Boy Olmi: "No trabajo para tener cientos de miles de seguidores"

Este artista que no requiere –ni quiere– definirse conduce, junto a Teté Coustarot, La hora exacta, el suceso que se consolidó en la franja más competitiva de la TV y ya supera las 400 emisiones. Para él, como para el programa, la clave del éxito parece estar en escapar de los clichés.

Dentro del mundo del espectáculo, Boy Olmi es una figura reconocida y reconocible por su afición al buen vivir en un sentido amplio y profundo; él disfruta y así se deja ver.

Enemigo de los rótulos, ha sabido replicar esa filosofía en su carrera llevando su expresión por caminos disímiles, distantes en apariencia, pero siempre con la impronta que lo distingue.

En esta charla, nos acompaña a desandar algunos de los más emocionantes.

–En "La hora exacta" conviven entrevistas, historia, concursos... ¿cómo lo describirías?

–Lo definiría como “miscelánico”, y creo que en ese sentido tiene una relación con algo propio de la vida misma: las cosas no son de una sola manera. Personalmente, trato de alejarme lo más posible de las definiciones tajantes en términos de estigmatizar una cosa para que no pueda calificarse de otro modo.

Boy Olmi conduce junto a Teté Coustarot, "La hora exacta", el programa de preguntas y respuestas de Canal 9 que sale de lunes a viernes a las 22 horas.

–¿No creés en los rótulos?

–Para nada. A veces me señalan que soy actor, director, comunicador, etcétera, como si uno no pudiera dedicarse a varias profesiones. Creo que todos hacemos muchas cosas y tomamos roles diversos.

En "La hora exacta", precisamente, se genera un espacio para que las cosas sean muy distintas según el día, el invitado y los participantes. Y mi rol se va adaptando a cada episodio, es un ejercicio de improvisación. Como en el teatro: hay tema, circunstancias y personajes, pero lo que ocurre puede ir en distintas direcciones.

Teté Coustarot y yo oficiamos de dueños de casa y la producción propicia los temas que serán los disparadores, pero no está escrito hacia dónde vamos. No hay un guion sino una serie de informaciones sobre los hechos históricos: cómo manejamos esa información es la parte más interesante.

Después está lo que le pasa al espectador cuando se da cuenta de que todos somos personas y que nos rigen las generales de la ley. No hay diferencias entre los seres humanos en ese plano de las cosas más profundas, y me gusta mucho resonar de esa manera con el espectador.

–¿Esa será la clave para haber superado las 400 emisiones?

–Es probable. Lo cierto es que tenemos un público muy fiel en una franja muy competitiva. Considero que se valora esa alternativa diferente en el contexto de los grandes tanques televisivos con los que compartimos el horario.

–¿Estás pendiente del rating y de las redes sociales?

–No. Las redes me agobian muchísimo. No trabajo para tener cientos de miles de seguidores; yo hago un uso de esa herramienta que me permite tener una cantidad no muy grande de seguidores, pero muy calificada.

En Instagram me ocupo de temas vinculados con mi emocionalidad, mi percepción y mi estado de alerta y puedo estar 20 días sin publicar, no me comunico en función de la repercusión que pudiera tener sino de lo que me está pasando en ese momento.

"Las redes me agobian muchísimo. No trabajo para tener cientos de miles de seguidores; yo hago un uso de esa herramienta que me permite tener una cantidad no muy grande de seguidores, pero muy calificada."

–¿Qué devolución recibís de esa interacción virtual?

–Lo que más me devuelven las redes sociales es la sensación de que nos estamos disociando del momento presente, intentando calmar la angustia y la ansiedad metafísica que los seres humanos tenemos observando una especie de vida idílica construida por los demás.

No hay nadie en las redes sociales que se muestre incómodo con lo que la misma red social provoca. Alguien muestra que ha muerto su perro y la gente se conmueve, pero a nadie se le ocurre preguntarle por qué lo muestra.

Yo creo que conspiramos entre todos publicando cosas para satisfacer nuestro ego y una ilusión de compartir una vida idílica. La verdad es que no hay contacto.

–¿No rescatás nada de la virtualidad?

–Las herramientas en sí mismas son fabulosas. El uso que les damos y el uso que les da el sistema en función de un rédito económico es sumamente peligroso.

–¿Cómo transcurriste la pandemia?

–La viví con el privilegio de tener una casa agradable y con una compañera fabulosa como Carola [Reyna]. Nos protegimos mucho de algo que fue un sacudón global. Nos enfrentamos a la muerte expandida en una sociedad a la que no le gusta recordar lo vulnerables que somos. Estuvimos frente a la pared en blanco de nuestras propias casas; no había escapatoria. Somos como los sobrevivientes de una guerra y quedamos marcados.

