Mariana Michi: sonidos programados

Después de ganar la Bienal de Arte Joven con su álbum debut, Cayó el valiente, la cantante y compositora puso manos a la obra y lanzó su segundo disco de estudio, un trabajo digital que hace foco en lo artesanal e invita al movimiento.

“Cuando la inspiración llegue, que me encuentre trabajando.” La frase atribuida al artista Pablo Picasso podría emparentarse con el devenir musical de Mariana Michi. Su casa se cuela a través del ojo de la videollamada durante la charla con El Planeta Urbano, y a ella se la ve rodeada de instrumentos musicales: un teclado Casiotone, que era de su abuela, se luce a un costado; guitarras y ukeleles cuelgan de las paredes. “Me gusta hacer muchas cosas, soy muy inquieta. Disfruto de la variedad y la novedad, me aburro muy fácil”, afirma, y se confiesa muy workaholic.

Sin embargo, algo empezó a cambiar con el aislamiento estricto por la pandemia en 2020: “Esto de ‘como hago lo que me gusta, la productividad en mi casa es algo positivo’, la pindonga. La productividad es una fucking trampa”.

En oposición a la máxima de Picasso, esta joven música, productora y multiinstrumentista entendió que necesitaba poner un freno para continuar creando. Así nacieron La paz obligada, una película/recital que es, más bien, una propuesta artística multimedia, e Hijo de campeones, su flamante segundo disco. Cayó el valiente (2018), su debut solista, ganó la Bienal de Arte Joven en 2019.

Mariana Michi se confiesa workaholic y asegura: "Disfruto de la variedad y la novedad, me aburro muy fácil"

Michi está siempre en movimiento. El presente la encuentra cantando en una orquesta atípica de tango, produciendo discos (en 2022 se lanzan dos: de Sofía Terán y de Sofía Malagrino), grabando con Miau Trío y tocando con Ocho, banda musical de Juan Belvis. Sus más recientes canciones también invitan a un mood más bailable. Temas como “New Age” se embeben de sonoridades por momentos andinas o afroamericanas, atravesadas por un tamiz electrónico de loops y sintes. Otros, como “Enero”, proponen momentos más funkadélicos y Motown. Algo había adelantado en “Ruidos programados”, canción que abre su disco anterior, aunque confiesa que fue el único tema que produjo. “Decidí ponerlo al principio, como advirtiendo cómo continuaría el disco.”

–Acabás de lanzar tu segundo disco, Hijo de campeones. ¿Cómo surgió?

–Se encendió de repente. Después de Cayó el valiente estuve como un año y medio sin componer nada que me motivara. En diciembre de 2019 fue como si se hubiese abierto una canilla. Empecé grabando “New Age” en casa. En realidad, era una canción un poco vieja que reapareció. Había nacido de la guitarra, era otro flash. Estaba en un día medio difícil, tomé algunas ideas de ahí y empecé a componerlo desde cero en la compu. Eso abrió el camino de lo que sería el audio del disco. La mayor parte de las canciones nacieron de la experimentación con la compu, con el Ableton Live, con sintes o programaciones que iba armando. Improvisaba encima o sampleaba algún audio y lo loopeaba. Todo se dio de una manera más digital.

"Me tomo muy en serio lo que me pasa con la música. Para mí es un espacio real de proceso, entendimiento y diversión"

–¿El encierro de la cuarentena te ayudó a la hora de componer?

–En ese momento tenía mucho tiempo y mucho miedo, pero estar componiendo el disco me ayudó a atravesar la situación de la mejor manera, estaba muy metida en eso. Pude dedicarme a pleno a estar sentada en modo laboratorio trece horas laburando un tema, probando cosas. Fue un trabajo digital pero, al mismo tiempo, muy artesanal. No laburé nunca con loops hechos, cada nota fue puesta desde mi lugar. Después fui incluyendo a amigos y amigas en el proceso pero con indicaciones precisas, como Rocío Alí, por ejemplo, que es muy groovera y talentosa, a quien le pedí un bajo súper-funky para “Enero”. Todo desde el aislamiento, trabajando mediante Zoom y WeTransfer; me mandaban cosas y las iba editando.

–¿Escuchabas la música que sonaba en ese momento mientras componías?

–Cuando estoy haciendo mi música me sirve no escuchar tanto lo que está pasando alrededor, para quitarme cualquier tipo de ansiedad de lo que debería hacer o de cómo debería sonar y poder ser lo más honesta conmigo misma. Me tomo muy en serio lo que me pasa con la música. Para mí es un espacio real de proceso, entendimiento y diversión. Si lo cargo de “todo lo que debería hacer para estar en un lugar”, me va a deprimir (se ríe).

"La mayor parte de las canciones nacieron de la experimentación con la compu, con el Ableton Live, con sintes o programaciones"

–¿Cómo vivís el rol de productora?

