Josefina Scaglione, la actriz que brilló en Broadway y ahora apuesta por su carrera musical: "Sigo mi intuición"

La artista disfruta de su presente en la Argentina, donde protagoniza una de las obras clásicas del teatro musical, proyecta grabar su propio disco de canciones y atraviesa una maternidad que la hace vivir plena y libre.

Quien haya podido transitar 29 horas de trabajo de parto para que el nacimiento de su hijo sea en un contexto respetado, sin duda posee la fortaleza anímica y una convicción inquebrantable para armar su valija, decirle “bye” a Nueva York y regresar a su país natal después de haber tocado con su voz el cielo del teatro musical, desafiando toda mirada externa que vea en Broadway la consagración definitiva.

“Las canciones y el mundo de la música son una respuesta a esos planteos que hago de buscar volver a un lugar lúdico, sin límites, a un lugar desprejuiciado.”

Y eso Josefina Scaglione lo hizo con solo 22 años. Los 35 la encuentran habiendo pasado a la historia por ser la única actriz en interpretar tanto a Mina como a Lucy en Drácula. El musical, y con un hijo, Imanol, de 15 meses. También, proyectando grabar un disco y presentando su propia música, como lo hizo el pasado 27 de agosto en La Tangente.

“Estuvo tremendo, fue una explosión de música. Estoy muy contenta. Es un paso hacia afuera con una identidad que no muchos conocen, que tiene que ver con mi música. Yo soy instrumentista, compongo mis canciones, tanto letra como música, y las produzco. Fue muy excitante salir a compartirlo, que eso también sea parte del abanico que compone a mi artista.”

–En 2017 diste una charla TED en la que compartiste la mirada que tenías sobre las exigencias y el permitirte volver a disfrutar de eso que tanto te gusta, que a veces frente a la vorágine laboral, incluso la del éxito, se termina perdiendo. ¿Cuánto tuvo que ver todo eso con este camino?

Mucho. Estos caminos fueron la respuesta a eso también, fueron la reacción. Las canciones y el mundo de la música son, sin duda, una respuesta a esos planteos que hago en esa charla de buscar volver a un lugar lúdico, sin límites, a un lugar desprejuiciado. Si bien a mí se me conoce más que nada por el género del teatro musical, como cantante trabajé mi versatilidad vocal siempre, tanto técnica como interpretativamente. Y eso está volcado en mis canciones. Me pasa que se me termina de completar una cosa que aflora de mí, todo el bagaje vocal. Y el actoral, porque hay algo que puedo hacer con mis canciones que es jugar como jugaba de chica a salir de atrás de la cortina cantando tipo Britney. Ahora lo estoy haciendo con mis canciones, lo estoy haciendo muy en serio, ¡y es muy divertido! 

“Yo, fundamentalmente, decidí pegarme la vuelta porque me di cuenta de que estaba sosteniendo algo que no tenía más ganas de sostener, que era el deber ser.”

–Cuando viste Drácula por primera vez, cuando eras chica, ¿deseaste ser alguno de esos personajes?

–No lo recuerdo. Quedé obnubilada con la obra. Sí recuerdo que para mí fue un darme cuenta, un decir “che, yo quiero hacer esto”. Fue bisagra en ese sentido. Cuando me llama Pepe [Cibrián] para hacer a Mina en el 25º aniversario en el Astral, yo obviamente estaba encantada, de cajón quise hacerla. Pero cinco años después de eso me dijeron de hacer a Lucy en el Luna Park y dije “obvio, con el cuchillo entre los dientes salgo a hacerla”. En este momento, pospandemia, posparto, dame a Lucy (risas). ¡Es una catarsis espectacular! Es una sensación extraordinaria lo que pasa con ese personaje; y más allá de ese personaje, lo que pasó con mi vuelta al escenario posmaternidad. Hay algo que es… uffff, ¡estoy prendida fuego!

–¿Por qué creés que pasa eso?

