Darío Grandinetti: "Protagonizar una película de Almodóvar me cambió la vida"

Hay intérpretes cuyo peso escénico les confiere una categoría estelar definitiva; es el caso de este rosarino que, con cuatro décadas de carrera y más de 50 películas, no necesita presentación. En esta charla habla del oficio, de los hijos y los miedos y también de sus personajes icónicos, aquellos que lo consagraron en el corazón del público y en la historia grande del cine contemporáneo.

Con un pie en la Argentina y el otro en España, Darío Grandinetti supo, desde hace tiempo, forjar una potente carrera en la que cada nuevo rol dialoga en sintonía con sus trabajos anteriores. Con la excusa del estreno de La residencia, película del brasileño Fernando Fraiha rodada en Ushuaia y coprotagonizada por Débora Falabella (conocida por sus roles en las telenovelas El clon y Avenida Brasil) y María Ucedo, El Planeta Urbano habló con Grandinetti sobre su personaje, un siniestro gurú que “ayuda” a escritores a encontrar la inspiración a fuerza de llevar al extremo sus vidas.

En medio de ese estreno y el de Empieza el baile, con Mercedes Morán, Jorge Marrale y Pastora Vega (su pareja desde hace seis años), bajo la dirección de Marina Seresesky, el intérprete repasa sus trabajos más emblemáticos y reflexiona sobre la importancia de cuidar a sus hijos, también actores, en su propio tránsito en la profesión.

–¿Cómo fue meterse en la piel de Holden, este maestro tan particular de La residencia?

–Divertido. Fue un viaje, la verdad. Debo decir también que las condiciones en las que filmamos eran muy parecidas a las de los personajes, que crearon ahí un clima. Pero, bueno, hubo todo un trabajo que hicimos con Fernando [Fraiha], tuvimos algunas charlas antes de encontrarnos en Ushuaia, donde trabajamos una semana antes de empezar a filmar y ensayamos bastante, algo que no es muy habitual en el cine.

También vimos bien el lugar donde íbamos a estar, donde transcurre casi toda la historia. Son instancias que facilitaron el trabajo. Estábamos todos juntos ahí, en el mismo lugar, y así pude jugar al delirio psicópata de este tipo, manipulando eso.

–Un delirio que da miedo. Las palabras que le dice a Ana, el personaje central, o cuando habla con los alumnos son escenas aterradoras, porque esto pasa: estas residencias, esta locura…

–Sí, sí, yo lo vengo diciendo. Es con matices, por supuesto, en este extremo es muy común ver gente que cae en manos de un supuesto gurú que te lleva a un lugar que no tiene nada que ver.

–Y además con esta idea que él postula, de que buscan su ayuda “porque no tienen el talento para brillar”.

–Sí, en los talleres sabemos que hay gente que piensa así, mucha, y que es peligroso. En este caso, son tipos ya grandes, pero la mayoría de estos talleres son para adolescentes o chicos muy jóvenes. Entonces es mayor el peligro que hay.

–Uno lo puede tomar como una fantasía pero es algo real y vos sos una persona comprometida, ¿qué sensación tuviste cuando supiste de cuestiones parecidas a lo que pasa en la película?

–Es horrible porque, insisto, sin llegar a este extremo, en nuestro trabajo los fundamentalismos y esta cosa de gurú existen. Siempre cuento lo mismo: yo tengo hijos actores que estudiaron, y cuando los mandé a estudiar me cuidé bien; la chiquita fue a la escuela de Julio Bocca, a la de Hugo Midón y después a la de Julio Chávez; Juan estuvo con Javier Daulte, con Julio Chávez; Laura también. Esa gente preparó a mis hijos. Así que en eso me cuidé, porque sí, en nuestro oficio uno juega con algo muy sensible, entonces eso no se le puede dar a manejar a cualquiera.

–Y hoy que ya están transitando la profesión, ¿qué ves?

Estoy muy orgulloso de mis hijos, porque se han preparado mucho, muy bien, con mucha seriedad. Obviamente que están muchísimo más preparados que yo. A la edad que tienen ellos yo no estaba preparado como están ellos ahora. Vi debutar a mis hijos y dije: “Mirá todo lo que saben estos pibes”. Yo no se los enseñé, ellos veían, me veían trabajar, pero yo no hablaba con ellos de la profesión en tanto ellos quisieran ser actores. Después sí empecé a hablar de algunas cosas, pero tampoco me escuchan tanto ni me preguntan tanto.

