Es actriz desde los siete años y, a poco de cumplir 30, asegura que volvió a encontrarse con su niña interior. Historia de una muchacha siempre auténtica, que hoy juega a ser cocinera en el prime time de la televisión mientras disfruta de la pintura, su pasión escondida.


Cande Vetrano no para. Desde que tiene siete años, su vida transcurre frente a cámara haciendo lo que mejor sabe: un éxito tras otro. Rincón de luz, Floricienta, Chiquititas, Casi ángeles y su boom a la fama, Supertorpe. “Creo que soy la nena más filmada del mundo”, se ríe a meses de su cumpleaños número 30. Auténtica como pocas, enérgica y productiva, divide su tiempo entre la actuación y el emprendedurismo, mientras juega a ser cocinera en el prime time de la televisión. Hoy es una de las protagonistas de la última campaña que lanzó Campari, la icónica marca italiana de aperitivos, en asociación única con artistas de todo el mundo. “¿Cuál es tu Red Passion?” es la pregunta que responden todos ellos sobre sus pasiones más ocultas. Cande no lo duda. Además de actuar, coleccionar anteojos y tocar el piano en sus ratos libres, es una apasionada de la pintura. “Es algo que tiene mucho que ver con los colores. A mí los colores me ponen de buen humor y me hacen bien a la vista. Me pasa algo medio loco, pero en la pintura encontré un espacio para canalizar lo que pienso”, asegura en una charla con El Planeta Urbano.

“Mi Red Passion es la pintura, algo que tiene mucho que ver con los colores. A mí los colores me ponen de buen humor y me hacen bien a la vista. Me pasa algo medio loco, pero en la pintura encontré un espacio para canalizar lo que pienso.”

–¿Tenés registro de ese momento en el que empezaste a pintar?

Sí, fue cuando me mudé sola, a los 18 años. En realidad, la necesidad de pintar surgió cuando empecé a decorar mi casa. Me quería comprar un cuadro y pensaba: “Pero esto lo puedo hacer yo”. Entonces, en vez de seguir buscando, empecé a pintar. Hay algunos más lindos que otros, y siempre pinto caras y personajes sin entender bien por qué. Lo hago para mí, es algo en lo que me permito equivocarme. Siento que, vaya a donde vaya, el arte me va a acompañar toda la vida.

–¿Te imaginás llevar tu arte hacia algo comercial?

En realidad, lo que sí me imagino es hacer una muestra con todos mis dibujos, un espacio medio performático. Siempre soñé con eso, con armar algún espacio en donde la gente pudiera entrar y que fuera interactivo. En algún momento lo voy a hacer.

–Sos una mina superemprendedora. Tuviste tu propia marca de ropa, ahora llevás adelante una tienda online de accesorios y productos de diseño. ¿Te llevás bien con esa etiqueta?

Me encanta ser emprendedora, creo que es lo que mejor hago. En todo proyecto, mi rol es el de hacer y motivar a hacer lo que uno piensa. Creo que eso es emprender, y lo hago desde muy chiquita. Siempre vendí pulseritas en la playa, collares de mostacillas, mis dibujos… Mi mamá y mi papá siempre me inculcaron el tener mis propios proyectos. Él tiene una fábrica metalúrgica que heredó de mi abuelo, pero siempre buscó hacer otras cosas. Mi vieja me ayudó en todos los emprendimientos que tuve, y es al día de hoy que tiene su propia marca de velas. Todo el tiempo se están reinventando.

–¿Cómo canalizaste toda tu creatividad durante la cuarentena?

Lo que me pasó en la cuarentena con lo artístico tuvo que ver con una crisis existencial. Creo que a todos nos pasó eso e intentamos entender un poco desde qué lugar hacemos las cosas. Yo durante muchos años estuve trabajando y quizás no frené para ver cómo lo hacía o por qué estaba haciendo eso.

–Sos actriz desde los siete años, ¿cómo mirás a la distancia el haber empezado a trabajar siendo tan chica?