Hemos perdido mucha gente en el camino producto de la pandemia y de todo lo demás. Hemos generado una nueva conexión con las cosas, una nueva manera de vincularnos socialmente; cuesta más salir de las casas y reencontrarnos con las maneras que teníamos antes. Para mí no existe una nueva normalidad sino un tiempo presente.

"La relación con la naturaleza cumple un rol fundamental, y en la vida en las grandes ciudades se nos distrae mucho. Hago el ejercicio de entrar y salir porque no me gusta quedarme instalado en un lugar y sentirme obligado a permanecer."

–¿Descubrieron nuevas formas de relacionarse como pareja?

–Estoy con Carola desde hace prácticamente 30 años en los que venimos descubriendo cosas que tienen que ver, justamente, con ir viviendo el presente. Y así como hace diez años compartíamos un veraneo, una noticia triste o el desafío de atravesar una calle bajo la lluvia, esta vez nos tocó algo más complejo y doloroso y todavía estamos haciendo lo que podemos.

–¿Pudiste liberarte de la obligación de correr detrás de la zanahoria?

–Me pasa siempre. Todos nos preguntamos alguna vez por qué hacemos lo que hacemos. ¿Cuánto de lo que hacemos tiene que ver con nuestro deseo real y cuánto tiene que ver con mandatos? ¿Quién dice que tenemos que triunfar en algo?

La relación con la naturaleza cumple un rol fundamental, y en la vida en las grandes ciudades se nos distrae mucho. Hago el ejercicio de entrar y salir porque no me gusta quedarme instalado en un lugar y sentirme obligado a permanecer.

–Como cineasta dirigiste uno de los primeros videos de Soda Stereo.

–En 1988 dirigí un documental apócrifo que se llamó "The Man of the Week" junto con Luis María Hermida. Fue uno de los videos argentinos más premiados en los festivales, un punto de inflexión muy grande que me llevó a ser docente de la Fundación Universidad del Cine enseñando cosas que yo no había estudiado pero que sí había aprendido haciendo.

En medio de todo eso apareció Soda Stereo, banda con la que hice un documental sobre el proceso creativo de "Dynamo" pero sin maquillaje, sin vestuarios, sin peinado; quería estar con ellos en el estudio viendo cómo hacían un disco y fue una propuesta bastante original porque me hicieron partícipes de esa intimidad.

–También lo acompañaste a Quino en sus últimos tiempos.

–El último testimonio que quedó. Tuvimos algunos encuentros en Mendoza y fue increíble porque prácticamente ya no estaba en esta Tierra. Fueron momentos llenos de información y de silencio.

–Y dirigiste a China Zorrilla en su último film.

"Sangre del Pacífico". Ella estuvo acompañada por cuatro actores que no eran tan conocidos, pero que resultaban entrañables. No me gusta quedarme enganchado con lo que la gente está esperando.

–¿Tenés todo lo que necesitás, necesitás todo lo que tenés?

–En términos materiales no necesito todo lo que tengo. Arrastro muchas cosas de las que estaría bueno desprenderme; mi casa está llena de cosas de las que creo que me haría bien desprenderme.

En cuanto a si tengo todo lo que necesito... tengo un montón de cosas pero creo que las necesidades son mucho más esenciales, me gustaría tener menos contradicciones, menos miedo, incertidumbre.

–Si hubiera una emisión de "La hora exacta" dedicada a tu figura, ¿qué momentos quisieras que se recordaran?

–Hace unos años, en la Legislatura de la Ciudad me dieron el Premio a la Trayectoria Honorable. Armaron un video que intentaba resumir parte de mi carrera donde aparecían las cosas más extrañas. No aparecían los trabajos por los que me hice más conocido; estaban las entrevistas que le hice a Deepak Chopra y a Brian Weiss, imágenes de mi relación con Jane Goodall, que hoy tiene 88 años y es una de las líderes en la defensa de la Tierra (N. de la R.: Mensajera de la Paz de la ONU, pionera en el estudio de chimpancés, su instituto es reconocido mundialmente por crear programas innovadores de conservación y desarrollo en África).

"Hemos perdido mucha gente en el camino producto de la pandemia y de todo lo demás. Hemos generado una nueva conexión con las cosas, una nueva manera de vincularnos socialmente; cuesta más salir de las casas y reencontrarnos con las maneras que teníamos antes."

También aparece mi vida íntima vinculada con la mujer que tengo, con las mujeres que tuve, con el hijo que amo, con mi vida alejada de los centros urbanos cuando camino por una montaña o por una playa, a caballo, solo o acompañado.

Todo eso está, y entre todas esas cosas más las películas donde trabajé como actor, las películas que dirigí, el teatro y todo lo que me mueve a no quedarme enganchado con ninguna de esas cosas, estoy yo.

Fotos: Alejandro Calderone Caviglia

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