Papryka: de las temporadas teatrales a la pantalla grande junto a Nicolás Furtado

Agustina Suásquita supo construir una carrera que cruza humor, actuación y cultura digital. Hoy protagoniza Escondida en mi cabeza junto a Nico Furtado, una comedia sobre los compromisos y las contradicciones de una generación.

Tras participar en la compañía de teatro Hecatombe y luego de hacer varias temporadas en Villa Carlos Paz, en su Córdoba natal, las redes sociales le abrieron el mundo a Agustina Suásquita –o simplemente Papryka, como se la conoce popularmente–, y la llevaron hasta la pantalla grande.

Hoy, junto a Nicolás Furtado protagoniza Escondida en mi cabeza, una comedia desestructurada que habla de una generación que asumió compromisos que no pudo cumplir. En esta charla con EPU comparte detalles de su recorrido artístico y se suma al debate sobre la tecnología. “Hoy te vas a dormir y no sabés si te puede despertar un robot”, sostiene.

–La película tiene a un protagonista que, luego de catorce años en coma, olvida una contraseña muy importante… ¿Cómo fue sumarse a este film con un tono muy particular?

–Fue un desafío porque es una comedia y, si bien en Argentina estamos muy acostumbrados a la comedia, tiene un código que no es tan común para nosotros y que no se ve en tantas propuestas. Es una comedia más absurda, que juega con algunos elementos grotescos, más “falopa” o “fumona”, podríamos decir. Creo que también construir ese tipo de humor conlleva un desafío, pero nos divertimos tanto haciéndola que creo que funcionó muy bien.

Hay algo de la peli que requiere diversión de quienes estamos haciéndola. Se armó un lindo grupo; aunque también discutimos mucho con Nico, en el buen sentido, por si a uno no le gustaba la escena. Como que teníamos ese raye. Yo le preguntaba a Nico por la escena en general, no mía puntual, y le decía: “Pidamos retoma”. La idea era enriquecer el trabajo del otro y fue por la buena onda que teníamos que pudimos también generar esos diálogos.

–El elenco estaba conformado por gente con experiencia y gente más nueva. ¿Cómo fue esa convivencia?

–Fue muy heterogéneo el grupo en muchos sentidos. Pero creo que eso es lo que le termina de dar identidad a la peli. Como que cada uno propuso desde su lugar, desde su experiencia. Y ni siquiera tiene que ver con una cuestión de trayectoria. Me parece que tiene que ver más con una cuestión de herramientas. Que a veces algunos tienen unas herramientas y otros, no. Los chicos que son músicos, por ejemplo, no estaban acostumbrados al código de actuar y filmar. Y sin embargo, hicieron algo espectacular porque sí tienen la capacidad de jugar. Y quedó completamente comprobado. Entonces creo que, al ser tan distinto todo, cada uno aportó lo suyo.

–Empezaste en redes y de a poco el audiovisual te convocó, más todavía la comedia…

–Siempre la comedia tiene un plus de diversión que me gusta. Igual también me gusta ir cambiando y probar grabar otros códigos, con otras energías. También creo que está bueno pensar que estamos en un momento de la industria en el que tampoco hay un montón de trabajo. Entonces, ya que te llegue trabajo es un privilegio enorme. Es una pena tener que estar diciendo que es un privilegio, pero lo es, por lo menos en la industria audiovisual hoy en Argentina. Entonces es muy loco hablar de poder elegir entre tal o cual género. Está buenísimo poder elegir, pero en el día a día uno lo que más quiere es laburar.

–¿Qué hay del teatro?

–Empecé haciendo teatro. Tanto Nico como yo, en ese sentido, tenemos algo en común: los dos empezamos en el teatro. Yo en Córdoba y él en Uruguay. Creo que todo actor empieza haciendo teatro; todo empieza en un teatro, siempre. Y para mí hay un amor muy grande ahí, como una ecuación muy pura. 

–El teatro te exige un compromiso mucho más grande. Cada función es una película…

–Hay un nivel de entrega en el teatro que es muy particular. Como actriz, siempre está bueno volver a esa casa en la que uno se armó al principio. También los espacios de entrenamiento y de formación para los actores suelen estar más vinculados a eso. Es algo que me encanta.

–¿Cómo se vive con la exposición?

–Tengo la sensación de que, si la exposición es consecuencia del trabajo, está bien. Es muy distinto a otro tipo de exposiciones, de índole más personal, si se quiere. Y ahí también uno tiene una herramienta de control sobre eso. Inevitablemente elegimos, nos guste o no, una profesión que tiene que ver con la vida del otro. Sé que a veces se descontrola y es inevitable si de repente esa exposición crece mucho. Pero la realidad es que si eso está atado a tu trabajo y estás feliz con lo que estás haciendo y estás seguro con tu laburo… es parte también.

–La película tiene a la tecnología como uno de los temas centrales. ¿Te da miedo la rapidez del desarrollo tecnológico?

–Sí. Sobre todo cuando está en juego el vínculo humano. En la peli se ve cómo catorce años son más que suficientes para que la tecnología avance tanto. Hoy vos te vas a dormir y no sabés si te puede despertar un robot. Te despertás y decís: “¿Quién sos?”. Y es tu mamá que falleció pero que le cedió la voz y la imagen a un robot. Ese nivel de avance tecnológico podemos llegar a ver. La verdad, da miedo.

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