De actriz y presidenta del centro de estudiantes en la escuela pública a cantante pop. El Saldías Polo Cultural le abrió las puertas para lanzar su álbum debut y ya se prepara para darle vida a su segundo disco solista.


Malena Villa se mueve como si estuviera en su casa. Enrolla un pucho, se cambia de ropa y busca la llave de su sala de ensayo. No sabe quién la tiene, pero tampoco le preocupa. Estamos en el Saldías Polo Cultural, el espacio que nuclea a los mejores músicos de la época. De fondo, suenan platillos y guitarras eléctricas, y eso confirma que todo funciona con normalidad. Malena se cuelga del cuello una Gretsch White Falcon, se calza unas botas blancas en punta y mira fijo a la lente de la cámara. De pronto, flash.

A diferencia de la pandemia, la artista de 25 años no parece ser amiga de las pausas. En junio del año pasado, cuando el mundo estaba frenado, le dio vida a su primer álbum, y hoy ya volvió al estudio para bocetar sus nuevos temas. “Estoy en el proceso creativo del segundo disco, que va a tener dos partes. Una, más colaborativa, con cuatro o cinco feats con otros músicos y canciones más modernas, y la otra, con un concepto totalmente diferente, un sonido más experimental, más triste, de sintes, de piano, mucho coder, una cosa más flashera”, le confiesa a El Planeta Urbano después de posar para otra foto.

Si bien participó de una de las ficciones más exitosas de 2018 (100 días para enamorarse) y de El ángel, la película de la que habló el mundo entero, su carrera dio un giro inesperado (o no tanto) en el último tiempo. Fue el actor y cantante Lorenzo Ferro quien la inspiró a debutar en la música, tras invitarla a colaborar en su disco Re$friado. “Él me abrió las puertas de este mundo, pude ver de cerca cómo escribía sus letras, cómo componía, y me di cuenta de que yo también podía hacerlo, me animé”, dice Malena, ahora sentada en un sillón del Saldías, lugar al que Toto Ferro la llevó por primera vez.

La decisión definitiva llegó después de que se cayera un proyecto cinematográfico enorme de Warner Bros. “Iba a hacer un personaje en la película Suicide Squad 2, estuve a punto de quedar y me dijeron que no. En ese momento me re decepcioné con la actuación y me di cuenta de que siempre dependés del llamado de otro. Como música, me puedo sentar a trabajar en mis propias ideas.” Así fue cómo finalmente nació La negación, su disco debut, con ocho canciones pop que la posicionaron en la escena independiente argentina y le dieron la oportunidad de vivir varias primeras experiencias. En lo que va de 2021, ya tocó en vivo ante más de 600 personas en el Hipódromo de Palermo, agotó entradas en los microacústicos de La Rural y estuvo presente en el line-up del Festival Buena Vibra. Aunque tampoco se olvida de sus viejas pasiones y en junio planea empezar a grabar la película Matadero, que la tendrá como protagonista. Malena no tiene tiempo para quedarse quieta. Tras cuatro horas de producción, prende el cigarro y sigue diciendo.

–“No es así”, “Sabe mal”, “Sad balada”, “Lindos problemas”. Los nombres de tus temas van en sintonía con el título del disco. ¿A qué se debe?

–Cuando cerré la escritura, me di cuenta de que había una energía un poco negativa en la palabra, que decía que no todo el tiempo. Entonces, dije: ¿qué me está pasando? Inconscientemente hablando, digo. Y ahí fue que desarrollé el concepto de la negación, entendí de qué hablaban las letras y qué estado emocional estaba atravesando cuando escribí todas esas canciones. Me di cuenta de que estaba en un proceso de negación.

¿Pudiste identificar qué estabas negando?

–Por supuesto. No en ese momento, pero después de terminar el disco, dije: “Okey, estaba hablando de todo esto en mis canciones porque no lo decía en la vida real”. Hablaba mucho de la ansiedad, de un montón de cosas más personales, pero sobre todo de una separación. Estaba en pareja en ese momento y no estaba pensando en separarme, ¿entendés? Había algo de mí que se estaba expresando en las letras, pero en la práctica estaba negando, era algo que estaba escribiendo inconscientemente.

¿Terminaste el proceso creativo y te separaste?

–Sí, re fuerte. Mi cabeza estaba escribiendo cosas que me quería decir a mí misma. Ese es el proceso medio inconsciente de escribir.

Para el nuevo disco pensás convocar a varios artistas. Definitivamente hoy la música es más colaborativa, ¿no?

–Sí, re. Creo que hay algo de la globalización, una conexión entre la gente que ahora se da mucho más. También el público es más amable con eso. Viste que antes con las bandas de rock tenías que elegir: si te gustaba Divididos no te gustaba Pappo o no te gustaba Cerati. Había cierta rivalidad entre las bandas y el universo musical. Eso se fue aplacando con el paso del tiempo, y hoy si a mí me va bien y a vos te va bien, hacemos un tema juntos y nos va bien a los dos. Me parece que es algo muy generacional, de esta época.

