A menos de un mes del estreno de Watt, la obra que protagonizará en el Teatro Sarmiento, la actriz, bailarina y modelo habla del cambio que realizó en su carrera. Su denuncia contra Pettinato, el ingreso posterior al Colectivo Actrices Argentinas y una nueva forma de entender sus relaciones.


Emilia Claudeville ya no es la misma. El correr de los años, la vida, su experiencia, cambiaron su forma de pensar. De esa adolescente que viajaba de San Juan a Buenos Aires para poder bailar sólo queda la esencia. Aunque la fuerza y la confianza en su instinto siguen intactas. A los 16 descubrió el mundo del modelaje, sin ser consciente del deseo que causaba en los demás. “Hoy, a los 30, puedo decidir cómo utilizo la seducción. Pero a esa edad tenía todas las de perder”, dice. Hizo carrera como actriz, bailarina y modelo. Y se relacionó con el periodismo político durante el ciclo Duro de domar. “Tenía que demostrar todo el tiempo que no estaba ahí sólo por ser linda. Sentía esa presión de ser juzgada por los de afuera, porque siempre esperaban que dijera la ridiculez”, explica. Pero a su inseguridad la mató trabajando, aún después de denunciar por acoso al conductor del programa. “Hace dos años pude contar públicamente lo que me pasó con Roberto Pettinato y me di cuenta de que el tema era algo colectivo, mucho más grande que señalar a una persona.” Sus años posteriores, fuera de la vorágine, la reencontraron con la danza y la actuación. Y unida al Colectivo de Actrices Argentinas. “Si tiempo atrás hubiese contado con estas mujeres, todo hubiese sido mucho más fácil”, asegura. Hoy, en pareja y aferrada a sus amistades, está a punto de protagonizar –con fecha de estreno el 21 de junio– Watt en el Teatro Sarmiento, una obra cargada de improvisación en vivo, que trata sobre el placer de bailar.

–A tus 14 años viajabas sola de San Juan a Buenos Aires para estudiar danza. ¿Te manejabas con mucha libertad?

–Sí, era muy inocente y me movía con la valentía de la ignorancia. Me encantaba la aventura de venir en el verano y quedarme unos meses, quizás antes de empezar la escuela. Me acuerdo de que paraba a dormir en cualquier lado: en las casas de otras bailarinas, en un convento en el barrio de Belgrano… Cuando lo pienso, me da cosa mencionarlo tan naturalmente. Yo lo vivía de una forma muy orgánica, porque siempre confié en mi instinto. Pero hoy me doy cuenta de que era una locura.

–Me resulta imposible no comparar esta situación con las giras televisivas infantiles, en donde las menores se mueven sin adultos responsables. ¿Tuviste miedo en algún momento?

–Al principio, en el palo de la danza, la mayoría éramos mujeres. Y si tenía algún maestro lo más probable era que fuera gay. Entonces no estaba a la defensiva. Pero a los 16 empecé a trabajar como modelo, con mucha ingenuidad con respecto al deseo que causaba en el otro. En ese momento naturalizaba un montón de cosas que me pasaban. Tenía que pensar en que si alguien me quería levantar, capaz me iba a dar trabajo. Ese tono de asustarme y no entender cosas que pasaban se instaló en mi vida. Como si el cuidarse, el defenderse, el lidiar con eso, hubiese sido entrenar una herramienta más. El tema es que en ese momento nadie hablaba de eso. Ninguna mencionaba al dueño de la marca que había intentado algo más.

–Hoy sigue siendo muy difícil plantarse contra alguien poderoso.

–Sí, yo recién hace dos años pude hacer pública la denuncia por acoso a Roberto Pettinato, con quien compartí elenco en Duro de domar durante 2015. Pensaba que era algo que tenía resuelto. Lo había trabajado, lo había hablado en terapia. Pero me di cuenta de que todo eso tenía que dejar de ser sólo un tema mío. Entendí que el tema era algo colectivo, muchísimo más complejo que señalar y denunciar a alguien.

