Microaprendizaje e IA: la revolución de la formación necesita personas, no solo plataformas
Por Gisela Aiello, CEO de Coned
Imaginemos una escena que se repite en muchas pymes. Un equipo decide modernizar su capacitación. Compra una plataforma, sube cuarenta vídeos, veinte PDFs y una evaluación final. Pasan tres meses. Nadie sabe quién terminó el curso, quién abandonó en el segundo módulo ni si algo de lo aprendido se aplica en el trabajo. La tecnología está, pero el aprendizaje no se ve.
No es un problema de herramientas. Es un problema de enfoque.
Qué cambió en la forma de aprender
Durante años, formar fue sinónimo de armar cursos largos. Hoy esa unidad se está quedando chica. El microaprendizaje propone lo contrario: contenidos breves, enfocados en un solo objetivo y disponibles en el momento en que se necesitan, muchas veces desde el celular. Ya no se trata de frenar la operación para capacitarse, sino de aprender dentro del flujo de trabajo.

A esto se suma la inteligencia artificial, que cambia la ecuación. Hoy es posible generar píldoras, actividades y evaluaciones adaptadas a cada persona, y ajustar rutas de aprendizaje según cómo avanza cada quien.
El riesgo: más tecnología, menos estrategia
Cada novedad trae una tentación: sumar herramientas sin preguntarse para qué. El resultado suele ser plataformas que no se integran, equipos sobrecargados y datos que nadie mira. Un aula virtual sin métricas termina siendo un depósito de archivos.
Información desorganizada, capacitaciones dispersas en distintos canales, imposibilidad de decidir con datos en tiempo real. La conclusión es que integrar tecnología educativa es, ante todo, una decisión estratégica.

Lo que hace la diferencia: las personas
La tecnología educativa no falla por la tecnología. Falla cuando se implementa sin acompañar a quienes la van a usar.
Durante el IFE Conference 2025, Juan Pablo Murra Lascurain, rector del Tec de Monterrey, compartió que en un mundo marcado por la incertidumbre y tecnologías disruptivas, la IA representa una oportunidad para cerrar brechas de aprendizaje y ofrecer experiencias educativas más personalizadas. Destacó además que la tecnología sola no va a servir de mucho, es cómo integramos las capacidades de la tecnología con las capacidades pedagógicas de las instituciones, con una intencionalidad estratégica.
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Los mejores resultados aparecen cuando hay un diseño pedagógico claro, una sistema simple y escalable, y un equipo que acompaña después de la implementación, no solo hasta el día del lanzamiento.
Les dejo tres preguntas para empezar
- ¿Qué necesita aprender realmente cada persona, y en qué momento?
- ¿Cómo voy a saber si ese aprendizaje se produjo?
- ¿Quién va a acompañar el proceso cuando la novedad pase?
La revolución de la formación no consiste en tener más contenido ni más plataformas. Consiste en aprender mejor, con tecnología al servicio de las personas. ¿Cómo lo están viviendo en sus organizaciones?

