Elena Roger: reencarnando a Evita

Hizo teatro y televisión en nuestro país, pero su consagración llegó con Piaf, en Londres, pieza que trajo a la Argentina e hizo explotar las tablas con aplausos de pie. Ahora se prepara para otro desafío en Broadway, una vez más, como la mítica Evita.

Sentadas en uno de los livings del hotel Alvear, micrófono en mano y sin perder un minuto, comenzamos con la entrevista. Ella vive así, aprovechando al máximo su tiempo y vibrando en una frecuencia artística que se percibe con sólo mirarla.

 

¿Qué es para usted ser referente?

 

–Ser un referente implica mucha responsabilidad. Tiene beneficios y al mismo tiempo una gran carga de compromiso que deriva en mucho trabajo, donde hay menos margen de error. Uno tiene que ser consciente de lo que la gente espera, y eso es lo que tiene que dar. En el arte uno piensa: como artista llegué a un lugar destacado, pero tengo que soltar la “expectativa de los otros” para seguir siendo libre. Si uno delimita su creación a lo que cree que los demás esperan, se limita la creación.

 

¿Se siente referente?

 

–Eso lo tiene que decidir el público. Me gusta más pensar que soy una de las personas que representan el género del musical.

 

¿La atraen los hombres reconocidos?

 

–Depende. Muchas veces dicen que el amor tiene que ver con la admiración. Diría que ya pasé de la alucinación por ver al otro de ese modo y busco más apreciar la totalidad de esa persona.

 

 

¿Le gustaría tener a un número uno al lado suyo o prefiere alguien que la acompañe?

 

–Me parece que eso ya no es condición. Si estoy con un hombre que me encanta, y además es número uno, está bien así. Si no es número uno, no me cambia, porque para mí el número uno es el que logra serlo en la vida. Y el hombre con el que esté va a ser un número uno para mí, mucho más allá de lo que la gente opine.

 

Piaf fue su primer gran éxito internacional, ¿cómo se vive triunfar en el exterior?

 

–Hacer Piaf en Londres fue una experiencia maravillosa que me hizo tomar conciencia sobre la ausencia de “techos” en el arte, y en el mundo de los musicales particularmente. Me dio gran popularidad  y reconocimiento, pero lo tomo como parte de un proceso. No hay afuera y adentro. En la Argentina hice un camino muy interesante antes de Piaf. No sé cuántas tapas de diarios hay que hacer para ser reconocida, pero ciertamente tuve una trayectoria larga, de mucho trabajo. Para mí fue un paso en el que hubo algo de fortuna, pero hoy creo más en que “uno genera lo que le sucede”.

 

Está estrenando la película Un amor. ¿Cómo vivió la experiencia?

 

–Me encantó. Fue mi primer largo y me sentí supercuidada por Paula Hernández. Ella es genial como directora. Diego Peretti y Luis Ziembrowski también son maravillosos. Pasamos un verano divino haciendo la película y, cuando la vi, me encantó. La forma en que está editada, la música. Es una muy linda película. Espero que a la gente le guste y la disfrute, porque yo disfruté mucho haciéndola.

 

¿Qué siente frente a su nueva obra en Broadway?

 

–Va a ser un cambio interesante, porque voy a vivir en Nueva York durante trece meses, y es una ciudad que no conozco.

Además, me encanta volver a trabajar con los productores de Evita, y quiero ver qué me pasa a mí con el personaje. Cómo voy a vivir volviendo a representar el personaje. Quiero ver cuál fue mi maduración en estos seis años. Es muy movilizante.

 

¿Qué es para usted personificar a Evita?

 

–Representa una de las mujeres más importantes del país, pero además de ser una luchadora por los derechos de la mujer en particular, y del pueblo en general, fue una mujer que despertó muchos sentimientos encontrados. La mitad de la Argentina la quiere y la otra mitad, la odia. El personaje tiene esa fuerza maravillosa. Ella logró cosas que nadie había hecho hasta el momento, y todo ese baluarte está en escena.

Ahora, para mí, lo más importante de la obra es el pueblo, porque es a quien se le da, a quien se le quita, al pueblo es a quien se engaña o no, al que se le enseña o no, al que se lo ayuda o no, el pueblo es el protagonista. 

 

¿Y tener a Ricky Martin como partenaire?

 

–Me parece un divino. Lo conocí, estuve con él varias veces, hicimos fotos y fue bárbaro. Creo que vamos a hacer un muy buen trío con Michael Cerveris, que va a hacer de Perón. El personaje de Ricky Martin es el mismo que hizo Antonio Banderas en la película. Es el hombre del pueblo, nadie en particular, es un equis que habla por el pueblo y genera diálogos con Evita. Es su contrafigura, pero no es el Che Guevara, como se dijo en muchos medios.

 

¿Cómo es Elena Roger fuera del escenario?

 

–Soy más introvertida. Me divierto, río, lloro, tengo mis momentos de relajación, de poner en orden mi casa (que me encanta).

Amo mis momentos de soledad, soy bastante solitaria. Prefiero estar con poca gente que con un montón.

 

Una palabra que la defina.

 

–Felicidad, porque creo en ella, creo que todos podemos elegir tomar la vida con alegría. Y eso conduce a la felicidad. También amor, porque cada vez creo más en que cuando se pone amor a lo que se hace o a los problemas que se presentan, se llega mucho más lejos.

 

¿Qué elementos son imprescindibles en su cartera?

 

–Las llaves de casa y la billetera.

 

¿Si viaja, qué no puede faltar?

 

–Ropa interior.

 

¿Qué no perdona?

 

–Todo es perdonable.

 

 

¿Cocina?

 

–Mucho arroz, lentejas, verduras. Voy en camino de ser vegetariana y me gusta cocinarme lo que siento que es saludable para mí.

 

Un perfume.

–No uso.

 

Un lugar en el mundo.

 

–La casa de mis padres.

 

Un momento.

 

–Cuando encontré a mi último perro, Paco, en la calle, y lo llevé a casa.

 

Una fobia.

 

–No me gusta mucho el agua profunda.

 

Trago favorito.

 

–Sake

 

¿Cábalas?

 

–Dejé las cábalas. Trato de no agarrarme de nada para condicionar un resultado. En algún momento comprendí que todo lo genera uno, y es uno quien le da poder a los amuletos. Por eso los solté.

 

¿Cree en las profecías de 2012?

 

–No creo que determinado día nos vamos a morir todos juntos, pero sí creo que estamos viviendo un cambio de conciencia importante. Estamos empezando a ver en la naturaleza y en nosotros mismos cómo se produce este cambio de era.

 

Si realmente se acabara el mundo pasado mañana, ¿qué haría?

 

–Estaría con mis seres queridos. Elena canta esa noche en el Alvear. Tiene prueba de sonido y, cuando el grabador se apaga, toma conciencia del tiempo que le dedicó a la nota. Me despido con un: “¡In bocca al lupo!”, y responde: “¡Crepi!”

Se da vuelta y la veo perderse por el pasillo del teatro, camino al escenario.

 

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