Ángela Torres: "Hoy pongo mi deseo en una sola pasión, la música"

Entre la búsqueda de su identidad y un legado artístico insoslayable, la actriz y cantante que debutó en televisión a los siete años, hoy está decidida a encontrar una voz propia con la cual expresar un mundo interior aún en expansión.

Con el ADN artístico en sus venas, Ángela Torres supo desde muy pequeña que los reflectores eran lo suyo. Tras probar suerte en "Patito feo" y "Condicionados", dos ficciones que la posicionaron como un joven talento de la televisión, continuó transitando el arte desde la actuación hasta que, claro, la música comenzó a ocupar más tiempo en su vida.

La excusa de la charla con El Planeta Urbano es el estreno de la película uruguaya "Temas propios", de Guillermo Rocamora, en la que comparte escenas con su actual pareja, el actor y músico Franco Rizzaro, pero el diálogo va hacia otros lugares en donde abre su corazón y revela cuestiones a las que todos los días se enfrenta.

–Estás a full con la música y ahora estrenás esta propuesta en la que se unen, justamente, la actuación y la música. ¿Te gustaría que empezaran a surgir más este tipo de proyectos, como pasó también con "Días de gallos"?

–Siento que siempre a lo largo de mi vida tuve la oportunidad de mezclar mis dos pasiones en comedias musicales o en algún que otro proyecto que también tenía música, como "Esperanza mía" o "Simona". Por suerte siempre pude sacar mis ganas de cantar y si no, lo pedía; en "Solamente vos", con Adrián Suar, me acuerdo de que era tipo: “¿Puedo cantar en esta escena?” y él improvisaba y terminaba haciéndome cantar.

Siempre me las rebusqué y bueno, obviamente este proyecto me atrajo en particular por eso, porque a mi personaje le tocaba cantar mucho, además de que es un proyecto especial, con un montón de corazón, en el guion hay mucho de la vida de Guille, que es el director.

También fue re linda la experiencia de ir a Uruguay a trabajar, nunca lo había hecho, y había mucho tiempo para dedicarle a las escenas, para trabajar cada personaje, Guille sabía muy bien lo que quería y sabía pedirlo. Y viste que los uruguayos son tranquilos, se sentía mucho esa diferencia realmente.

–¿Te costó adaptarte?

–No, cuando entro en un lugar chill bajo mil cambios de una, a mí me pasa que a veces me canso de tanto acelere acá en la ciudad y agradezco mucho los espacios que son un poco más calmos porque para acelere ya estoy yo.

Esta peli la hicimos hace dos años, de hecho grabé "Más respeto que soy tu madre" y me fui a filmar esta película apenas terminé, son procesos que se cierran mucho tiempo después y ahora que estamos cerrando este lo siento un poco como el fin de una etapa más actoral en mi vida y también como el nacimiento de algo que para mí es muy importante hoy, que es direccionar mi deseo hacia una sola pasión: la música. Es especial esta película en todo sentido.

–Seguramente tu legado tenía que ver con las dos cosas, con la música y la actuación, pero ¿cuándo supiste que la música te iba más?

–Creo que la vida se fue armando muy inconsciente y mágicamente y lo re agradezco porque de verdad fue un flash; yo arranqué y me iban apareciendo los proyectos y se me fue armando. También le dediqué mucho trabajo y mucho tiempo, recuerdo épocas en las que trabajaba mucho y me pregunto cómo hacía, con 16 años tenía "Peter Pan", "Ana Frank", el "Bailando", grababa una tira... ¡todo en un mismo año! Hoy no daría abasto, ni en pedo, no sé cómo hacía.

Creo que es mi vida esto, es indiscutible, me ha salvado y es lo que más me da sentido: ser un ser humano, cantar y actuar. Actuar va a seguir siendo una pasión para mí, pero hace un tiempo me pasó que estaba grabando y dije: “Me estoy aburriendo”. Me empecé a ver esas mañas que criticaba de otros, tipo: “Tengo que esperar tres horas, qué embole”. Y cuando me vi no queriendo hacer eso dije: “Che, pará, esto lo hice toda mi vida porque lo disfrutaba, porque tengo el privilegio enorme de poder hacer algo que me encanta y si no me está encantando, quizás es momento de una distancia.”

