GIUSEPPE CIPRIANI · HEREDERO DE LUJO

El nieto del fundador del mítico Harry’s Bar de Venecia se encuentra al frente del Grupo Cipriani, que acaba de comprar el icónico Hotel San Rafael de Punta del Este. La familia, el deporte y el trabajo: el tridente perfecto para la mejor receta.


Giuseppe vive en el cielo. Siempre está arriba de un avión y puede llegar a visitar cinco ciudades del mundo en una sola semana. A pesar de eso, elige y lleva como bandera la simpleza en todos los aspectos de su vida. Desde sus doce años trabaja y se apasiona con el mundo de la gastronomía y la hotelería; una pasión que le transmitió su abuelo, fundador del Harry’s Bar de Venecia, en 1931. Hoy, tres generaciones después, su apellido, Cipriani, es una marca de hoteles y restaurantes internacionales adorada en todo el mundo, con locales en las ciudades más emblemáticas y ahora también con un resort en Punta del Este, que será la reconstrucción del antiguo Hotel San Rafael. Con su actitud relajada, tranquila y despojada de toda pretensión, nos contó un poco de su vida mientras miraba la playa desde su hotel recientemente inaugurado en Ibiza.

–¿Qué te depara tu día de hoy?

–Hoy estoy en Ibiza, pero mañana ya me voy a Uruguay. Tengo que hacer muchas cosas, mucho trabajo, tenemos uno de nuestros restaurantes acá en Ibiza, un lugar de temporada que acaba de abrir en mayo. Es un día muy lindo.

–¿Qué recuerdos tenés de Harry’s Bar?

–Siempre fue el centro de la conversación en mi casa. Que cuánta gente fue en el día, que cuántos cubiertos. Yo empecé a trabajar a los doce años, en el verano, para ayudar un poco con todo. La experiencia que tengo hoy es el resultado de mirar a mi abuelo y a mi padre trabajar todos los días. Aprendí que las cosas no salen fácilmente y que hay que trabajar para que salgan bien.

–¿Cómo trabajás la identidad de cada local en cada ciudad?

–Para mí es importante ser siempre lógico con lo que te gusta. Por eso en todos los locales tenemos el mismo estilo de servicio, de atención al cliente; elegimos un look no demasiado cargado, sin mucha decoración, y con comida clásica italiana. Eso lo mantenemos porque es algo que se aprecia en todo el mundo. Nosotros no hacemos las cosas difíciles, como las hacen otros; hay que hacer cosas simples.

–¿Tenés algún Cipriani preferido en el mundo, al que te guste ir más?

–No, yo siempre intento abrir locales en países en los que me gusta estar. Son experiencias distintas, pero cada una tiene su belleza y su particularidad. Para que me guste una ciudad tiene que tener una clase política inteligente y leyes que funcionen. Nosotros siempre intentamos invertir en lugares internacionales, para que cuando nuestros clientes viajen puedan encontrarse con un Cipriani en todas las grandes ciudades.

–Teniendo en cuenta el tiempo que pasás en un avión, ¿tenés idea de cuánto viajás en un año?

–Yo viajo siempre. Esta semana fui a Milán, Ibiza y me voy mañana a Uruguay. Ahí hago toda la parte aburrida de mi trabajo, contratos, legales, cosas de números. A mí me gusta muchísimo atender a la gente, rodearme de clientes, de amigos. En cada lugar tengo gente que ya conozco, y también hay muchos de mis clientes que viajan mucho, entonces me los cruzo en Nueva York, Miami, Uruguay, Los Ángeles; son clientes internacionales, nos encontramos en distintos lugares.

–En tus tiempos libres sos piloto de carreras, ¿qué es lo que te gusta de esa actividad?

–Me gusta que, cuando lo hago, sólo puedo hacer eso, concretamente, al cien por ciento, sin pensar en otra cosa. La carrera es el único momento que me permite hacer algo que de verdad me gusta y sólo dedicarme a eso. Estoy en un campeonato que se llama GT Open, con Mercedes este año, y corremos en Alemania, Inglaterra, Francia, España y más.

–¿Tenés muchos momentos en los que sentís presión o estrés?

–La verdad es que yo no siento presión, sólo me gusta hacer las cosas bien, pero no soy un tipo ansioso. La presión ayuda y no, a veces cuando uno está demasiado presionado toma decisiones que no son claras. Uno tiene que tomar decisiones cuando está relajado.

–¿Qué te atrajo del Hotel San Rafael de Punta del Este para querer reconstruirlo?

–Fue una iniciativa dictada por la Intendencia de Maldonado, ellos permitieron que se lo tire abajo para reconstruirlo. Yo me propuse hacerlo mejor. En los últimos treinta años el hotel había bajado mucho la calidad, hay que volver a convertirlo en un hotel internacional, con servicio, con calidad, que en este momento un poquito falta en Punta del Este. Estamos en la etapa de hacer todos los estudios de ingeniería para la construcción, y en julio o agosto vamos a empezar con las excavaciones y la construcción.

–Ahora vivís más que nada en Punta del Este y en Nueva York.

–Sí. El año pasado pasé tres meses seguidos en Punta del Este, y eso fue lo máximo que pasé en un solo lugar en el mundo. Me gusta el Uruguay, me gusta la gente, me gusta todo; no tanto la playa, prefiero el campo. Punta del Este tiene algo particular, que es que tiene campo, playa y mar. Tiene una energía muy buena, no sé si es porque está construida sobre las rocas pero su energía es particular. Tengo casa en Nueva York, en Ibiza, en Venecia y en Punta del Este, después siempre estoy alojado en los hoteles.

–¿Qué sentís que uno tiene que hacer como empresario para distinguirse y perdurar como marca en el tiempo?

–Yo creo que no hay que hacer nada raro, hay que hacer las cosas que uno cree que funcionan. Y te tiene que gustar lo que estás haciendo para que no te moleste trabajar mucho. Cuando encontrás lo que te gusta, tenés que tirarte a eso, al cien por ciento.

“La experiencia que tengo hoy es el resultado de mirar a mi abuelo y a mi padre trabajar todos los días. Aprendí que las cosas no salen fácilmente y que hay que trabajar para que salgan bien.”

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