BTS, en la Argentina: la historia detrás de un fenómeno que moviliza multitudes
Desde Corea del Sur, siete jóvenes convirtieron sus canciones en un suceso global que trasciende la música. Con récords de recaudación, impacto en la economía de su país y una comunidad capaz de transformar la admiración en acción colectiva, construyeron una revolución cultural.
Por Cristian H. Palomba
BTS llegará a la Argentina para hacer tres fechas en el Estadio Único de La Plata: el 21, 23 y 24 de octubre, como parte de su gira Arirang. Los jóvenes surcoreanos que rompieron las barreras idiomáticas en las listas de éxito occidentales sumaron una tercera función, después de agotarse la preventa exclusiva para fans. Ahora, sus seguidores tendrán la oportunidad de ponerle cuerpo y voz a años de canciones escuchadas a la distancia.
Después del anticipo del 28 de octubre de 2022, cuando Jin subió al escenario de River como invitado de Coldplay, llegó la hora de ver a todos los integrantes de la banda frente a la comunidad local que en todo el planeta se identifica como ARMY. Detrás de esa convocatoria hay siete adolescentes con una historia que empezó bastante antes de los estadios y que hoy se mide también en cifras económicas, influencia cultural y capacidad de movilización.
LOS SIETE ELEGIDOS
En junio de 2013, RM, Jin, Suga, J-Hope, Jimin, V y Jungkook se presentaron con una propuesta marcada por el hip hop y una preocupación reconocible para cualquier adolescente: qué hacer con el futuro que otros habían elegido para ellos. “No more dream”, su canción debut, cuestionaba la presión por cumplir expectativas ajenas. Había rap, baile y una actitud desafiante, todavía lejos de “Dynamite”, el hit con el que muchos los descubrirían años después. Ese comienzo permite entender algo de su atractivo: junto con el espectáculo, ofrecían palabras para hablar del miedo a quedarse atrás, de la exigencia y de las ganas de encontrar un camino propio. Antes de convertirse en ídolos, se estaban presentando como compañeros de generación.

El proyecto había empezado a tomar forma alrededor de RM, un adolescente que rapeaba y al que el productor Bang Si-hyuk incorporó en 2010 a Big Hit, la agencia de talentos y sello discográfico que había fundado. Estas empresas reclutan aspirantes, los forman en canto y baile y organizan los grupos que luego lanzan al mercado. Ser elegido abre una etapa de entrenamiento que puede durar años, sin garantizar el debut. Big Hit estaba lejos del poder de las grandes agencias surcoreanas. La idea inicial de un grupo de hip hop fue sumando cantantes hasta encontrar esa combinación de tres raperos y cuatro vocalistas.
En la biografía oficial Beyond the Story, J-Hope recuerda su llegada a la residencia de aprendices en la Nochebuena de 2010: se perdió en Seúl y, cuando finalmente encontró el lugar, lo recibió Suga en calzoncillos. Había ropa por el suelo y restos de comida en la pileta de la cocina. El futuro fenómeno mundial era todavía una casa desordenada.

Sus canciones abren un universo de referencias que va de la literatura al animé. En “Blood Sweat & Tears”, las referencias a Demian, de Hermann Hesse, acompañan una historia de tentación y crecimiento; en “Anpanman”, toman prestado un superhéroe japonés hecho de pan, capaz de alimentar a otros con su propia cabeza. Las referencias visuales invitan a buscar pistas, relacionar canciones y discutir interpretaciones. Esa búsqueda compartida mantiene activa a la comunidad incluso fuera de los escenarios.
NADIE CONQUISTA EL MUNDO SOLO
Detrás de la devoción de sus seguidores hay una dimensión socioeconómica y geopolítica sin precedentes en la industria del entretenimiento. En su momento de mayor actividad, el Hyundai Research Institute estimó que BTS podía generar más de 4.000 millones de dólares anuales para la economía surcoreana, cerca del 0,5% del PBI del país. El mismo estudio calculó que uno de cada trece turistas extranjeros visitaba Corea del Sur motivado por el grupo.

