Saramalacara convierte a Mataderos en el nuevo territorio del trap argentino
La artista lanzó Mataderos, un disco grabado en Los Ángeles donde transforma la nostalgia barrial en una estética sonora y visual propia.
Entre Los Ángeles y Mataderos hay miles de kilómetros de distancia. Pero para Saramalacara, ese trayecto fue justamente el que necesitaba recorrer para entender de dónde venía. Su nuevo disco, Mataderos, funciona como una especie de regreso emocional al barrio donde nació, creció y construyó una sensibilidad que hoy redefine parte del mapa del trap argentino contemporáneo.
Grabado durante 2025 en Los Ángeles y editado bajo Interscope Records, el álbum reúne a productores clave del universo Opium y del cloud rap global como F1lthy, Evilgiane, Lucian, Ojivolta y Dylan Brady. Sin embargo, detrás de ese despliegue internacional, el corazón del disco sigue estando en la frontera entre Capital y conurbano.
“Yo nací en Mataderos, siento que es como una personalidad completa nacer en Mataderos. Es un barrio que está muy entre el medio del conurbano y la capital”, cuenta la artista durante la entrevista. Y agrega: “Lo más firme para mí en ese momento era decir: voy a arraigarme a mi historia primogénita, a mi lugar”.

Ese movimiento hacia atrás aparece como respuesta a un presente acelerado. Después del impacto que generó Heráldica y de su consolidación dentro de la escena alternativa argentina, Sara sintió que el segundo disco debía romper con cualquier expectativa. “Sentí que el segundo álbum tenía que ser todo lo contrario. Tenía que poder hacer lo que quisiera”, explica.
La nostalgia atraviesa todo Mataderos: las letras, los beats y hasta las decisiones visuales. Pero lejos de presentarse como una melancolía estática, en Sara funciona como motor creativo. “La nostalgia siento que es un sentimiento bastante conectado con la angustia y yo siento que tengo mucho motor artístico desde ese lado”, reconoce.
Entre el under y el mainstream
El disco también expone una tensión constante entre dos mundos. Por un lado, el universo under, barrial y digital que moldeó su identidad. Por otro, la posibilidad de trabajar con productores que admiraba desde adolescente.
“Cuanto más te alejás de algo, más podés volver”, reflexiona sobre el proceso de haber grabado el disco en Los Ángeles. “Te aseguro que de Hollywood a Mataderos hay un montón de diferencias”.

Esa dualidad no solo aparece en la música. También atraviesa toda la narrativa visual del proyecto. Mientras muchas figuras de la escena apuestan por TikTok o Instagram, Saramalacara decidió volver a Facebook como principal canal de comunicación del álbum. La decisión, lejos de ser un gesto irónico, busca recuperar una forma más íntima y menos comercial de internet.
“Facebook es una red social que te permite escribir. Es muchísimo más personal y no tanto como perfil de artista”, explica. Y agrega: “No hicimos nada nuevo, simplemente migramos a la plataforma que usábamos antes”.
En Mataderos, internet aparece como territorio emocional tanto como el barrio. Sara entiende que gran parte de su carrera nació ahí: en foros, comunidades online y consumos digitales que le permitieron conectar con escenas de Estados Unidos mucho antes de firmar con Interscope.

La estética del álbum también profundiza ese imaginario híbrido entre lo vulnerable y lo agresivo. En las imágenes promocionales, la artista aparece rodeada de armas, una decisión que mezcla referencias al anime, el trap y su propia historia familiar.
“Mis abuelos tenían en Mataderos una armería”, revela. “Siempre me pareció una imagen muy cute una pibita con un arma o una ametralladora, como pasa mucho en el anime y el manga”.
El resultado es un disco que no intenta adaptarse a una lógica global, sino intervenirla desde una identidad profundamente local. Con 17 tracks nuevos y colaboraciones internacionales de peso, Mataderos consolida a Saramalacara como una de las artistas más singulares de la música argentina actual: una figura capaz de transformar la nostalgia, el barrio y el internet de comienzos de los 2000 en el lenguaje emocional del trap contemporáneo.