¿Qué me podés decir de esta nueva camada de artistas?

–Hay una cosa muy grande de comunidad, como lo que pasa en el Saldías. Yo empezaba a hacer mi música, y Lucas, que gestiona el espacio, me invitó a ensayar acá. En este lugar nos conocemos entre todos, nos cruzamos de sala, compartimos espacio, entonces se da una unión. Ahora también se pusieron muy de moda los festivales, donde tocan muchas bandas en una misma fecha. En el indie, en la música independiente, en el trap, se armó una comunidad muy linda.

–¿Es más difícil meterse en la escena del rock?

–Para mí siempre fue mucho más conservadora la escena del rock. En nuestro país, durante mucho tiempo, fue rock y punto, si no hacías rock, ¿qué estabas haciendo? No podías estar tocando. Hoy creo que se abrió mucho el género. No sé cuáles serían las bandas de rock de ahora. ¿Bandalos Chinos es rock and roll? Quizás un poco sí, pero no tiene nada que ver con una banda de rock vieja. Creo que el rock se ha ido transformando.

Muchos chicos del trap arrancaron haciendo música en sus casas, con una compu del plan Conectar. Pasó con Duki, con L-Gante, con Ysy A… Antes eso era impensado.

–Sí, cuando no existía el universo digital, grabar un disco físico era carísimo, necesitabas sí o sí una editorial, un sello discográfico. Hoy cualquier pibe con una compu puede hacer música y subirla a Spotify, se abrió esa posibilidad, por eso aparecieron productores tan gigantes como Bizarrap. En la misma compu en la que juegan a los jueguitos, laburan. Hay gente a la que no le gusta mucho, a mí me parece bárbaro. Lo de antes era una cosa cargada de privilegios o suerte.

–Hablás de privilegios y no puedo evitar pensar que fuiste presidenta del centro de estudiantes de tu colegio.

–Sí, del Normal 1. En esos años, 2011, 2012, se vivía un clima de mucha militancia de los jóvenes, sobre todo en los colegios públicos. Yo estaba metida hasta la maceta y era chica, tenía 15. Después me pasó que me fue frustrando mucho esa energía que manejaba la política, todo el tiempo discutiendo, haciéndote valer, fue muy intenso para mí ese año.

–¿Qué te llevó a ocupar ese rol?

–Yo militaba mucho, y además, por el hecho de ser actriz, creo que tenía una oratoria interesante. Era muy combativa, me divertía hablar en asambleas donde estaba todo el colegio. He tenido reuniones con el ministro de Educación de la Ciudad de ese momento, Esteban Bullrich.

–¿Y qué causas militabas?

–En esa época, los colegios eran un desastre a nivel infraestructura. El aborto, por ejemplo, era un tema que recién empezaba a estar en agenda. Me acuerdo de que la mayoría de mis compañeros militantes, muy conscientes de la realidad, estaban en contra. Era un tema muy difícil, había muchas pibas militando por eso y era algo que se veía como muy lejano. Qué loco que ahora sea ley.

–¿Te hubiese gustado dedicarte a la política?

–No, fue algo que me atravesó en el secundario y lo viví a pleno. La política es lidiar, discutir, debatir, y hagas lo que hagas siempre alguien te va a tirar mierda, es muy fuerte eso. Es como vivir todo el tiempo en esas discusiones de Facebook, te demanda mucha energía.

–Una vez dijiste que te sentías identificada con Ofelia Fernández. ¿En qué sentido?

–Ofe es más chica que yo, pero la llegué a conocer y vi cómo militaba. En ese momento ella era actriz también, entonces me identificaba con esa situación. Se lo dije alguna vez que nos cruzamos, siento mucha empatía con ella. De adolescentes éramos muy parecidas, y ella decidió meterse a fondo en la política.

–¿En qué lugar te encuentra parada la militancia hoy?

–No milito de lleno como antes, pero obviamente la política y el pensamiento crítico son parte de mi vida. Es imposible quedarse afuera de la realidad, más teniendo un pasado como el mío; es imposible arrancarte eso de la piel. En ese sentido, la escuela pública es impresionante. Hasta la gente que no se involucra vive rodeada en ese contexto. Es muy importante la educación política en la secundaria. Estoy muy agradecida a la escuela pública.


Producción: Gimena Bugallo y Camila Mariani
Styling: Tati Gacio, Melanie Santander y Nicolás Taiano
Make up: Enzo Haro para Juicy Makeup
Pelo: Bárbara Rex para Estudio Olivera con productos Schwarzkopf Professional
Agradecimientos: Aloud- Saldías Polo Cultural @saldiaspolocultural