–¿Y no te dio miedo?

–Me da, me da mucho miedo, obvio, pero bueno, hay que salir de los lugares cómodos. Porque yo siempre supe lo que quería, cuando era chiquita, con seis, siete años, me encerraba en mi cuarto a cantar y bailar frente al espejo toda la tarde.

Y haciendo terapia, que la verdad fue gran parte de conocerme, dije: “Che, quizás hay que direccionarse un poco más para allá por un tiempo” y en eso estoy. Hacer música es descubrirse mucho, conocerse mucho, porque son tus palabras, es tu proyecto, es confiar mucho, aprender a confiar en uno, empujarse a uno, porque vos te tenés que creer ese lugar que querés empezar para que los demás lo crean también. Así que estamos en ese proceso que es muy personal también, por eso había que dedicarle mucha energía de verdad.

CON VOZ PROPIA

–¿Qué cantabas frente al espejo, te acordás?

–Sí, de todo: mucho Fabiana Cantilo, la amaba a Fabiana siempre, le pedí a mi mamá ir a verla. Fuimos y me acuerdo una vez que mi mamá me llevó a saludarla, y para mí fue una locura, era Dios. Escuchaba mucho Raffaella Carrà, Amanda Miguel, me gustaban los clásicos argentinos de las mujeres.

–Esas canciones desgarradas, llorando.

–Sí, no sé por qué. Era gracioso porque tenía siete años y me gustaba cantar cosas muy pasionales. Y después, bueno, cosas más tipo "High School Musical", "Hanna Montana", "Casi ángeles" y toda esa cosa más adolescente, obviamente, también la atravesé, y Babasónicos, Babasónicos me encantaba.

–¿Cómo fue ir encontrando tu voz, tu sonido?

–Un proceso re personal y re intenso. Yo empecé a sacar música hace cuatro años y siento que en eso me voy reconociendo. Y también es re difícil porque uno está en constante transformación todo el tiempo, re difícil definirse en un lugar o de una manera siempre, encasillar algo, la música va cambiando también con uno; la música que hacía hace cuatro años quizás no es la música que hoy me interpela, pero lo que descubrí es que no me tengo que encasillar en ningún género, porque me voy dando cuenta con el tiempo que de verdad, genuinamente, me nace cantar muchas cosas, disfruto los géneros y en el estudio siento que soy buena escribiendo para varios géneros. Hace poco saqué una bachata y la disfruté y la amo, amo cantarla y jamás me imaginé cantando una bachata, y la escucho y suena a mí.

–O sea, ahora no te casás con ninguno de los géneros.

–No, hoy me voy descubriendo en cada uno y me doy cuenta de que mi personalidad es un poco así: una bachata romántica y un reggaeton nasty también. Soy las dos cosas, entonces, me voy permitiendo explorar sin ponerme paredes que no me dejen crecer.

–Recién mencionabas la terapia. Viste que en estos tiempos se está hablando mucho de salud mental, vos empezaste muy chica en una vorágine que para algunas personas tal vez es complicada, ¿cómo fue tu experiencia?

–En el momento para mí fue bárbaro, creo que me hizo bien y me salvó, yo tenía una situación en mi hogar bastante pesuti y la actuación, la música y mi trabajo un poco me salvaron y me hacían estar medio en Disney sin tener que revisar las cosas que en ese momento me dañaban.

Obviamente, llegó un momento en el que tuve que abrir los cajones y decir: “Hay que sacar la mierda de acá adentro, hay que trabajarla”. Eso habrá sido hace dos años, cuando hice terapia por primera vez, y me cambió la vida, literalmente. Así de simple, ahora pienso cómo hice tanto tiempo sola, sin hablar las cosas con alguien que me diera un consejo profesional.

También me pasó en un momento que mis amigos hablaban de mi personalidad en charlas cotidianas y yo decía: “¿Yo soy así?”, hasta que un día dije: “No sé bien quién soy, no tengo muy clara mi personalidad”, y es clave conocerse para poder trabajar lo malo, para poder mejorar, para un millón de cosas. Y bueno, arranqué terapia y fue un antes y un después para mí.

Fotos: gentileza Paula Aisenberg

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