–Mi vocación me prende fuego, eso me pasa. Si me gusta lo que estoy haciendo es una onda expansiva que me supera. Y creo que me pasa especialmente con Lucy porque es el personaje candente de la obra, la que viene a traer el caos. Y hay algo de ese precipitar el caos que a mí me encanta y que creo que tiene mucho que ver con el arte. En los procesos artísticos hay un momento de mucho caos que nos puede dar miedo. Pero con los años aprendí a abrazar ese momento de “descontrol”, porque de ahí salen cosas más interesantes. Al menos en mi experiencia ha sido muy enriquecedor atravesar el caos. 

–No se me ocurre caos más grande que tener un bebé de 15 meses.

–Claro. Pero hay algo del caos y de la desorganización inevitable que trae el hecho de tener un hijo, algo de ese patear el tablero, que a mí me hizo muy bien en lo personal y que agradezco mucho, y lo capitalizo y lo uso a mi favor, lo vuelco en mi día a día artístico. Hay algo de la maternidad, al menos en mi experiencia, que fue muy liberador porque dejé de pensar tanto en mí de la manera nociva, enroscada. Ahora es un “Jose, dale, ¿qué querés hacer?, ¿querés salir a tocar tus canciones? Bueno, nena, ¡dale!”. Basta de tanto rollo, porque ya no hay margen ni de energía ni de tiempo.

–Con relación a tu experiencia en Broadway, protagonizando West Side Story, tengo la sensación de que, por un lado, fue un trabajo que te llegó antes de tiempo y, por el otro, te puso en un lugar de que sí o sí tenías que seguir por ese camino, según la mirada del afuera, que volver a la Argentina de algún modo significaba un retroceso en tu carrera. ¿Qué tan equivocada es mi lectura?

–Obvio. Para el afuera, seguramente, pero el afuera es de palo y mi presente hace que todo eso se diluya porque yo estoy muy contenta y creo que es muy coherente mi presente con mis decisiones. ¿Qué vas a hacer, te vas a hacer cargo de lo que todo el mundo piensa, quiere o siente para tu vida? No, vas a hacer lo que vos sentís. Para mí lo importante era seguir mi intuición, lo que yo quería, y lo que yo quería me regala un presente muy hermoso artística y personalmente, así que no regrets at all, bien tomadas las decisiones.

“Hay algo del caos y de la desorganización inevitable que trae el hecho de tener un hijo, algo de ese patear el tablero, que a mí me hizo muy bien en lo personal y que agradezco mucho.”

–Pero existe la idea de que Hollywood siempre es la zanahoria que está adelante para un artista, de que esa es la consagración.

–Sí, eso es un bajón. La verdad es que yo tampoco les doy mucha pelota a esas cosas porque no suman en nada, no son ni una preocupación. Mi forma de contrarrestar eso es con la acción. Y el recorrido habla por uno, más de lo que uno pueda decir respecto a eso. Yo, fundamentalmente, decidí pegarme la vuelta porque me di cuenta de que estaba sosteniendo algo que no tenía más ganas de sostener, que era el deber ser. El “tengo que ir de acá a Hollywood”, simplificándolo. Había algo del tener que seguir sosteniendo el “éxito” ya adquirido que en un momento me empezó a pesar muchísimo. Tanto es así que después de terminar West Side Story estuve dos años más en Nueva York y trabajé en cine, hice otras experiencias, pero no terminaba de hacer pie ni allá ni acá. Y con mis 21, 22 años pude preguntarme qué me pasaba. Y cuando pude responderme eso –que me lo respondí como pude, ¿no?–, en ese momento la conciencia que tenía me bastó para tomar la decisión, armar mi bolsito y volver. Fue muy simple, me imaginé de vuelta en la Argentina, me invadió una sensación de alegría y dije “entonces es por ahí”. Porque a mí me pasa un poco así con las decisiones. Hay momentos de mucha intelectualización, de sopesar, evaluar y poner en la balanza. Y después hay algo que se reduce a qué es lo que me dice el pulso. No es que con esto estoy demonizando el “éxito” más vistoso, el de Broadway. Al contrario, lo celebro para quien lo elija y lo celebro para con mi recorrido. Y, obviamente, que está siempre latente, no es que digo “nunca más”. Al contrario, desde un nuevo lugar, mucho más aplomada, puedo embarcarme nuevamente en una aventura en el exterior, pero ya con otra conciencia, con otro recorrido y con otra calma.

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