HUGH GRANT • Retrato de un actor

A los 60 años, el intérprete londinense está pasando por uno de sus mejores momentos profesionales. En The Undoing, la miniserie de HBO, demostró que puede abordar un personaje ambiguo y misterioso con el mismo encanto de siempre.


Después de brillar en cine, las puertas de la televisión se han abierto en gran forma para Hugh Grant. Primero con su papel en la notable A Very English Scandal y ahora mismo como uno de los protagonistas de The Undoing, el thriller cuyos seis episodios pueden verse en las plataformas HBO Go y Flow. Su Jonathan Fraser llegó al final del camino en pleno juicio, acusado de asesinar a su amante, en un whodunit cuyo nudo se desató recién en el episodio final. Un papel difícil para un actor versátil que mejora trabajo tras trabajo.

–¿Cómo llegó The Undoing a vos?

–Bueno, tengo una historia con Susanne Bier. Una no muy feliz, en realidad, dado que a ambos nos gustó bastante un guion hace unos diez años; ella quería hacerlo casi de inmediato y yo le dije: “Creo que necesita algo de trabajo”. Ella dijo: “Bien”, y lo desarrollamos a lo largo de un año, durante el cual rechazó todos los demás trabajos. Al final dije: “[El guion] nunca va a funcionar”, y me fui, dejándola sin hogar e incapaz de alimentar a sus hijos. Entonces, con gran sorpresa, escuché que ella quería que hiciera esto, cuando pensé que debía de odiarme. Pero siempre he sido un gran fanático de sus películas danesas, son brillantes, así que fue una gran ventaja. David E. Kelley también lo fue, así como Nicole [Kidman]. Me gusta formar equipo con actrices ganadoras del Oscar en estos días, me hace parecer elegante (risas).

–¿Viste todos los guiones en ese momento o todavía estaban siendo desarrollados?

–Creo que pude leer uno o dos episodios, y eso fue, obviamente, causa de largas discusiones porque me gusta atravesar un pánico muy largo antes de firmar un contrato para cualquier proyecto. “Bueno, ¿qué pasó? ¿Quién lo hizo?” Y por supuesto nadie estaba completamente seguro porque en realidad no estaba escrito. Ese es uno de los inconvenientes de la televisión y una de las cosas que me ha hecho salir de muchos proyectos antes: no sabés todo el asunto, y si no sabés cómo termina es muy difícil conectar. Pero con The Undoing el pedigrí era tal que pensé: “Será mejor que lo haga”; y también el probable arco para mi personaje fue muy interesante.

–¿Te han ofrecido más papeles de televisión en los últimos años?

–Sí, especialmente durante el encierro; creo que todos los que no pudieron conseguir que sus cosas se concretaran dijeron: “Vamos a intentar con Hugh ahora” (risas). Pero me he malcriado un poco con los últimos cuatro o cinco proyectos en el sentido de que realmente los disfruté, fueron todos diferentes y con grandes directores, buenos guiones, así que es muy difícil encontrar el siguiente. Siempre fue difícil, ahora es imposible.

–¿Cuándo viste el resto de los guiones de The Undoing?

–Vinieron a cuentagotas. Según recuerdo, no recibimos el episodio seis –y esto fue muy astuto de su parte, pero probablemente no a propósito– hasta que todos firmamos y estábamos sentados allí en la lectura. Ahí, de repente, nos entregaron el número seis. Después hubo mucha discusión sobre eso y la versión final del episodio no fue la que leímos en ese momento. Pero las cosas siempre son muy, muy difíciles de terminar, y había muchas opiniones al respecto.

–Cuando lo leíste por primera vez debés de haberte preguntado: “¿Jonathan lo hizo?”.

–Sí, obviamente, y eso fue un tema muy importante. Era interesante como papel porque se trataba de un oncólogo pediátrico encantador, con un toque amoroso, nacido para curar, ligeramente gruñón, antisocial, que ama a su esposa y a su hijo. No es lo que parece, en el sentido de que no ha tenido un trabajo durante meses y ha estado teniendo una aventura, algo que supimos al principio del segundo episodio. Así que eso ya era interesante. Pero, ¿era también un psicópata despiadado? Eso fue fascinante. Y obviamente no podemos tener esa discusión en esta entrevista (risas).

“Jonathan era interesante como papel porque se trata de un oncólogo pediátrico encantador, con un toque amoroso, nacido para curar, ligeramente gruñón, antisocial, que ama a su esposa y a su hijo.”

–También hay otros temas que se abordan en esa historia. Pero, en el fondo, ¿es el examen de un matrimonio y los secretos que contiene?

