Joaquín Levinton, la vida y la noche de un verdadero rockstar: "Se disfruta volver a estar ahí arriba"

Luego de su gloriosa performance en MasterChef, el enfant terrible del rock vernáculo vuelve a estar en el centro de la escena y disfruta de un presente con nuevos proyectos y desafíos, mientras aguarda por la salida del próximo disco de Turf.

Irreverente, desfachatado, pícaro y tierno. Así tendría que explicar la Wikipedia quién es Joaquín Levinton, el último bastión de una especie casi en extinción, criada en los albores de la infamia de la década del 90, signada por los excesos incontrolables del “1 a 1” y del bochinche de los recintos porteños, que esperaban, fulgurosos, la llegada del nuevo milenio.

En esa quimera criolla, entre gatos y ratones, asomaba Turf, el experimento de unos púberes Levinton y Leandro Lopatín, que, con aires rolingas y looks del britpop, estaban dispuestos a tragarse el mundo de un mordisco. Y así fue: la banda ya lleva más de 25 años girando, sus temas se cantan en la cancha y su frontman, ese Iggy Pop del barrio de Belgrano, atravesó todas las turbulencias posibles para poder contar hoy, a sus 47 años, cómo es la vida (y la noche) de un verdadero rockstar.

–Con todo esto que pasó con el éxito de MasterChef, ¿sentís que arranca una nueva etapa tanto en tu vida como en la de Turf?

–No sé si es una nueva etapa, pero sí es un regreso a un público muy popular, de una variedad de edades y lugares inimaginables. A los shows de Turf se les sumaron un montón de pibes y pibas que vienen acompañados de sus padres, de gente que no tiene nada que ver con el palo. Y a mí por la calle me pasa lo mismo: me piden fotos desde chicos de nueve años hasta señoras de 60, encantadas y fascinadas por mi manera de ser. Me dicen que se divirtieron mucho y que no conocían esa faceta mía, que se aleja un poco de lo que es el rock.

–En cierto modo volviste, y Turf también, a estar en el centro de la escena. 

–A Turf le pasó algo muy poco frecuente en la historia del rock argentino: tuvimos éxito y fama en muy muy poco tiempo; apenas un par de discos y un puñado de shows. Fue todo muy vertiginoso, ¡y todos con menos de 23 años! Hasta llegamos a tocar con los Stones. ¡Tremendovich! Hoy en día, obviamente que no es lo mismo. Pero se disfruta volver a estar ahí arriba, ser noticia por cosas buenas, que la gente esté pendiente de lo que hacés y que venga a los shows.

“No soy de esos que dicen ‘ya está, no me drogo nunca más’, pero sí digo que hoy no ocupan un lugar central en mi vida.”

–¿Y cómo te encuentra a vos personalmente este nuevo redescubrimiento?

–Mucho mejor que antes. Bah, en realidad no sé qué es ser mejor o peor, pero sí que estoy mucho más tranquilo, más organizado. Estoy más asentado en mi forma de ser y no tan revoltoso.

–El punto justo donde hay que frenar.

–No lo sé. Más que a mí, a los chicos les conviene que yo esté más organizado. En aquella época, casi 30 años atrás, yo sentía que estaba haciendo también lo mejor posible. Eran otros tiempos, otro Joaquín. Ahora hay cosas que sí las tengo más claras: puedo decir que las drogas o la noche no ocupan un lugar tan importante en mi vida. Me cansé de encontrarme con la misma gente de siempre, en los mismos lugares de siempre. Pero ojo, no soy de esos que dicen “ya está, no me drogo nunca más”, pero sí digo que hoy no ocupan un lugar central en mi vida.

–¿Y con qué llenás ese espacio ahora?

–Principalmente, con afectos, mis amigos, mi familia y los proyectos que se originaron a partir del revuelo de MasterChef. Después de muchos años volví a hacer radio, que es algo que me fascina. 

–¿Qué te gusta del aire?

–Todo. Me encanta hacer radio porque me pone en un lugar distinto; en vez de ser siempre yo el entrevistado, el que cuenta sus anécdotas, etcétera, me nutro con las vivencias y experiencias de alguien que admiro. Un intercambio de roles maravilloso. Me gusta también porque en Tremendovich (martes y jueves, a las 18, por FM 107.5) vamos alternando, con Lula Rosenthal, entre figuras clásicas y artistas de la nueva generación para que puedan mostrar su música, se promocionen. Hace poco vino Dillom, por ejemplo, fue una locura. El pendejo es un fenómeno, disfruté mucho hablar con él porque tiene mil cosas para decir y, en cierto modo, vi en él cosas parecidas a lo que me pasaba a mí cuando recién arrancaba. 