La escala del fenómeno también se mide en las boleterías. Según los datos de Billboard Boxscore publicados a fines de septiembre, la gira Arirang superó los 500 millones de dólares en recaudación acumulada. Solo en agosto, doce conciertos reunieron a unos 800.000 espectadores y generaron 171,7 millones de dólares. Con alrededor de cuarenta fechas todavía previstas, las proyecciones del sector apuntan a una recaudación final que podría superar los 800 millones.
El impacto económico se extiende mucho más allá de las entradas. En 2026, un relevamiento del Ministerio de Cultura de Corea del Sur detectó que los turistas extranjeros que viajaron a los conciertos del grupo en Seúl permanecieron en el país un promedio de 8,7 días y gastaron unos 3,53 millones de wones por persona, alrededor de US$2.400. En Busan, las ventas de los pequeños comercios crecieron un 3,6% interanual durante el período analizado alrededor de los recitales, mientras que el gasto de visitantes extranjeros aumentó un 71,7%. Los conciertos también se convirtieron en motores del turismo y la actividad local.

Esa capacidad de mover la aguja comercial se tradujo en el llamado “efecto BTS”. En 2019, Jungkook mencionó en un chat con sus seguidores que usaba un suavizante de ropa de la marca Downy; en cuestión de horas, el producto se agotó en los supermercados de toda Corea del Sur y la compañía debió disculparse por la falta de stock. También alcanza con que un integrante aparezca leyendo un libro, como ocurrió con I Decided to Live as Me, de Kim Soo-hyun, para impulsar sus ventas, o luzca una pulsera de una pequeña empresa artesanal para generar una demanda que desborda al fabricante.
El alcance del grupo también llegó a la diplomacia internacional. En 2018, RM tomó la palabra ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York, durante el lanzamiento de la iniciativa Youth 2030 de UNICEF. Años más tarde, el gobierno surcoreano nombró a los siete integrantes enviados especiales presidenciales y les otorgó pasaportes diplomáticos para representar al país en misiones internacionales.

El club de fans de BTS, conocido como ARMY, convirtió la admiración en una red global capaz de transformar el consumo en acción colectiva. En junio de 2020, tras conocerse una donación de un millón de dólares de la banda al movimiento Black Lives Matter, sus seguidores activaron la campaña #MatchAMillion e igualaron esa cifra en menos de 24 horas. La capacidad de movilización también se ve en los estadios: la etapa norteamericana de la gira Arirang reunió a casi dos millones de espectadores en 31 conciertos, según informó la agencia Yonhap en septiembre de 2026.
Hay una industria detrás de esa cercanía: discos, contenidos, plataformas y productos que convierten el vínculo en negocio. Reconocerlo no vuelve ficticio lo que siente el público. Sí obliga a mirar la doble exigencia que sostiene el fenómeno: ser impecables sobre el escenario y suficientemente cercanos fuera de él.
CRECER SIN DEJAR DE SER BTS
¿Cuánto espacio queda para cambiar cuando millones de personas creen conocerte de forma personal? En junio de 2022, durante una cena grabada por su noveno aniversario, esa pregunta dejó de ser abstracta. Los integrantes hablaron de dedicar más tiempo a sus carreras individuales. RM cuestionó un sistema que les dejaba poco margen para madurar. Los músicos capaces de movilizar multitudes admitían que necesitaban distancia para entender qué querían hacer.

A esa búsqueda se sumó el servicio militar obligatorio en Corea del Sur, que los siete terminaron de cumplir en 2025. RM profundizó su costado alternativo en Indigo y Right Place, Wrong Person. En una entrevista reciente explicó que trabajar por fuera del grupo le había permitido expresarse con menos condicionamientos y que llevó ese aprendizaje a las nuevas sesiones compartidas.
En 2025, los siete volvieron a convivir en Los Ángeles para trabajar en el regreso. Entrenaban por la mañana y entraban al estudio a la una de la tarde; salían alrededor de las ocho. Trabajaban seis días por semana. Recuperaban una rutina compartida, ahora con carreras propias a las que habrían podido dedicarse. Seguir siendo un grupo requería una decisión compartida.

El resultado fue Arirang, publicado el 20 de marzo: catorce canciones bajo el nombre de una melodía tradicional coreana. “Body to Body”, que abre el disco, incorpora esa herencia musical a su sonido contemporáneo. Después de años de expansión internacional, el regreso vuelve a poner el origen en primer plano.
En La Plata, quienes aprendieron a reconocerlos a través de una pantalla podrán ver juntos a los siete. Pero la dimensión del fenómeno ya se mide mucho más allá del escenario: en las cifras de una gira global, en el impacto sobre la economía de su país y en una comunidad que convirtió la admiración por una banda en una fuerza cultural propia.

