Matías Bottero: "Soy defensor del streamer independiente"

El youtuber y creador del formato Entre dos suculentas, el programa de entrevistas que busca abordar temas controvertidos con preguntas filosas, reflexiona sobre el humor, la autogestión de los streamers y el rol de la inteligencia artificial en su trabajo: “Nunca va a poder identificar qué hace reír a la gente”.

Matías Bottero no necesita demasiada presentación: es el creador de La basura semanal, referente de un humor ácido y sin filtros, y responsable de uno de los formatos más explosivos de YouTube en los últimos tiempos, Entre dos suculentas. Con entrevistas que incomodan tanto a invitados como al público, Matías convierte el hate que rodea a cada personaje en comedia, con un formato que hereda del clásico Between Two Ferns, de Zach Galifianakis, pero con una impronta argentina que lo hace único. Acá las respuestas del invitado importan menos que las barbaridades que dice el entrevistador.

En tiempos atravesados por grietas y discursos de odio, el youtuber elige un camino distinto: con irreverencia desarma la hostilidad y en el proceso deja al descubierto lo absurdo de ciertas lógicas sociales y digitales. Este año cierra con Bottero ovacionado en un Gran Rex a sala llena, donde Martín Cirio invirtió roles y lo entrevistó con preguntas diseñadas por el equipo de Matías a sus espaldas. La noche tuvo momentos memorables, como la revancha de Coscu, con la participación de Mernuel, Bauleti y otros referentes del mundo digital que hicieron brillar en vivo al formato.

–¿Qué es lo que más te atrajo de "Between Two Ferns" para decidir reproducirlo acá con idiosincrasia argentina?

–Me empezaron a aparecer un montón de clips en TikTok del programa, porque le di like a uno y el algoritmo me taladró. Ya venía haciendo entrevistas incómodas en los sketches “Mito y realidad” con profesionales de verdad, y ahí se unieron las cosas. Por un lado, incomodaba a la gente, y al público le encantaba; por otro, acá nadie hacía el famoso roast. Las notas suelen alabar al invitado, incluso los políticos van a canales afines donde no los cuestionan. Entonces, decidimos enfrentar a la gente con sus críticas más demoledoras. La diferencia más importante con el original, que obviamente siempre va a ser mejor porque es el original, es que acá el invitado no conoce las preguntas y eso lo hace más real.

–Un diferencial tuyo es que siempre les das mucha importancia a los guiones. ¿Cómo preparás cada episodio de Entre dos suculentas?

–Eso que mencionás, para mí es clave: jamás subiría un video si no está bien guionado y muy laburado. El equipo ahora somos Thiago y yo, generalmente tardamos tres o cuatro días en armar cada suculenta, depende del invitado. Primero hacemos una investigación, dividimos los temas, los quilombos, y tratamos de ver todas las cosas de las que nos podemos agarrar para hacer chistes. Queda un guion de treinta carillas y después lo bajamos a once. Es un laburo más relajado que La basura semanal, porque ahí, a veces, había que guionar noticias muy jodidas para hacer chistes. Me acuerdo de estar cuatro horas mirando el techo sin que se nos ocurriera nada.

–Con estos blancos que mencionás a la hora de escribir, ¿qué rol juega la IA en tu trabajo y qué cosas creés que no va a poder reemplazar?

–Es una compañera de laburo fundamental. Cambió un poco toda la forma en la que se encara lo creativo. El principal trabajo con la IA, por lo menos hoy, es pulirla, porque todavía no puede hacer chistes. Pero sí sirve mucho para evitar los blancos. Vos estás trabado con una temática, no sé, “tal le metió los cuernos a tal”, y le decís al ChatGPT: “La noticia es esta, necesito que me digas lugares por los que pueda ir”. Te tira ochenta ideas, de las cuales setenta y cinco no sirven, pero rescatás cinco que actúan como disparador. Me encanta ver los avances y al mismo tiempo me asustan. Hay una cosa ahí medio masoquista de investigar más para sentirme cada vez peor (se ríe). Estamos frente a un cambio de paradigma donde por lo menos un 50 por ciento de los trabajos van a desaparecer. La IA puede reemplazar el laburo automatizado, pero nunca va a poder identificar qué hace reír a la gente. En lo artístico, en lo creativo, hay algo que no puede ser reemplazado.

