La historia del 'Flaco' Gabrielli: el relator y periodista que se transformó en un exitoso bodeguero

Con los vinos de El Relator, él y su socio, el enólogo Pepe Reginato, lograron abrir un camino hecho de etiquetas muy bien elaboradas y de gran relación precio-calidad

“Quise retomar un tradición familiar que viene de mi abuelo, que es el que tuvo bodega; y se me despertó la idea de volver un poco a ese lugar que es donde nosotros nos criamos: los viñedos, los vinos. Una corazonada; pero bueno, la corazonada después funcionó bien”.

Fernando “El Flaco” Gabrielli tiene apenas 46 años pero parece haber vivido ya mil vidas. Ahora está hablando con El Planeta Urbano de la que habita desde 2013, cuando decidió tener su propia bodega luego de haber sido periodista de gráfica, relator de carreras de caballos y dueño de una agencia de prensa.

Oriundo de la ciudad de Mendoza, casado con Sol y padre de Valentino, de 8, y de Fran, de 5, se largó hace 9 años a la aventura de El Relator —aquella corazonada— junto con el prestigioso enólogo Pepe Reginato, y hoy la bodega tiene un lugar importante en el mapa vinícola argentino. Además, a fines del año pasado fue destacada por la Asociación de Ejecutivos de Mendoza (AEM) como Empresa del Sector Vitivinícola Boutique 2021.

“Tengo un registro muy vago de ir a la finca de mi abuelo. Él murió en 1982 y yo nací en 1976” —relata el Flaco— “La bodega era grande, pero toda la fortuna que él logró se dilapidó, no quedó un pedazo de tierra ni para sacar una foto, quedamos muy lejos de toda esa lujuria y toda esa guita. En Mendoza es bastante común tener vinculo con bodegas y con vino, siempre hay alguien en la familia o algún conocido”.

“Yo, además, acompañé a mi viejo al hipódromo desde muy chiquito. Después, al crecer uno se pone más reflexivo y ahí entendí que esas dos cosas que me habían inculcado mi viejo y mi abuelo, los caballos y el vino, eran de las que más me movilizaban en la vida. Me pregunté como podría hacer para unirlas. En el medio, digamos que por delirante y emprendedor, me puse a relatar las carreras de caballos, acá, en Mendoza, en 1994, con 17 años. Y eso, que empezó jugando, también se transformó en un modo y estilo de vida”.

"La primera idea era hacer unas 10 mil, 15 mil botellas anuales. Y el año pasado ya vendimos 92 mil litros, cerca de 110 mil botellas".


Multifacético y abarcador, el Flaco no solo sigue adelante con las tareas referidas arriba: además tiene un blog dedicado al turf, escribe una columna sobre ese deporte en el medio digital MDZ y hasta dirige la galería de arte que acompaña la propuesta de Casa Vigil, el enclave gastronómico/vinícola de su amigo, el enólogo Alejandro Vigil, en Chachingo. Su pasado incluye, además, 15 años (de 1999 a 2014) en el diario Los Andes como periodista de gráfica.

- ¿Y cómo llega la bodega?

- Jodiendo con Pablo, uno de los diseñadores de mi agencia de prensa, salió la imagen de las etiquetas, que representan las chaquetillas de los jockeys, y luego lo conté en una mesa donde había unos enólogos. Estaban el Ale Vigil y Pepe Reginato y uno me dijo: “Flaco, está buenísima la historia, yo lo haría”. Después me entusiasmé. Vos sabés que hacer un vino no es sencillo para nada. Y así, en 2013 empezamos a laburarlo. En 2015 salimos a venderlo y después han pasado una cadena de cosas positivas que ni soñando hubiese podido creer que iban a pasar”.

Mi socio en todo esto es Pepe, que es el enólogo, asesor tecnológico, mi amigo, todo en la empresa. El tiene un gran expertise, es uno de los grandes champañeros de la Argentina, un tipo que ha elaborado 1 millón de litros de espumante por año para 60 bodegas distintas. Cuando empezamos con esto me dijo ‘Flaco, ¿querés que te ayude, que te haga el vino o que lo hagamos en conjunto?’. Y pensé que teníamos que ir juntos”.