–Sí, por supuesto. Harold Pinter lo llamó “la comadreja bajo el gabinete de cócteles”. Sus obras estaban llenas de eso: clase media, vidas respetables con el mal acechando justo debajo de la superficie. Así que por supuesto es eso. Y también, y esto se remonta a la novela en la que se basó, aunque está vagamente basada, David sólo tomó el principio del libro y luego se desvío bastante... pero tanto la novela como la serie tratan sobre la capacidad que tenemos para inventar a nuestras parejas. Si no son realmente lo que siempre soñamos, llenamos el vacío y decimos: “Sí, son así”, aunque en algún lugar sabemos que no lo son. Y eso era en lo que Grace, como psiquiatra, se especializaba. Al principio la vemos dando asesoramiento y le dice a una mujer: “Creés que amás a este hombre, pero sabés que no está a la altura y sólo estás inventando el resto”. Y la ironía podría ser que eso es exactamente lo que le está pasando a Grace.

–¿Cómo fue trabajar con Nicole?

–Fue increíblemente fácil desde el principio. Ella me recordó a Meryl [Streep] en la forma en que ambas parecen estar sin ensayar y sólo encuentran el momento cuando la cámara rueda. Y nunca son lo mismo en dos tomas, suceden cosas completamente diferentes. Y ambas están muy interesadas en interpretar con el otro actor en lugar de sólo tener una actuación; van a dar lo que sea que el otro haga. Estas son las cosas que los buenos actores de cine deberían hacer, y nadie las hace mejor que ellas. Así que fue como ver otra clase magistral realmente, como fue con Meryl. Nunca había trabajado con Nicole, pero siempre nos habíamos llevado muy bien cuando nos conocimos socialmente. Y Noah, que interpreta a nuestro hijo, Henry, no sólo es un actor fenomenal, sino que debés recordar al ver The Undoing que es de Manchester, que es un británico (risas). Así que es todo un personaje. Y, de nuevo, es incapaz de dar una nota falsa. No dejaba de pensar: “Va a meter la pata en cualquier momento”, y nunca lo hizo. Es simplemente brillante.

–Tenés algunas escenas geniales con Donald Sutherland, quien interpreta al suegro de Jonathan. ¿Como fue eso?

–Donald es un hombre extraordinario. Amo a Donald. Nos enviamos muchos correos electrónicos hasta el día de hoy, a más de un año desde que hicimos The Undoing. Y sí, tiene el sentido del humor de un niño de ocho años, que me gusta mucho (risas). Es claramente un actor brillante y trae un montón de actitud de actor de cine de los sesenta a la pantalla y al set. Hay mucho de “jodete” en ello. ¿Quién era así? Richard Burton era un poco así, Oliver Reed, Peter O’Toole… Ya sabés, los chicos malos. “Vamos a tomar un trago y que se joda el estudio.” Y eso me gusta y es muy masculino. No los ves encorvados, ocupados en sus cuentas de Instagram (risas).

–¿Filmaste en una prisión real?

–Sí, es una prisión real, en Queens. Y parte de ella ha sido clausurada, creo que se ha vuelto demasiado decrépita y ahora se usa para filmar. Pero la otra mitad sigue siendo una cárcel que funciona. Así que me sentaba en una silla con mi nombre en la espalda mientras me traían capuchinos espumosos, mirando a través de las puertas enrejadas a los tipos con trajes de prisión a rayas, como en Paddington, empujando los carritos de la lavandería. Era bastante alarmante porque nunca antes había estado dentro de una prisión. Y también me di cuenta de lo aterradora que es la prisión, especialmente en los Estados Unidos, en términos de falta de privacidad. Dios mío, no hay puertas en las celdas, sólo esos barrotes, y no podés ir al baño sin que todo el mundo escuche, vea, observe; y son lugares muy violentos. Son realmente aterradores.

–¿La parte más satisfactoria del trabajo para vos es el día a día en el set o cuando ves la película terminada (en este caso, la serie) y sabés que ha salido como esperabas?

–Bueno, en los viejos tiempos para mí la única parte divertida era cuando se armaba y, si funcionaba, entonces empezaba a ser divertido; pero era bastante tormentoso hasta ese momento. Sin embargo, he cambiado un poco y casi que puedo disfrutar del proceso ahora. He mejorado un poco, estoy más tranquilo, y a veces puedo salir de un día de rodaje y pensar: “En realidad creo que lo hemos hecho bastante bien”. Y eso es encantador.

“He mejorado un poco, estoy más tranquilo, y a veces puedo salir de un día de rodaje y pensar: ‘En realidad creo que lo hemos hecho bastante bien’. Y eso es encantador.”

–¿Y cómo es un set de Susanne Bier? Filmaste un thriller con algunas escenas pesadas, pero, ¿fue divertido también?

–Es muy importante tener arriba a alguien que sepa lo que realmente quiere. Y ella definitivamente sabe eso, tiene una vasta experiencia y es increíblemente talentosa. Sabe lo que quiere. Y eso ayuda mucho. Pero al mismo tiempo está absolutamente abierta a ideas, improvisaciones, contribuciones, así que es una gran combinación. He hecho muchas películas en Nueva York, y en esta tuvimos la crème de la crème de los equipos: este era el de Scorsese en The Irishman, y eran maravillosos. Y también teníamos un maravilloso operador de cámara fija, realmente se hizo un trabajo excelente en todas partes y se nota.

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