–Me encanta esto de desentrañar hacia dónde va, cómo sacar lo mejor y organizarlo. Miro para atrás y siento que todo lo que hice era para este lado. Lucy Patané hizo que me diera cuenta de eso. En Cayó el valiente fuimos cinco productores, y ella me dijo: “Estás produciendo productores para hacer este trabajo”. Fue una re movida laburar con tanta gente que hace cosas distintas, tiene gustos distintos y tratar de generar una obra que tenga una unidad. Empecé a entender qué era producir cuando comencé a hacer discos.

–Este álbum invita al movimiento.

–Tenía ganas de hacer algo menos solemne. Si bien cuando escuchás las letras de las canciones podés decir: “Acá hay dramones, hay intensidad”, la consigna principal de este disco fue hacer la música que yo quiero escuchar. A mí me encanta el baile, me encanta moverme, lo que vibra y suena fuerte. La psicodelia en el sonido me parece una de las mejores cosas de la vida. Tenía ganas de que todo eso sucediera y por eso tiene una máscara más lúdica.

La música, productora y multiinstrumentista descree de la productividad: "Es una fucking trampa"

–En 2020 hiciste La paz obligada, una película/recital/disco que puede leerse como un proyecto multidisciplinario. ¿Nació a partir de la cuarentena?

–No sé si eso me estimuló a producir, sino que las dos primeras semanas descansé a full y tuve la cantidad de ocio necesaria para después poder crear algo. Fue interesante poder frenar y repensar hacia dónde ir. Nació porque me estaban invitando a ser productiva durante esos días de mierda. Me invitaban a hacer vivos de Instagram que se escuchaban muy mal y me pregunté: “¿Por qué estoy haciendo esto así?”. Ahí dije: “Si voy a tocar de esta manera, voy a armarlo con la gente que elija, se va a escuchar y ver bien”. Esas eran las premisas.

–¿Cómo surgió el nombre?

–Siempre viví en Saavedra, y la General Paz era como un límite. Me vino la idea de la General Paz, la paz general, en esos días de tanto silencio. En ese juego de palabras apareció La paz obligada, porque estábamos obligados a hacerlo. Además, me parecía gracioso y a la vez triste, porque la paz no se puede obligar. La idea del show fue conectarme con gente con la que no podía encontrarme pero que estaba con sus agendas desocupadas por la paz obligada (se ríe). Así se sumaron Loli Molina, Julieta Venegas, Rocío Alí y Juana, de Churupaca, entre otras.

Tras ganar la Bienal de Arte Joven con su álbum debut, Cayó el valiente, regresa con Hijo de campeones

–Cantaste en Astor x Nosotras, homenaje de mujeres a Piazzolla. ¿Cómo te atravesó el crecimiento del feminismo en tu rol de música?

–Obviamente, lo celebro, me encanta que haya más espacios que nos incluyan. El otro día conocí a Amelita Baltar, una mujer muy poderosa, con mucho carácter, y pensé: “Claro, es así porque tuvo que estar a los codazos”. Muchas mujeres en el arte fueron muy maltratadas; estoy cansada de eso. Me encantó juntarnos entre todas para el homenaje a Piazzolla, fue un plantel de muchas mujeres trabajando de una manera increíble, con una onda y un amor totales, que lo naturalizo porque lo vivo así. Pero cuando la conocí a Amelita y hablamos de sus anécdotas, caí en que esto que está pasando ahora es gracias a que un montón de minas hicieron un montón de cosas. Todavía no terminó esto. Tenemos que seguir luchando entre todxs para que no haga falta un cupo sino que realmente se escuchen nuestras voces, porque merecen ser escuchadas. Estoy muy agradecida de estar viviendo este presente y, a la vez, muy enojada porque creo que debería ser cada vez mejor.

–A partir de la reflexión en 2020, ¿cambiaste tu manera de entender la música, el trabajo y el ocio?

–Me lo estoy tomando de otra manera, sin duda. Estoy trabajando mucho pero, a diferencia de otros años, en cosas que me gustan mucho en serio. Y dije que no un montón. Fue un año de elegir mucho y siento que elegí bien. Estoy contenta, la última decisión de presentar el disco en 2022 está haciendo que no esté estresada en este fin de año.

"Algo de la pandemia me enseñó que nada es tan importante y que nadie me corre, menos trabajando en la independencia"

–¿Cómo será el pasaje al vivo?

–Estoy trabajando en ese proceso ahora. Igual tengo la mejor banda del planeta: Pedro Bulgakov en batería, Paco Leiva en guitarra, Sofía Malagrino en octapad y Rodri Monte en bajo. Son unos musicazos. Tengo ganas de ampliarla un poquito para poder tocar todos los arreglos del disco. Mi idea es que sea un alto concierto, y lo va a ser. Algo de la pandemia me enseñó que nada es tan importante y que nadie me corre, menos trabajando en la independencia. Entonces preferí que escucharan el disco, lo disfrutaran, le dieran tiempo, y el año que viene lo bailamos como locxs.

Fotos: Nora Lezano.

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