Tuvo algo muy bueno, que fue haberme dado un oficio. Para trabajar, el hecho de saber desde tan chica lo que quiero hacer estuvo buenísimo. Siempre fue una luz, un foco, una zanahoria a perseguir. También tuvo sus cosas malas. El hecho de haberlo concretado tan temprano me hizo superautoexigente, me generó muchas presiones y crecí con una urgencia de querer hacer, hacer, hacer. Yo soy una máquina de hacer cosas y tiene que ver con esto, con trabajar desde tan chica. No estoy acostumbrada al ocio. Yo iba al colegio, después a grabar y llegaba muy tarde; al otro día me levantaba, estudiaba…

–Decías que tuviste una crisis existencial con respecto a lo artístico. ¿Entendiste, finalmente, por qué te dedicás a esto?

Sí, creo que me reencontré místicamente con mi niña interior y entendí que es muy genuino mi deseo. También entendí que me tenía que reconectar con el juego, algo que uno no tiene que perder. Con el tiempo, uno se va volviendo… no una máquina, pero va teniendo más preocupaciones. Hoy quiero hacer las cosas como cuando era chica y disfrutaba sin entender ni lo que estaba haciendo. Creo que el disfrute es la clave de todo.

“Mi Red Passion es la pintura, algo que tiene mucho que ver con los colores. A mí los colores me ponen de buen humor y me hacen bien a la vista. Me pasa algo medio loco, pero en la pintura encontré un espacio para canalizar lo que pienso.”

–Y en el medio de tu búsqueda, llegó MasterChef Celebrity.

Sí, llegó en un momento en el que estaba por concretar otro proyecto que tenía que ver con lo actoral. Yo quería actuar, quería hacer esta serie, pero no podía parar de pensar en MasterChef. Me había poseído el espíritu (se ríe). Empecé a imaginarme cómo sería ir todas las semanas vestida de un color distinto. Todo lo que después sucedió, primero me lo imaginé. Y, bueno, cuando no se dio lo otro, pensé: “Claramente tengo que hacer esto”. La verdad es que para mí es un desafío y un aprendizaje sarpado.

–¿Un desafío en qué sentido?

Primero, porque está bárbaro ponerme en otro lugar. Yo siempre traté de tener un perfil superbajo, y lo que te dan estos programas es bastante popularidad. A mí me daba cagazo exponerme así, pero fue como atravesar ese miedo y decir: “No tengo nada que ocultar, soy esto y ojalá pueda mostrarme como soy”. El programa fue un poco eso, sacarme todo tipo de velos y mostrarme.

–¿Te acostumbraste al formato reality?

No me acostumbré al formato. Sí me acostumbré al programa, pero el tema reality a mí no me va. La verdad es que no me imagino en otro programa. Soy supersensible, supervulnerable, y me parece que tenés que tener un par de capas más que yo no tengo. Con esto me siento cómoda, nos tratan bien, son respetuosos, es un programa que no busca el quilombo. El foco está en cocinar.

–Muchos dicen que la tele es un mal necesario, en referencia a la falta de contenidos. ¿Lo ves así?

Hoy en día, creo que la televisión de aire se focalizó en entretener al público. Cuando uno quiere distraerse y no pensar mucho en nada, la televisión es una amiga. No digo que esté bien o mal; me parece que hay una necesidad del público y unos productores que hacen lo que la gente quiere. Tiene que ver con una oferta y demanda. MasterChef me parece que tiene una mezcla entre entretenimiento y aprendizaje que está buenísima.

Chica rebelde, Cande Vetrano es una experta en abandonar su zona de confort y transformar su pasión en una creación excepcional. Por esa razón, fue elegida por Campari para protagonizar su última campaña digital. Al hablar sobre su amor por la pintura, repite: “Encontré en esta forma artística una nueva manera de expresarme, pero también de reinterpretarme sin un guion que me limite”. Así vive ella.


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