–¿Cómo qué?

–La efervescencia, la irreverencia, la desfachatez. El descontrol bajo control. La experiencia con todo: la juventud y la adolescencia. Y, sobre todo, el amor por la música.

“A los shows de Turf ahora se les sumaron un montón de pibes y pibas que vienen acompañados de sus padres, de gente que no tiene nada que ver con el palo del rock.”

Dentro del derrotero de álbumes claves para entender el rizoma de una banda que por momentos se sumerge en las aguas más oscuras y profundas (Para mí, para vos, 2004) o se baila en el trencito de un casamiento (Turfshow, 2001, claro), Turf sorprendió a mediados de 2017 con la salida de Odisea, el disco que juntó los mil pedazos de un grupo que desde hacía diez años aparentaba estallado, roto, a la deriva.

“En este tiempo que estuvimos separados no nos vimos nunca. Cada tanto nos encontrábamos en algún recital, pero nunca hablábamos sobre el tema. Yo me dediqué por completo a Sponsors, la banda que había formado después de Turf, y los chicos lo mismo con sus respectivos grupos. Hubo una saturación. Los grupos de rock son como una pareja, y la convivencia nos había desgastado”, reveló Levinton en una entrevista con El Planeta Urbano, a pocos días del lanzamiento de Odisea.

Allí, Turf volvió a ser Turf, el regreso de un convoy de cuarentones re cagados a palos por los atajos de la vida, pero con el viejo fuego intacto, incandescente, la misma llama que ahora los mantiene unidos y que, además de calentar los shows que ya tienen confirmados por Córdoba y Rosario, ilumina el camino hacia un nuevo álbum de estudio.

–¿Con qué disco nos vamos a encontrar?

–Tengo la sensación de que va a ser uno de los mejores discos de Turf. Estamos haciendo cosas que nos entusiasman mucho, con nuestro ADN como bandera. Experimentar, explorar nuevos ritmos, pero sobre todo divertirnos. El álbum tiene un sonido nuevo, lo produjo Ezequiel Araujo, un crack. Y suponemos que va a estar disponible para principios de mayo. Va a coincidir con la gira por Latinoamérica y Europa. Son buenos tiempos, el viento, otra vez, está soplando a nuestro favor.

“A Turf le pasó algo muy poco frecuente en la historia del rock argentino: tuvimos éxito y fama en muy muy poco tiempo.”

–Imagino que las giras ya no son las mismas que hace 15 o 20 años. ¿Cómo se preparan cada vez que arranca la seguidilla de shows?

–Como podemos (risas). Sin duda que los años pesan y no es lo mismo salir de gira a los 45 que a los 20 o a los 30. Pero todas se disfrutan por igual, de diferentes maneras. Me gusta mucho el vivo, estar ahí con la gente. Hace poco estuvimos en el Cosquín Rock, la primera vivencia fuerte después de la pandemia. Fue impresionante. Compartimos fecha con Wos y, claro, pensamos que todo el mundo iba a estar ahí. Vinieron, no te jodo, ¡40 mil personas! Fue una fiesta, estaban los “turferos” de siempre y miles y miles de pibes y pibas que nos veían por primera vez. Fue una sensación hermosa y calculo que en el Quilmes Rock (el 30 de abril y 1º de mayo en Tecnópolis) va a ser igual. Qué bueno, ¿no?, que haya vuelto un festival tan importante para los argentinos.

–La verdad que sí, ¿y te entusiasma la vuelta también de programas de televisión que tienen a la música como verdadera protagonista?

–Sí, un montón. El año pasado estuve en Los mammones, el programa de Jey Mammón, y me pareció una locura. Y la semana pasada me invitaron a Puente musical, un ciclo hermoso que pasan por Canal 9. Me pareció excelente la puesta en escena del programa, tiene una calidad de sonido y técnica muy pocas veces vista en el país. Desde acá, lo celebro.

Fotos: Guido Adler

Dirección de producción: Gimena Bugallo

Coordinación general: Camila Mariani

Make up: @mhmakeeup

Realizador audiovisual: Chanas Scigliotti

Agradecimientos: @companiadesombreros

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