EN LA PIEL DEL GENERAL

El año pasado, el aniversario número 70 del fallecimiento de Eva Perón fue la ocasión para estrenar Santa Evita, adaptación televisiva del best seller de Tomás Eloy Martínez que en 1995 vendió diez millones de ejemplares. Producida por Salma Hayek, la miniserie constituyó una apuesta mayor en la ficción local, con más de 40 locaciones y la participación de 120 actores y actrices encabezados por Natalia Oreiro y Grandinetti en los roles de Evita y Perón.

–¿Cómo fue encarnar a Juan Domingo Perón?

–Primero me pareció un delirio, fue un disparate. Después empecé a ver de qué se trataba; había leído la novela, empecé a leerla otra vez y a refrescar alguna cosa, y luego a saber quiénes formaban parte del proyecto, y ya una vez que me decidí, dije: “Sí, vamos a disfrutar”, y me la pasé bien. Me decían “buen día, General”, “buenas tardes, General”. Lo pasé muy bien, me parece un personaje fantástico.

Santa Evita constituyó una apuesta mayor en la ficción local, con la participación de 120 actores y actrices encabezados por Natalia Oreiro y Grandinetti, en la piel de Evita y Perón.

–¿Habías imaginado en algún momento interpretarlo?

–No, pero como tantas cosas que hice que nunca imaginé. Tampoco me imaginé que iba a trabajar tanto como trabajé.

A RODAR LA VIDA

Desde que debutó en televisión, en 1980, la carrera del rosarino fue siempre in crescendo y rápidamente se perfiló como un primer actor. Cuatro décadas encarnando roles siempre diversos plasmados en programas de TV, en teatro y en más de 50 películas en la Argentina y en el exterior le han ganado el cariño del público así como importantes galardones, entre los que se destacan el Mejor Actor en los festivales de La Habana, de Biarritz y de Gramado por su papel en El lado oscuro del corazón y en el Festival de Cartagena por El día que murió el silencio; un Emmy Internacional por Televisión por la inclusión (2012), y un Condor de Plata por Rojo, entre otros.

–Te voy a preguntar por películas emblemáticas en las que estuviste y me decís lo primero que se te venga a la cabeza: "Darse cuenta".

–Es la primera película que hice, la que me puso en contacto con un elenco, con actores y actrices, una experiencia inolvidable para mí, importantísima. Yo ya había trabajado con Alejandro Doria en televisión, entonces hacer cine con él también fue un aprendizaje fantástico. La recuerdo a China Zorrilla echándome aliento en los pies, porque hacía mucho frío en el Hospital Muñiz, donde la rodamos, y yo estaba ahí medio en bolas, saliendo de una camilla. Fue una experiencia fantástica, sí.

"Esperando la carroza".

–Eso fue muy divertido. Pero nunca pensé en todo lo que iba a pasar.

–¿Qué se iba a convertir en un fenómeno de culto con miles y miles de fanáticos?

–No, nada. Del mismo modo que tampoco te imaginás que a una película no la va a ver ni Dios. Esos extremos uno nunca los imagina, pero, bueno, fue una experiencia bárbara también, con un superelenco. Igual yo fui un día nada más a filmar.

–¿Qué me podés decir de "El lado oscuro del corazón"?

–Ahí lo pasé muy bien porque jugábamos con la poesía. Entonces, si bien Eliseo Subiela no era un tipo muy serio ni muy formal, había elegido una forma de contar que nos ponía en un clima especial. Pero también la película tenía mucho humor y nos reíamos de eso. Después de eso, Eliseo pasó a ser un amigo y alguien muy importante en mi recorrido.

"Hable con ella".

–Probablemente sea de las mejores películas en las que trabajé, por lo que queríamos decir. Es mi mejor película. Además me cambió la vida, literalmente me cambió la vida: a partir de ahí empecé a trabajar afuera, a viajar... Pedro Almodóvar es como un ¡abracadabra!

–En "Relatos salvajes" tenés una escena clave. ¡Hay memes!, no sé si los viste.

–¡Y no solo memes! Durante mucho tiempo, cada vez que me subía a un avión... imaginate. Un día se ve que le habían avisado al comandante y el tipo se prendió a hacer el chiste, no sé, me decía: “No lo dejo entrar a la cabina”, y la gente explicándole que yo no era Pasternak, que era una víctima también.

Damián Szifrón es un caso serio, es fantástico y tiene unas ideas muy claras. No puedo creer que no haya vuelto a filmar, la verdad que lo lamento. Pero, bueno, creo que está por hacer, si no está filmando ya, la película de Los Simuladores, y es una alegría. Relatos salvajes fue de un éxito internacional tremendo y yo me alegro mucho porque la verdad es que se trabajó muy bien, fundamentalmente.

Fotos: Gentileza Star+ y JJ Hanss

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