A través del análisis de datos, el francés Alex Boccara y el belga Gaspard Hambückers se anticipan a las tendencias de consumo y crean marcas gastronómicas de alta calidad que despachan sus productos en menos de siete minutos.


Cuando el francés Alex Boccara y el belga Gaspard Hambückers se conocieron en Buenos Aires no creyeron que podrían revolucionar la forma de comer en la Argentina. Pero eso hicieron cuando fundaron Kitchenita, una empresa de food tech dedicada a crear marcas de comida exclusivas para el delivery. Todo empezó cuando Boccara estudió el mercado y notó que plataformas como Rappi o PedidosYa estaban invirtiendo mucho dinero en adquirir nuevos clientes. Pero, al mismo tiempo, los restaurantes tenían una oferta dedicada exclusivamente al offline y los productos no estaban preparados para viajar y llegar en condiciones. “Si querías comer una pizza, te llegaba fría, en una hora, con el queso de un solo lado y el packaging todo aceitoso. Eso hacía que no compraras nuevamente por delivery, pero igual la plataforma ya había gastado mucho dinero en vos. De esta forma, el negocio nunca era rentable para nadie”, explica Hambückers del otro lado del teléfono. Con esa información entre manos, los europeos se asociaron y emprendieron su negocio. Uno dispuesto a generar propuestas gastronómicas de alto nivel, con platos adaptados al delivery y que en menos de 20 minutos lleguen a la puerta del cliente.

“Parte de lo que queremos hacer es democratizar el acceso a un producto gastronómico de alta calidad, hecho por un chef reconocido, por delivery. Por eso este mes vamos a lanzar una marca de comida casera con Juliana López May, Juliana en Casa.”

–Se dedican a crear tecnología en el mundo gastronómico. ¿De qué forma?

–Nosotros nos basamos en el análisis de la oferta y la demanda para crear nuestras marcas. Trabajamos mucho con el sector de tecnología para encontrar huecos de oportunidad en el mercado. Es decir, analizamos qué tipo de comida falta, en qué barrio y a qué precio a través de los datos que nos brindan las plataformas de delivery. Por otro lado, también tenemos información muy cruda en Google Maps. Cuando mapeamos el mercado, observamos cuánta oferta de restaurantes italianos o cuántas parrillas hay en un barrio puntual y a qué precio venden sus platos. Esa información la procesamos en un sistema interno y así vemos qué podemos aportar nosotros. Por ejemplo, si el sistema nos dice que falta una oferta de pokes de entre 400 y 600 pesos en Belgrano, apuntamos a eso.

–¿Cuál es el proceso de creación de una marca nueva?

–Las marcas pasan por un proceso de creación de tres meses, en los cuales analizamos distintos factores de rendimiento. Al final de esos tres meses, el sistema me puede mostrar tres luces diferentes: una luz verde significa que la marca funciona bien, tiene mucho potencial y hay que consolidarla; una luz amarilla quiere decir que tengo que hacer ajustes porque, por ejemplo, puede estar floja a nivel ventas o a nivel de despacho; si me muestra una luz roja significa que tengo que matar esa marca porque no sirve. Hoy ya tenemos 34 marcas en el mercado, y vamos a generar más de 70 en el transcurso del año. No solamente en la Argentina, porque en mayo empezamos a trabajar en Santiago de Chile, y también apuntamos a Bogotá.

–Hace muy poquito crearon Vicenta, una marca de empanadas premium de la mano del chef Fernando Trocca. ¿Van a seguir por ese camino?

–Parte de lo que queremos hacer es democratizar el acceso a un producto gastronómico de alta calidad, hecho por un chef reconocido, argentino, por delivery. Por eso este mes también vamos a lanzar una marca de comida casera con Juliana López May, Juliana en Casa. Va a estar disponible en Rappi y en PedidosYa y va a contar con productos como guisos, buenos panes, un par de picadas…

–A diferencia de lo que ocurrió con los restaurantes, imagino que la pandemia colaboró en el crecimiento de Kitchenita. La gente empezó a usar el delivery como nunca antes, ¿no?

–Mirá, ayudó en algunos aspectos, porque hubo gente que nunca se había descargado Rappi o PedidosYa y, cuando lo hizo, encontró mis marcas. Pero también pasé de competir contra 200 restaurantes por radio de cuatro kilómetros a competir contra 900. Imaginate que de un día para el otro todos los restaurantes del mundo empezaron a trabajar bajo la modalidad de delivery. Nosotros ganamos porque somos un actor nativo online, somos un e-commerce que vende objetos gastronómicos, por eso pudimos responder mejor. Hoy la gente es mucho más exigente con lo que pide por delivery: quiere que la comida llegue en condiciones, rápido y caliente.

“La gente puede diferenciar entre el cine y Netflix. El cine se tuvo que reacomodar, tener mejor sonido, una experiencia 4D, y Netflix es para tu consumo diario. Eso es un poco lo que queremos hacer desde la gastronomía. El cine es el restaurante y yo soy Netflix.”

–Los tiempos de envío son un gran problema del mercado hoy en día.

–Este problema existe porque gran parte de la oferta que tenés hoy en las plataformas de delivery nace de actores offline: restaurantes tradicionales que replicaron en el delivery las cartas de sus locales a la calle. En la mayoría de los casos son platos que no tienen un packaging pensado para viajar y los productos no están pensados para la industria del delivery. Un ojo de bife jugoso nunca te va a llegar bien a tu casa. Nosotros vendemos productos que pueden viajar en buenas condiciones y rápido, porque nuestro sistema despacha los platos en menos de siete minutos.

–Todas sus marcas son monoproducto. ¿Por qué tomaron esta decisión?

–Es parte de la estrategia de ser un actor nativo online. El cliente pasa solamente entre diez y quince segundos por tienda en Rappi o PedidosYa. Entonces, si lo mareás con 25 platos distintos, se va a terminar yendo a otra tienda. Nosotros tenemos cinco o seis platos del mismo estilo, dos postres y una oferta muy corta de bebidas en cada marca.

–Y a medida que el comercio comience a reabrirse, ¿qué desafíos les esperan?

–A nosotros nos pone contentos, porque eso le permite a la gente diferenciar su consumo de comidas. La gente puede diferenciar entre el cine y Netflix. El cine se tuvo que reacomodar, tener mejor sonido, una experiencia 4D, y Netflix es para tu consumo diario. Eso es un poco lo que queremos hacer desde la gastronomía. El cine es el restaurante y yo soy Netflix. Yo te propongo una opción de comida que vas a pedir tres veces por semana, para que comas algo de mejor calidad, a un mejor precio y te convenga más que cocinar. El restaurante te propone una experiencia in situ, de temperatura, sabores, iluminación, para poder diferenciar eso de estar en tu casa.