El primer vino de El relator fue un tempranillo, una preferencia del abuelo del Flaco, y también de Pepe. Vigil fue directo y premonitorio: “Va a ser importante en tu marca”, le dijo a Gabrielli. “Y así fue”, cuenta el Flaco, “Fuimos en 2013 a buscarlo a Pareditas, en Valle de Uco; además, Pepe tenía un Malbec en su finca de La Consulta; y entonces empezamos a trabajar sobre esos dos vinos, siempre en partidas muy pequeñitas. Finalmente, en octubre de 2015 logramos salir al mercado con un blend de Malbec y Tempranillo, un Malbec, un Sauvignon Blanc, un Cabernet Franc, un espumante extra brut de Chardonnay y Chenin y otro de Pinot Noir. Salimos con 7 etiquetas e hicimos mil botellas de cada una.

- Se largaron con todo

- ¡Sí! “¿Y ahora?”, pregunté, “Ahora hay que venderlo”, me dijo el Pepe. Y ahí me salí de la oficina y me puse a hacer esto que hago hoy: administrar, facturar, entregar, cobrar.  Al mes de eso le vendimos al shopping de acá 10 mil botellas de espumante para una promoción de fin de año. No fue un gran negocio pero lo bueno fue el efecto publicitario. Me acuerdo que me sacaba selfies con los carteles, no podía creer lo que nos estaba pasando. Y al otro mes mandamos e Sauvignon Blanc a un concurso de Mar del Plata y ganamos en nuestra categoría frente a un montón de marcas súper prestigiosas. Yo creo que fue el primer indicio de que algo estábamos haciendo bien.

La finca, las uvas y la alegría, el método Gabrielli en pleno.



- ¿Cuál era la idea que perseguían con sus propios vinos? ¿Qué estilo buscaban?

- Siempre hemos estado parados en la misma vereda, que es la de la no tanta concentración, vinos que tengan bajo alcohol, sin tanta madera; era una vereda que ya transitaban desde hacía mucho antes el Colo Sejanovich, el Ale, el Seba Zuccardi, los Michelini. Queríamos hacer vinos ligeros, fáciles. Los espumantes no, allí utilizamos al máximo el expertise del Pepe, y nos dio satisfacciones tremendas: el año siguiente, 2016, sacamos 93 puntos Parker con el Tapado, que es el de mayor puntaje logrado en ese ranking por un espumante en la Argentina. Un espumante que hasta hoy está en la carta de restaurantes más importantes de Latinoamérica, rompió un paradigma.

- ¿Cómo fue que la bodega empezó a crecer?

- Lo primero que hice fue armar una red de ventas grande. Entonces fuimos a Buenos Aires, Rosario, Córdoba, Misiones, Ushuaia, Calafate, San Juan, San Luis; y así todo fue creciendo, eran todos pequeños distribuidores que fueron laburando y creciendo a la par nuestra, La primera idea era hacer unas 10 mil, 15 mil botellas anuales. Y el año pasado ya vendimos 92 mil litros, cerca de 110 mil botellas. En el medio de eso, importaciones al Reino Unido (donde estamos trabajando hace ya tres años), Perú, y a fines del año pasado comenzamos con Brasil. Un espiral grandísimo. Pero siempre con la cabeza tranquila, sabemos que no vamos a ser una bodega gigante: lograr hacer 150 mil botellas por año es el gran anhelo. Entre el 85 y el 90% de nuestras ventas son en el mercado interno.

¿De dónde llega la uva para los vinos?

- El Pepe tiene dos fincas. La verdad que nos gusta mucho Tupungato, y lo que hemos hecho en este proceso, en busca de trazabilidad, es buscar productores. La idea para crecer y ser prolijo es tener estabilidad, y para tener estabilidad es necesario ir a siempre a un mismo lugar, ¿no? Por eso las bodegas grande son grandes: porque laburan siempre el mismo viñedo, saben cómo se cosecha. Es cien por ciento importante la relación y la cercanía con el productor. Nosotros sin esa uva no somos nada.