–En la entrevista que hicimos hace cuatro años me dijiste que para vos no había límites en el humor. ¿Esa percepción sigue igual?

–No, con el tiempo me di cuenta de que decir eso es muy simplista. Teóricamente, el humor no debería tener límites, pero cuando edito los videos dejo afuera mínimo siete chistes porque entiendo que hay algo que no da. Y cuando digo sacar no es que ese contenido va para miembros del canal, son eliminados completamente. Entonces, sí que hay tope. Para mí tiene que ver con el tiempo, es clave.

–Creciste desde la última vez que te entrevisté, me emociona.

–(Se ríe) Por eso creo que siempre estuve muy en contra de la cancelación; todos tenemos que tener un margen de error. Como creadores de contenido, como humoristas, no podemos no tener espacio para equivocarnos, porque es ahí donde aprendemos. ¿Cómo pretendés, como decís vos, que yo crezca o evolucione si no me das la posibilidad de mandarme cagadas? Si a la primera que hago un chiste fuera de lugar me cancelan, tengo que dejar de laburar. Igual el humor disruptivo cambió. Hoy me pregunto todo el tiempo: “¿Cuál es el humor negro ahora, el rebelde?”. Hay que replantearse con qué nos reímos para que sea “revolucionario”, por así decirlo.

–En otros lugares del mundo, los programas de streaming se dan en plataformas globales, como YouTube, Twitch o Kick. En cambio, en la Argentina, son medios de comunicación propios que funcionan como la TV. ¿Qué pensás sobre esto?

–No me da el tiempo para decir todo lo que pienso, pero básicamente hay dos cosas. Primero: no existe que haya ochenta canales de streaming con programación de ocho horas y cientos de personas para tan pocos espectadores. Es una burbuja que se va a romper. No estamos en la época en que todas las familias comían con la tele prendida. Entonces, ¿por qué existen? Por un lado, empresarios con FOMO que no quieren quedarse afuera de un negocio inexistente; por otro, objetivos más turbios que no voy a detallar. Y después están los mainstream, que no creo que sean el éxito que nos quieren vender. Si invertís miles de dólares y no superás a Martín Cirio solo con su cámara o a Mernuel y Bauleti desde su casa, algo no cierra.

Blender compite con Olga y Luzu, pero ignoran a los streamers que les pasan el trapo. Es un éxito fantasioso que conviene a marcas y medios tradicionales. No es de soberbio, pero a mí me ven dos millones de personas en YouTube, estoy solo, y las marcas no se agolpan por pautar en mi canal. Me parece raro y está bueno abrir el debate. Soy defensor del streamer independiente: quiero que los youtubers hagan contenido por su cuenta y no se vayan a otros canales. Estoy en esa batalla; jamás voy a trabajar para canales de streaming.

–Quizás te entrevisto en dos años y estás en un canal de streaming.

–(Se ríe) Puede ser, por eso te digo lo que pienso ahora. Obviamente, en el futuro no se sabe, imaginate que hace cuatro años te dije que en el humor no hay límites y ahora te digo lo contrario. Todo puede pasar.

–¿Un invitado pendiente que tengas para Entre dos suculentas?

Tinelli es mi objetivo del año que viene. Lo gestionamos para el Gran Rex; no te digo que estuvimos cerca de conseguirlo, pero al menos ya estábamos hablando con su gente, a punto de tener una reunión, hasta que saltó toda la polémica familiar. Quizás, cuando baje un poco la espuma de todo eso, se anime. Tengo fe en que lo vamos a conseguir.

Fotos: @vickychiara.ph

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