Kevin Johansen: "El desafío no es convencer a los fieles, sino despertar al desprevenido"

La voz y el cuerpo de The Nada está por sacar su octavo disco de estudio, donde revisita sus propias canciones y de sus artistas favoritos, con invitados de lujo como Jorge Drexler, David Byrne, Rubén Rada y Natalia Lafourcade.

Kevin Johansen está ansioso por sacar su nuevo álbum. Ya dio a conocer dos adelantos –una versión electrónica y en inglés de “Anoche soñé contigo” con David Byrne y un cover de “Suzanne”, de Leonard Cohen, a dúo con Jorge Drexler– y espera a que llegue mayo para que el público pueda escuchar su nuevo desafío, el de reinterpretar canciones de otros y también propias, acompañado de invitados de lujo.

En charla exclusiva para El Planeta Urbano, el líder de The Nada, que ya acumula un repertorio lo suficientemente grande como para apelar al revisionismo, devela los secretos de este nuevo trabajo, donde bajo la producción de Juan Campodónico (miembro de Bajofondo y productor de Drexler y El Cuarteto de Nos, entre otros) asumió nuevos riesgos sin salir demasiado de su zona de confort.

–¿Cómo fue la selección de canciones para este nuevo disco de versiones y reversiones?

–Fue Juan Campodónico el que seleccionó los temas, tanto los míos como los covers. Grabé “A Little Respect”, de Erasure, con cuerdas, máquinas y una guitarra sola; “Perfect Day”, de Lou Reed, en zamba –a la Los Chalchaleros–, y una versión de “Heaven”, de Talking Heads, en castellano y en el estilo de Alfredo Zitarrosa, bien dominguera. También traduje al español “Oração ao Tempo”, de Caetano Veloso, que canto acompañado de mi hija Miranda, y con Rubén Rada hice “El Tungue Lé”, de Eduardo Mateo. ¡Qué tipo lindo el Negro! Qué lindo cuando descubrís la verdadera humildad de los grandes.

–¿Cómo fue trabajar con Juan Campodónico en la producción?

–Con Juan nos encontramos en ese gusto que él tiene por la mezcla de modernidad de máquinas con tracción a sangre. Yo la verdad es que no tengo tanta presencia de lo electrónico, pero a él le dije que quería que se sintiera en su zona de confort porque yo creo que cuando uno está cómodo es cuando salen las ideas. Cuando tengo un vinito y estoy en mi living con mi guitarra es cuando encuentro algo que me toca y subsiguientemente puede llegar a movilizar a otra persona. Otra cosa que me atrajo de él es su impronta folklórica, porque él también tiene dos culturas. Pasó su adolescencia en México por el exilio de sus padres, que dejaron Uruguay perseguidos por la dictadura. Y ahí también hubo como un encuentro. Los dos tuvimos una infancia gringa, pero a la vez yo soy muy argento y él es muy uruguayo. Nos manejamos dentro de un terreno conocido, el inglés, el portugués, el castellano, y en esa impronta generacional que nos marcó, como la música brasileña, la mexicana, el rock sudaca, pero también el folklore. Yo soy más del folk yanqui porque mi vieja escuchaba mucho a Joan Baez y a Cat Stevens, pero también a Violeta Parra y a Víctor Heredia. Estoy muy influenciado por ese sonido, que está presente en este disco, y creo que ese carril por el que andamos con Juan coincidió de una manera muy natural. Estuvo bueno el ejercicio de ir cada dos o tres meses a Montevideo. Iba en buque, caminaba media hora hasta el estudio por la rambla y volvía. Esta vez hubo un trabajo más colaborativo y fui más permeable a las sugerencias del productor. Él traía a la mesa algo diferente a lo que yo venía haciendo y creo que el álbum refleja ese encuentro de gente con ética y perfiles estéticos parecidos.

–La elección de Campodónico como productor parece absolutamente natural.

–Juan viene de Bajofondo, y una de las primeras personas que me llamaron en 2000, cuando volví a la Argentina, fue Gustavo Santaolalla, que me felicitó por mi primer disco. Javier Casalla, violinista de Bajofondo, fue parte de las primeras formaciones de The Nada y participó en discos como Sur o no sur y City Zen. Además, Alejandro Terán grabó las cuerdas en algunas canciones de este nuevo álbum. Juan se siente cómodo con él porque hizo arreglos para su grupo, y además formó parte de mi primera banda, Instrucción Cívica, así que es un hermanito de la vida.

