Quién es Tiziano Gravier, el argentino que competirá en los Juegos Olímpicos de Invierno: "La sensación de velocidad me atrapa"
A punto de debutar en los Juegos Olímpicos de Invierno, la joven promesa del esquí alpino argentino reflexiona sobre la madurez que exige la montaña, el peso de las expectativas y la decisión de forjar su camino más allá del legado familiar.
Lo que suceda en un minuto y medio y a casi 150 km/h nunca va a representar fielmente todo lo que hay detrás de un atleta que eligió el frío y el riesgo por sobre la comodidad de un legado familiar. Bajo esos segundos de precisión absoluta se esconden los meses lejos de casa, la madurez alcanzada a fuerza de frustraciones, las caídas y la confianza que sostienen lo que solo se disfruta si realmente uno lo toma como lo que es: un juego. Tiziano Gravier sabe que, aunque su apellido evoque a las pasarelas y al ícono que representa su madre, Valeria Mazza, su hábitat natural es la montaña. Ahí es donde este joven atleta de 23 años ha terminado de forjar el carácter para su gran debut en los Juegos Olímpicos Milán-Cortina 2026. Desde Austria, y a días de que se encienda la llama, comparte lo que significa llevar la bandera argentina ante los ojos del mundo y explica por qué, a veces, la mayor victoria es simplemente no olvidar la sonrisa de aquel chico que empezó a esquiar solo para pasar un rato más con su hermano.

–Esto que comenzó como un juego de vacaciones en familia te llevó a convertirte en un atleta de alto rendimiento que está a punto de representar a la Selección argentina nada menos que en unos Juegos Olímpicos. ¿Qué pasó en el medio en todos estos años?
–No sé si tengo que agradecer o condenar a mi hermano (se ríe). Él fue el primero que se metió en el mundo del esquí, cuando tenía ocho años y yo cinco. Yo quería pasar un rato más con él, entonces lo seguía a todos lados. Como me metían en su grupo y con gente más grande, fui aprendiendo rápido. Me divertía mucho lo que hacía, me gustaba, y los resultados realmente me acompañaban.
–¿Balthazar soltó el esquí o dijo: “Che, el chiquito es mejor que yo, por las dudas me retiro”?
–(Se ríe) No, él compitió hasta los 19 dentro del equipo nacional, pero se rompió los ligamentos cruzados. Justo había empezado la facultad, priorizó eso en la recuperación y después no volvió más.
–El alumno superó al maestro.
–(Se ríe) Parece que sí; pero sin maestro no hay alumno.
–¿Por qué elegiste esquí alpino? ¿Qué aspectos tácticos y técnicos tiene esta disciplina que te enganchó?
–Porque es muy completo y combina velocidad con fuerza y coordinación. Es un deporte anaeróbico, las bajadas duran entre un minuto y un minuto quince, uno y veinte, como mucho. Necesitás mucha explosividad y potencia, pero al mismo tiempo ser muy preciso. Y a mí esa sensación de velocidad me atrapa.
–A vos te encanta, pero los que te miran desde afuera deben sufrir al verte en pista.
–Sí, a mi mamá es a la que más le cuesta. A veces le da miedo y hasta prefiere no mirar. Pasa que llegamos a 130 o 140 km/h. Desde adentro sé que está bajo mi control, pero desde afuera entiendo que impresiona, porque al final el esquí es un deporte de riesgo y las lesiones también son parte.

–Teniendo la posibilidad de continuar por el camino construido por tu mamá en el modelaje o de tu papá como empresario, ¿hubo una especie de rebeldía en querer ser deportista?, ¿o fue tan natural que no tuviste tiempo de pensarlo así?
–Creo que fue algo natural, pero porque también en casa crecimos con el deporte muy presente. Mamá, antes de entrar en el mundo del modelaje, nadaba en su club en Paraná y competía regionalmente. Es más, ella cuenta que cuando era chica su objetivo era ir a unos Juegos Olímpicos, pero tuvo que tomar una decisión respecto a su carrera y así se dio. Mi viejo jugó muchos años al rugby en el SIC y fue pumita. Entonces, al final, los que nos inculcaron el deporte fueron ellos. Y el esquí hoy sigue siendo uno de los pocos momentos en los que podemos estar en familia.
–Más allá del orgullo que debés de generarles, calculo que igualmente quieren el título, ¿no? ¿Cómo combinás la carrera con tu presente?
–Sí, eso no lo negocian. Estoy ahí, estudio Negocios Digitales, me faltan siete materias. La meta era terminar la carrera antes de estos Juegos, pero se me alargó un poquito (se ríe).
–¿Cómo fue crecer en una familia con tanta exposición social?
–La verdad, creo que mis viejos hicieron un muy buen laburo. Tengo el recuerdo de ir a lugares públicos cuando era chico y que la gente le pidiera fotos a mamá y yo no entendía por qué, me ponía re celoso, no me gustaba. Hasta que una vez me enojé y, al llegar a casa, los dos nos explicaron un poco la situación. A partir de ahí lo empezamos a tomar como lo que es, ni más ni menos. Entendiendo que tiene sus cosas buenas y otras que no tanto.
–¿Cómo te manejás hoy con tu exposición en redes?
–Estoy empezando a mostrarme un poquito más, pero me cuesta. Para mi carrera tal vez es importante, porque justamente no es una disciplina tan popular, y está bueno compartir y difundir. Por eso estoy encontrándole la vuelta y publicando algunas cosas que hago que tal vez sean interesantes para que se conozca el deporte.
–En pista tal vez no te mira, pero en redes tu mamá es tu fan número uno, y todos los días va compartiendo algo tuyo, su propia cuenta regresiva.
–Sí, y es más, hasta me da una mano para que suba cosas.
–Ah, es tu community manager.
–(Se ríe) Sí, sí, ella me ayuda. El otro día publiqué un video compartiendo el diseño del casco nuevo; pero claro, el crudo quedó largo, faltaba ahí una edición, unos subtítulos. Y se lo pasé a mamá y enseguida lo acomodó. Yo solo grabé y después apreté “Publicar”; en la parte del medio no tuve nada que ver.