"Yo siempre digo que volví a nacer: me he encontrado en un stand en Nueva York, Miami o San Pablo vendiendo mis vinos, algo increíble”

- ¿Qué nivel de tecnología manejan en la elaboración?

- A nosotros nos gusta usar mucho tanques de acero inoxidable, pero Hermano Mayor por ejemplo, nuestra etiqueta ícono, es un vino que tiene 15 meses de barrica nueva. Porque también entiendo que en un vino de cierto valor el tipo que lo toma quiere sentir algo. Me parece que todos estamos en ese plan y todos entendimos que obviamente hay que pensar en el consumidor, que es el que hace que todo esto salga adelante.

- En ese sentido, ¿por qué creés que sus vinos tienen éxito?

- Tenemos desde siempre una buena relación precio/calidad. Y nos mantenemos enfocados en eso. No todos los días la gente está para tomar un vino caro y sí son muchas las oportunidades de beber con amigos, en un asado, algo más tranquilo. Después me parece que la historia y la imagen nos han ayudado mucho en el camino, vos ves los vinos en una góndola y las etiquetas resaltan; y después, el que profundiza un poquito encuentra que hay una relación cercana. Muchas veces en las ferias alguien viene al stand de degustación y me larga: “el tipo que hace este vino es relator de carreras”, y yo le digo: “soy yo” (risas)“. Es un dato que al que es amante del vino le gusta, una nota de color bonita, y me parece que eso nos ayuda siempre.

- ¿Cuántas etiquetas tienen hoy en el mercado?

- En el mercado argentino tenemos 14 vinos, y hay uno más que se llama El Crack del Año, que no está en la Argentina y solamente se exporta al Reino Unido, un espumante de Malbec, muy particular. Viste que no es usual hacer un espumante con esa cepa, pero Pepe tiene muy buena mano para eso. De esos 15 vinos, 8 son espumantes.

Pepe y el Flaco, un solo corazón (vinícola).

El hombre es una máquina de tirar datos. Cuenta que junto a Vigil organizan la feria de vinos Chachingo Wine Fair, que este año, además de la tradicional de Mendoza, con fechas en noviembre, tendrá lugar también en Rosario (agosto) y Mar del Plata (octubre). Y hasta es capaz de mandar un WhatsApp al otro día de la entrevista para recordar que los vinos tranquilos de El Relator se elaboran en Bodega del Tupun, y los espumantes en Bodega Reginato (la bodega de Pepe), donde también tienen su base operativa.

Después de sortear la tormenta de la pandemia (“Creímos que nos íbamos a fundir, como todos. Pero el crecimiento del consumo hogareño nos hizo vender muchísimo más vino del que teníamos pensado”), la vuelta al ruedo, más fuertes que nunca, ratificó el buen camino. Un trayecto que, a pesar del crecimiento, por ahora no incluye bodega propia. “Nos han pasado demasiadas cosas buenas”, afirma, “Pedir más sería una locura. Yo siempre digo que volví a nacer, estoy convencido de que a los 36 o 37 la vida me cambió para bien: me he encontrado en un stand en Nueva York, Miami o San Pablo vendiendo mis vinos, algo increíble”.

- ¿Cómo ves el momento actual del vino argentino?

- Es excepcional. Lo más bonito de todo, algo que digo siempre en las degustaciones, es que hoy vos te sentás y tenés una diversidad tremenda. Digo, Matías Michelini con un naranjo, o Mariano Di Paola con un gran Cabernet Sauvignon con 24 meses de barrica, todo está buenísimo y muy bien hecho. Y hay un montón de lideres detrás de esto, que son los mejores del mundo. Ellos van dejando la estela para chicos más jóvenes que quieren hacer las cosas bien. Vos pensá que toda la tecnología de precisión que se usa hoy no es tan vieja, es bastante nueva. Hay mucha gente laburando sobre eso y sobre las tendencias: veganos, orgánicos, naranjos, un abanico que se abrió y que finalmente tiene un mensaje: el vino es para todos.

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