El creador de Henky, un referente en la moda libre de género, revolucionó la cuarentena con el diseño de face masks envasadas al vacío, con filtro de partículas y muy respirables. Historia de un emprendedor nato.


–¿Cómo te acercaste al mundo de la moda?

–Desde muy chico tenía en claro que quería hacer algo que tuviera que ver con fabricar, crear y poner al servicio de la gente productos que fueran relevantes para la sociedad. Siempre creí que hacer el bien o intentar cambiar el mundo no era sólo encontrar la cura de una enfermedad, por ejemplo, sino que cada uno desde su lugar podía aportar algo para generar esa transformación. Desde mi niñez me parecía interesante la ropa porque era y es una forma de expresión cotidiana y no había mucho más que me representara. Mi madre siempre cuenta que yo realizaba mi propia ropa porque no me gustaba nada de lo que había.

–¿En qué momento te decidiste a poner en marcha tu sueño?

–A fines de 2002 o principios 2003, en Buenos Aires diseñé y realicé mi primera producción con 400 dólares que se convirtieron en 30 remeras. Esos mismos dólares que iban a ser destinados para unas vacaciones se convirtieron en la inversión inicial. Ingresar en el mercado con una marca nueva siendo chico en un momento de crisis económica no fue tarea fácil. Por suerte, con 20 años de edad había muy pocas cosas que creyera imposibles; de ahí nuestro eslogan: “Fly or die”.

–¿Cómo definirías el espíritu de tu emprendimiento?

–Cambio de paradigmas y conciencia empresarial.

–¿Por qué decís que rompe los prejuicios de género?

–Jamás se pensó una colección con base en el género o no género. La cabeza de uno tiene que ser agénero, libre. Desde ahí proponer. En las mismas prendas estaba la disrupción y la interpelación a los prejuicios. Como en 2005, un buzo slim fit de leopardo full print (en esa época el full print casi no existía y menos de diseño propio) en el sector de hombre. Decir que algo es no gender es encasillar otra vez y sumar una categoría que genera más división. ¿Por qué hay que decirle siempre a la gente lo que es o no es? Tapar una etiqueta con otra no soluciona nada ni cambia el contenido. Si una prenda te llama la atención, por algo es. Si te queda bien, ¿a quién le importa el género?

–Hacés mucho hincapié en la calidad del producto, ¿por qué en los textiles argentinos es tan difícil de lograr eso?

–El argentino hace lo que puede la mayoría de las veces, y muy pocas lo que quiere. El nuestro es un mercado muy chico, donde el lujo casi no existe. Por lo tanto, el volumen está en los productos más económicos, los que demandan calidades y estándares que no son los mejores pero se consumen en volumen. Entonces la industria se acostumbra a eso y en cuanto querés hacer algo de calidad te ves casi imposibilitado. Desaparecen los productos diferenciados porque no son redituables para las fábricas y casi no hay mano de obra calificada.

–¿Ves una oportunidad para que revaloricemos el ready to wear nacional ahora que no se puede viajar?

–Sería triste, porque no debemos valorar nada que no lo merezca, ingresen o no las marcas de afuera. Este es uno de los motivos por los que no tenemos marcas fuertes y responde un poco a la pregunta anterior. Cuantas menos marcas ingresen, menos incentivos de ser creativos y mejorar sus productos van a tener las nacionales. Por mi parte, siempre me interesó competir con los mejores y estar a la altura.

“Hace muchos años me imaginaba un mundo donde deberíamos estar con la cara cubierta debido al deterioro del medioambiente. Por eso en 2013 creé una colección inspirada en este concepto.”

–¿Cómo fue la historia de las face masks?

–Hace muchos años me imaginaba un mundo donde deberíamos estar con la cara cubierta debido al deterioro del medioambiente. Por eso en 2013 creé una colección inspirada en este concepto, y en la producción de fotos pusimos al modelo con una cápsula transparente en la cabeza. Mi primera hija nació el día que anunciaron el primer caso de coronavirus en China; la cuarentena posparto me ayudó a darle seguimiento al tema y saber que los tapabocas iban a ser indispensables. Empecé a investigar lo que sucedía en otros países y centros de investigación del exterior, como el de una empresa dedicada a la fabricación de filtros. Y pude testear con base en esa información mi producto, confirmando que se encontraba habilitado para la protección social frente al virus. Nuestras face masks son lindas y cómodas. Así, a principios de marzo hice la primera publicación del producto, invitando a la gente a sumarse a la campaña internacional #Masks4All, que ya nos avisaba que la utilización de barbijos era inevitable para protegerse y proteger al resto. El feedback no fue bueno. Tuve una gran catarata de mensajes negativos, acusando a la marca de aprovecharse de la situación y ofrecer un producto que no sería útil: lamentablemente, hasta ese momento, las autoridades locales comunicaban esa errónea información. Imaginate que me puse en contacto con una ONG para comenzar una campaña de donación de face masks y no aceptaron. Aun así, realicé la producción de fotos, subí más diseños a la web y doné al personal de salud mi producto. Quince días después, el shop online no daba abasto de la cantidad de pedidos de face masks; las vendí todas. Jamás pensé que este producto se iba a vender tan bien, ni que todo el país iba a tener que usar uno. Hoy es algo que llegó para quedarse.

–¿Cómo estudiaste los requisitos de calidad que deben tener por el tema sanitario?

–Basados en un estudio de una empresa dedicada a la producción de filtros se eligió el material que íbamos a usar teniendo en cuenta el tamaño de las partículas del SARS-CoV-2 y la capacidad de filtración de distintos textiles. Llegamos casi a la misma efectividad de un barbijo quirúrgico común y descartable. Decidimos el envasado al vacío para asegurar su higiene, siendo los únicos en el país con esta presentación.

–¿Cómo afectó la cuarentena la evolución de la venta online?

–Fue muy positiva para la venta online, porque hizo que la gente le perdiera el miedo a comprar y se diera cuenta de que es hasta más cómodo. A su vez, obligó a todas las empresas a comenzar a ingresar en el mercado online, lo que es muy positivo.

“Jamás se pensó una colección con base en el género o no género. La cabeza de uno tiene que ser agénero, libre. Si una prenda te llama la atención, por algo es. Si te queda bien, ¿a quién le importa el género?”

–Antes había mucha desconfianza para este tipo de operaciones en el país, ¿ves que ahora la gente se está acostumbrando a comprar desde casa?

–La tecnología está tan evolucionada que hoy es mucho más seguro hacer una compra online. Existen miles de recursos para chequear el producto que vas a adquirir, las referencias de la marca y el medio de envío. También podés reclamar con muchas más opciones. Siento que el cliente, de a poco, está cada vez más protegido.

–En este contexto, ¿peligra la venta en locales?

–La venta en locales está en peligro desde hace varios años. Ahora vemos un adelanto de lo que puede llegar a ser. La venta en locales va a cambiar, evolucionar sin duda, en necesidad de experiencias y otro tipo de búsquedas. Las fórmulas cambiaron, las que servían en el mundo anterior, hoy ya no sirven, y la visión de futuro hoy en día está todavía borrosa. Seguimos buscando respuestas con base en el pensamiento, las experiencias y los datos del mundo antiguo, por eso hay que dejar que baje un poco el humo que levantó esta bomba, para empezar a ver con claridad lo que quedó en pie y qué hay que reconstruir.