–El camino del deportista de alto rendimiento está repleto de sacrificios y también de resiliencia. Si tuvieras que pensar en algún sacrificio que tuviste que hacer, ¿cuál se te viene a la cabeza?
–Siempre que hablamos de esto me gusta usar la palabra “esfuerzo”, aunque nada… sé que son sacrificios. Yo entiendo que soy muy afortunado en poder hacer lo que me gusta y es algo que elijo todos los días. Capaz el esfuerzo principal es el de pasar tanto tiempo fuera de casa. Cuando a los 14 decidí prepararme para los Juegos Olímpicos de la Juventud tuve que viajar cada vez más. Y ahí me costaron los últimos años del colegio, no por lo académico, sino por perderme cosas, extrañar a mis amigos. Me perdí el viaje de egresados; la graduación; la fiesta, que en ese momento era lo más, y todo eso me puso bastante mal. Pero sé que es parte del camino.
–Seguro en resiliencia también habrás tenido varias experiencias, pero entiendo que lo que sucedió en 2022, al ser víctima de una golpiza por una especie de clasismo, habrá marcado un antes y un después. ¿En qué te ayudó el deporte para sobrellevar esa situación?
–Fue una situación que no elegí ni estar ni pelearme, fue algo que “ligué de rebote”. Estábamos a un mes de que arrancara la temporada y la pasé bastante mal: no podía comer, bajé ocho kilos, no podía entrenarme... El deporte me ayudó muchísimo porque me dije a mí mismo que quería volver lo antes posible, y con el objetivo de ser campeón sudamericano por primera vez. Eso me dio un foco claro para mirar hacia adelante. Fui de menos a más, y en la última competencia salí de muy atrás, gané y salí campeón. Fue un lindo logro para un momento particular.
–¿Cómo influyó ese episodio en tu manera de ver la sociedad?
–Hasta ese momento tenía la mentalidad de que nada podía salir mal. A veces soy así y para muchas cosas es bastante bueno, porque suelo ser positivo y optimista, pero en este caso, si miro para atrás, entiendo que fui descuidado. Estaba en un lugar que no conocía, me estaba moviendo como si fuese un pez en el agua, y no, no era así. Hay que ser un poquito más cauteloso en situaciones y lugares que uno no conoce. Y entender que a veces las cosas malas pasan por más que uno no las elija y no están a nuestro alcance controlarlas. Siempre, de todo, alguna enseñanza te llevás.
–Y también fue una manera de, si se quiere, poner en discusión mediática las desigualdades y prejuicios que atraviesan a todos los jóvenes.
–Sí, creo que estuvo bueno que se hable un poquito de eso, y ojalá, dentro de la situación mala, haya servido para reflexionar.

–A días de representar al país ante tantas otras banderas, ¿qué significa para vos ser argentino? ¿Y cómo creés que nos ven en el mundo?
–Creo que ser argentinos es un lujo, más que nada por cómo vivimos: normalizamos mucho lo que es la familia, la amistad, eso de juntarse, el saludo, un beso y un abrazo… Cuando me toca viajar a otros países, voy a saludar a alguien, me acerco y a veces me como el amague, hasta quedo desubicado. Ponele ahora estamos en Austria, y sí, tiene muchas cosas buenas, es un país más ordenado, pero la gente no tiene nuestra calidez. Entonces, la cercanía es un privilegio, y siempre voy a valorar eso. En otras cosas sería bueno estar más de acuerdo y no tan separados.
–Pispeando un post tuyo de hace un tiempo, decías: “Estoy seguro de que el Tiziano de diez años estaría orgulloso de poder competir con los mejores del mundo”. ¿Qué le actualizarías en la posdata a ese Tiziano de diez años?
–Que cuando me divierto y la estoy pasando bien, las cosas me salen bastante mejor. Y que el esquí es un juego; por más que me encante competir y querer mejorar, no tengo que perder de vista que es un juego. Eso lo escribí después de mi primera temporada de Copa del Mundo: por un lado me encontré en el lugar en el que siempre quise estar, pero noté que no lo disfrutaba porque sentía que me faltaba nivel, que quería mejorar de inmediato. Y me frustré por no entender que era parte de un proceso de adaptación. Cuando volví a Buenos Aires tuve que dejar pasar varios meses para tomar un poquito de dimensión de que había sido muy duro conmigo mismo. Mi debilidad puede que sea que me tomo las cosas muy a pecho, y eso no ayuda. Obvio que el foco va a ser siempre mejorar, pero también quiero disfrutar un poco lo que estoy haciendo porque está buenísimo, y si no lo disfruto ahora, en un par de años voy a mirar para atrás y decir: “¡Qué nabo! ¿Cómo no estaba todo el día con una sonrisa?”.
Fotos: gentileza prensa Federación Argentina de Ski y Andinismo (FASA)

