A los cinco años tocó un piano de juguete por primera vez y se enamoró por completo de la música. Hoy es uno de los mejores intérpretes de su edad, y Europa lo espera con las puertas abiertas.


Cuando Agustín Lasia era pequeño y recién aprendía sus primeras palabras, ya se deleitaba con el sonido del piano acústico que tocaba su tía. Iba con su familia a visitarla y pasaba horas escuchando el repertorio que ella tenía para mostrar. La música clásica inundaba cada rincón de la casa, y él, con apenas tres años, dejaba de hacer cualquier cosa con tal de sentarse a prestar atención. “Me acuerdo de escuchar las obras de Chopin que ella tocaba en el piano, y con el tiempo enamorarme de una en particular: Fantaisie-Impromptu, op. póst. 66. Yo la escuchaba y pensaba: ‘Quiero llegar a tocar esto algún día’. Así que ahí empezó mi amor”, recuerda el pianista que, con 18 años, es considerado uno de los mejores de su edad.

«La primera vez que toqué tenía cinco años. Era un tecladito de juguete que le habían regalado a mi hermano mayor para llevar al colegio, a las clases de música. Siempre había sentido curiosidad por ese instrumento, así que lo vi y empecé a jugar.»

–¿Cuándo tocaste el piano por primera vez?

–La primera vez que toqué tenía cinco años. Era un tecladito de juguete que le habían regalado a mi hermano mayor para llevar al colegio, a las clases de música. Siempre había sentido curiosidad por ese instrumento, así que cuando lo vi, me acerqué y empecé a jugar. Me acuerdo de que mi viejo me enseñó algunos temas que había aprendido con su hermana, mi tía. Me enseñó a tocar Para Elisa y la Quinta sinfonía,de Beethoven,sólo con la mano derecha (se ríe). Después yo sacaba algunas melodías de oído y las tocaba con un solo dedo… Me parecía muy divertido.

–¿Veías el piano como un juguete?

–Lo veía como un simple objeto de ocio, un pasatiempo. Tocaba porque me gustaban mucho los sonidos que salían de ese objeto y me divertía tratar de sacar melodías, pero no lo veía como algo profesional, como una carrera. Recién empecé a estudiar a los ocho años, porque mis papás vieron que yo seguía insistiendo con el tema. Se dieron cuenta de que no era un simple capricho de un nene y accedieron a llevarme a clases de piano con mi primer profesor, Emiliano Barreiro.

–¿Qué sabías hasta ese entonces?

–Cuando empecé a estudiar no conocía más que las obras de Chopin, Mozart y Beethoven. Así que con Emiliano aprendí realmente lo que es el mundo de la música clásica, lo que es la investigación y el estudio del arte. Conocí a distintos compositores, distintos intérpretes, distintos estilos.

Después de cinco años de estudio de forma particular, Agustín Lasia ingresó en el Conservatorio Ástor Piazzolla y empezó a formarse con María Teresa Criscuolo, con quien sigue tomando clases hasta la actualidad. “Ella me enseñó que no alcanza sólo con talento, que el talento sin esfuerzo y perseverancia no sirve para nada”, confiesa el artista, que tras varios años de ensayos llegó a tocar en salas como el Colegio de Abogados de la Capital Federal, el auditorio San Francisco de Asís (Catedral de La Plata) y el Centro Cultural Kirchner. “El CCK fue uno de mis conciertos más importantes. Fue en 2018, en el homenaje por los cien años de la muerte del compositor francés Claude Debussy. Uno de mis profesores organizó un festival y junto a otros músicos fuimos por distintas salas de Buenos Aires con un repertorio del autor. Uno de los lugares a los que llegamos fue el CCK, y tocamos en el Salón de Honor a sala llena”, recuerda.

–Después de tantos conciertos, ¿te acordás de la primera vez que tocaste en público?

–Sí, eso fue cuando tenía nueve años, en un crucero por Brasil que hice con mi familia. Hasta ese momento, el único piano acústico que había tocado en mi vida había sido el de mi tía. Pero arriba del crucero encontré unos cuatro o cinco pianos de cola y me sorprendí por el tamaño y la belleza que tenían. Entonces, lo que hice fue ir con mi hermano mayor al teatro cuando estaba cerrado, abrí uno de los pianos que no tenía llave y me senté a tocar Para Elisa, que para ese momento ya la sabía con las dos manos (se ríe).

«Al principio, veía el piano como un simple objeto de ocio, un pasatiempo. Tocaba porque me gustaban mucho los sonidos que salían de ese objeto y me divertía tratar de sacar melodías.»

–¿La gente se fue acercando a escucharte?

–Justo me escuchó una bailarina de tango que trabajaba ahí, llamó al director artístico del crucero y se fueron acercando varias personas, me filmaban, me felicitaban. Les gustó mucho lo que estaba haciendo, así que desde la organización artística hablaron con mi mamá y me dieron una fecha para tocar en pleno viaje. Hasta ese día yo nunca había tocado frente a un público desconocido, sólo con mi familia.

–¿Hoy seguís sintiendo los mismos nervios que tenías las primeras veces?

–Es distinto. Por supuesto que uno siempre tiene un poco de nervios, te hacen humano, de alguna forma, y creo que los voy a tener toda la vida. Pero es distinto, aunque la felicidad es siempre la misma de la primera vez.

En abril de este año, Agustín viajará a Europa para continuar con sus estudios universitarios y formarse como intérprete de Música Clásica. Allá seguramente seguirá creciendo y deleitando al público con sus melodías, aunque uno de sus objetivos es viajar por el mundo y conocer distintas culturas en el rubro musical.

–¿Y qué te imaginás haciendo a futuro?

–Me imagino disfrutando de la música, siendo igual de feliz que ahora con lo que hago. Me gustaría enseñar, porque me gusta muchísimo lo que es la docencia y me apasiona tanto como tocar. Y por supuesto siempre quiero seguir estudiando, porque creo que en esta carrera nunca llegás al punto en el que sabés todo. Creo que eso es imposible, así que me gustaría estudiar hasta el último día.