, más tranquilo, pero cuando tengo que subirme a un escenario y brillar sigo en esa sintonía y me encanta que así sea.

Fotos: Aítor Fernández

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