–Te empezó a caer la ficha.

–Empecé a entender cómo el sistema avala y casi premia a este tipo de personajes nefastos. Yo era la que hacía casi tres años no aparecía en los medios. Por un lado era una decisión mía, ¿pero era decisión mía o alguien me estaba llevando a eso? Era algo que yo había entendido. Cuando iba a contarles a los productores lo que me pasaba, me decían: “Y, bueno, él es así. Si alguien se tiene que ir de acá sos vos”. Hay cosas que te dejan marcas en el cuerpo.

–En este sentido, es muy interesante el trabajo que están haciendo con el Colectivo Actrices Argentinas. En abril cumplieron un año como grupo.

Sí. Si tiempo atrás hubiese contado con estas mujeres, todo hubiese sido mucho más fácil. Creo que nos hicimos cargo del poder de visibilidad que tenemos para usarlo en una causa puntual, y la idea nos tiene muy comprometidas.

–Una de las acciones que llevaron adelante juntas fue la denuncia por acoso de Thelma Fardin contra Juan Darthés. ¿Cómo fue la preparación?

–“Mirá cómo nos ponemos” fue la acción más potente que hicimos. Un grupo más cercano a Thelma, entre las que estaban Laura Azcurra y Griselda Siciliani, fue el que se encargó. Las demás aseguramos nuestra presencia y el respaldo en la conferencia de prensa. En ese momento nos dimos cuenta de que todo lo que estaba pasando era porque estábamos juntas. Era muchísimo más grande que señalar a Juan Darthés.

–Hoy en día, Pettinato se encuentra viviendo afuera, al igual que Darthés. ¿Por qué creés que se fueron?

–Es como si se hubiesen autoexiliado. En el caso de Pettinato, lo peor para él fue la condena social. Es un tipo con un ego muy lastimoso. Cuando él se fue, festejé como una victoria que la estuviese pasando mal. Yo me preguntaba, ¿qué es esta sensación de alegría que tengo? ¿Es venganza? Y no era venganza lo que sentía, era justicia.

–Hablemos un poco de tus proyectos actuales: vas a protagonizar una obra en el Teatro Sarmiento.

–¡Sí! Estrenamos Watt el viernes 21 de junio y vamos a hacer seis funciones. Esta obra es parte del proyecto “Retrospectiva”, de Leticia Mazur, quien fue convocada para poner en marcha algunas obras hechas tiempo atrás. Watt, en 2004, fue interpretada por ella e Inés Rampoldi, y ahora ambas nos están dirigiendo a Florencia Vecino y a mí.

–Por primera vez vas a trabajar con la improvisación en vivo.

–Tenemos unas pequeñas partes coreografiadas, pero la mayor parte del tiempo trabajamos con la improvisación. Es composición en vivo casi permanente. La danza a través de la improvisación es hermosa. Es una herramienta tremenda de autoconocimiento. Yo lo vengo entrenando desde hace dos años y es un viaje de ida. Todo lo que va pasando alrededor te hace mover. Me gusta pensarlo como un premio al presente. Dejar de hacer para poder ser. Frenar todo para que empiecen a emerger los movimientos. Son muchas cosas a tener en cuenta al momento de improvisar, desde la imaginación hasta la fisicalidad, el sonido y lo que ves. Estás con mil antenas, atenta a todo. Y la obra trata, justamente, sobre el placer de bailar.

–¿Para vos qué significa bailar?

–A mí bailar me sana, me acerca a mí misma. Bailo con todo lo que me pasa, con mis miedos, mis pensamientos, mis preocupaciones y mis vivencias. Bailar es mi manera de sobrevivir.

“Si tiempo atrás hubiese contado con las mujeres del Colectivo Actrices Argentinas, todo hubiese sido mucho más fácil. Creo que nos hicimos cargo del poder de visibilidad que tenemos para usarlo en una causa puntual, y la idea nos tiene muy comprometidas.”