–¿Cómo surgieron los invitados?

–La elección fue muy orgánica y también tuvo que ver con la zona de confort. Jorge Drexler es un hermano del alma, generacional, y de esa cruza de ser moderno pero tener un alma retro. Con él anduvimos tocando temas propios y ajenos que nos gustan del cancionero trilingüe imaginario que manejamos. Uno de esos era “Suzanne”, de Leonard Cohen, al que Campodónico le puso el toque de candombe electrónico. Al principio, tanto a mí como a Jorge nos resultaba medio rápido. Y él, como buen productor, nos dijo “bánquensela, no voy a bajar el tempo” (risas). Tuvo muy buena acogida esta versión, creo que por esa mezcla de atrevimiento pero con respeto, pero también sin respeto. Un cover está bien logrado cuando vos le ponés tu impronta, cuando lográs ese equilibrio de honrar al maestro pero dándole una vuelta de tuerca propia.

–¿Cómo es darle una vuelta más a algo que en su momento pensaste que era lo mejor que podías hacer?

–Es reescribir un poco la historia. Creo que los cancionistas siempre estamos en una negación con el tiempo, queremos ser atemporales, infinitos, y negamos la mortalidad. El sueño de un compositor es que la canción dure, que diga lo mismo en veinte, cincuenta o cien años. Es interesante cómo hacés para convertir en nueva una canción que ya existe, pero a la vez una buena canción siempre es nueva. También tiene que ver con redescubrir algo que no habíamos visto antes. Con todas las canciones del disco me pasó eso. El desafío no es convencer a los fieles, que ya están convencidos, sino despertar al desprevenido. Cuando entramos a grabar, con Juan decíamos que en realidad es una la canción que tiene que hacer algo de ruido y abra el camino a las otras que están ahí esperando.

–¿Y en este álbum cuál es?

–Me parece que va a ser linda la competencia. Tener a alguien como el ex líder de Talking Heads, David Byrne, dándole la puerta de entrada al disco es muy importante. Él también me dio su bendición para versionar “Heaven”, que tiene una frase demoledora como “El cielo es un lugar donde nunca pasa nada”, está todo el tiempo igual, no es tan lindo, es rutinario. Esa idea de la letra es brillante. 

–¿Cómo fue trabajar con Byrne en la grabación de “Last Night I Was Dreaming With You”?

–Yo soy muy pudoroso con mis ídolos. No me animaba a escribirle, así que le pedí a mi manager y a Juan que lo hicieran porque me daba vergüenza. El primer e-mail que él manda decía: “20 canciones de Kevin que me gustaron”. No podía creer que este tipo estaba diciendo que le gustaban veinte temas míos. Ahí empecé a pensar en “Anoche soñé contigo”, que siempre la cantaba en inglés en el living de casa, diciéndome que algún día la iba a traducir, y ese momento llegó. Le dije a David que se sintiera cómodo y corrigiera lo que quisiera, y le hizo dos o tres retoques muy acertados. Además, se dio el hecho fortuito de que yo iba en septiembre del año pasado a tocar a Nueva York en The Mercury Lounge y me dijo que me iba a ir a ver. Ese mismo día grabábamos en un estudio de la Calle 37 y nos sentimos tan cómodos que le propuse cantarla en vivo.

–¿Qué otras canciones tuyas vamos a encontrar reversionadas en este nuevo álbum?

–Juan Campodónico se copó con “Down With My Baby”, mi entrada al mainstream, a la que le puso máquinas en serio. Lo que funciona con la computadora está buenísimo mientras sea real y creíble. También hay una versión flamenca de “Desde que te perdí”, con Josemi Carmona y Javier Colina, dos grandes de la música española. Natalia Lafourcade canta “Tú ve”, que ella eligió, para mi asombro y beneplácito. Es una de las letras mías que más me gustan, una suerte de manifiesto del amor. Me encantó que quisiera grabarla. “Tú ve” es una ilusión óptica de juego de palabras porque en realidad es “vos andá”, “voy pa’ allá”, dice la letra. Después pensé en el hecho de que en realidad las canciones también se van. Una vez creadas, son del aire, de quien las quiera agarrar. Por eso lo elegí como potencial título del disco.

Fotos: gentileza Sony Music

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