Hernán Casciari: "Mi gran orgullo es haber organizado un sistema de comunidad para hacer las cosas que me divierten"

Escribe historias, pero también las comparte, las produce y las convierte en experiencias colectivas. El creador del universo Orsai construyó una comunidad global en torno a sus relatos y afirma que ese es su mayor orgullo. Enemigo del copyright, recuerda los primeros cuentos publicados de forma gratuita en su blog y asegura: “Si vendo muchos libros es porque mucha gente me ha leído antes”.

Cuando le preguntan por esos libros que marcaron su infancia, Hernán Casciari no duda en mencionar Las aventuras de Tom Sawyer, una de las novelas más recordadas de Mark Twain. Su protagonista, un chico ingenioso y soñador que vive con su tía Polly, decide rebelarse e ir en busca de sus propias experiencias (desde vivir como pirata en una isla hasta presenciar un asesinato en el cementerio) para forjar su identidad.

Pero hay una escena que a Casciari le resuena más que ninguna otra: aquella en la que el personaje es obligado a pintar un cerco como castigo y convence a sus amigos de que es una tarea divertida para que hagan el trabajo por él. Tanto, que hasta le pagan con sus objetos y tesoros más valiosos por el privilegio de ocupar su lugar.

El creador de la editorial Orsai no creció a orillas del río Misisipi, sino en Mercedes, provincia de Buenos Aires. Pero así como Tom Sawyer les hacía creer a sus amigos que su responsabilidad era un placer, Casciari transforma su trabajo en un juego que otros disfrutan. “Mi gran orgullo es haber organizado un sistema de comunidad para hacer las cosas que me divierten”, resume en esta entrevista con EPU. Y basta con conocer algunos de sus últimos proyectos para comprobarlo.

–Hace poco dijiste que en la juventud intentabas ser un escritor inteligente, de esos que escriben cosas inteligentes, y te salía mal. ¿Hoy podés decir que resignificaste lo que es ser un escritor inteligente?

–Uh, o en todo caso, lo pude esquivar con cierta gracia. Pude hacer unas morisquetas para que nadie se diera cuenta de que tan inteligente no soy. A mí me parece, visto así de lejos, que me reconozco. Cuando era chico no me importaba solo contar el cuento, también me gustaba que pagaran la entrada. Hay algo en la gestión del cuento que me divierte un montón. Entonces, voy por los costaditos y no estoy el 100 por ciento del tiempo pensando en el párrafo, en el adjetivo, en la parte sibarita del texto. Antes le llamaba no ser un escritor inteligente y ahora le llamo no ser un escritor obsesivo con el resultado del texto. Soy más obsesivo con el resultado de la experiencia.

–Te iba a preguntar si extrañabas ser solo un escritor, pero creo que ya me respondiste.

Creo que es más una cuestión de la época. Antes no podía ser otra cosa más que solo escritor, y hoy me cuesta pensar en alguien a quien le interese solamente escribir. A mí me divierten muchísimas cosas alrededor del juguete: me gusta la juguetería, el marketing del juguete, cómo está hecho, si es de plástico o de madera. El juguete es todo, no es solamente jugar. Entonces, me siento muy cómodo usando todas las herramientas de la comunicación; las que existen, y las que no, ver cómo hacer para que existan.

Pionero del crowdfunding en la Argentina, desde 2021, Casciari convierte sus historias en proyectos audiovisuales y teatrales gracias al financiamiento de miles de socios. Así, produjo la película Más respeto que soy tu madre, el documental Muchachos, la película de la gente, la miniserie El mejor infarto de mi vida y la obra La señora que me parió, actualmente en Paseo La Plaza. “Hoy no podría hacer casi nada de lo que me gusta si antes no se lo contara a una comunidad numerosa que me sigue en cualquier pelotudez que le propongo. Porque, en realidad, no hay ideas trasnochadas; hay poca gente del otro lado que escucha. Si vos tenés una idea excéntrica y del otro lado hay un montón de gente esperando a ver qué cosa nueva hay para divertirse, es muy difícil que salga mal.”

–Pensaba en "El mejor infarto de mi vida". Ese cuento lo contaste dos veces en "Perros de la calle". La primera no pasó nada; pero después de la segunda te llegaron propuestas de cuatro plataformas para llevar esa historia a la pantalla.

¡De eso hablo! Ese es el contexto. Muchas veces el cuento puede estar bien, pero si no tenés conciencia de dónde lo estás contando, cuándo, frente a quién y en qué circunstancias, algo que está bien puede pasar completamente desapercibido. Me interesa un montón ese mundo, el mundo de cómo hacer para que las cosas ocurran. Ese dato es paradigmático para mí, aprendí mucho. Leí algo durante un feriado; no hay que leer durante un feriado. Sobre todo si está bueno, hay que hacerlo cuando la mayor parte de la gente esté atenta.

Fue la primera serie argentina que Disney distribuyó globalmente. ¿En qué aspectos notaste la masividad del estreno?

Te das cuenta muy rápido de cosas que pasan y no son habituales. Las búsquedas de Google en diferentes idiomas para ver cómo era la cara de mi mujer fue una cosa clarísima. “¿Cómo es la mujer de Casciari?”, “¿Es verdad lo que le pasó a Casciari?”. Y todo en idiomas raros. En mi alerta de Google aparecían cosas en volúmenes estrambóticos. La cantidad de gente comprando libros, oyendo mis podcasts o consumiendo mi universo empezó a ser altísima. Fue una meseta larga, que después siempre te deja más alto porque mucha gente te empieza a consumir. Eso fue muy loco. Pasó en este caso y cuando Messi mencionó un cuento mío en 2022.

–¿Tenés alguna especie de ranking de esos momentos “consagratorios”?

Sí, siempre son relativos a las circunstancias de la época. En 2004, yo tenía un blog en el que fingía ser una ama de casa de 70 años, que después fue lo que hizo Gasalla en teatro, Más respeto que soy tu madre. Pero en ese momento nadie sabía que yo escribía lunes, miércoles y viernes fingiendo ser una vieja. Y en un momento en que Maradona estaba muy muy complicado de salud, esa vieja escribe una carta contando que su marido le rezaba a Maradona durante toda la noche, o a Dios para que Maradona no muriera, y ella estaba en contra de Diego, entonces le escribe una carta explicándole por qué. Se viralizó muchísimo para esa época, tanto que fifa.com levantó la información pensando que esa vieja existía y tradujo el texto a doce idiomas con el enlace al blog. Esa fue la primera vez que dije: “Epa, acá pasa algo”.

–Como escritor, vos estás en contra del derecho de autor. De hecho, publicás todos los PDF de tus libros gratis en tu web. Hoy demostrás que, gracias a eso, vendés más. Pero al principio tuviste que estar muy seguro de tus textos. ¿Siempre que tenés una historia entre manos confiás en que a la gente le va a gustar?

Sí, eso seguro. Pero la primera parte de la pregunta yo creo que fue al revés. Yo empecé escribiendo gratis, no es que un día se me iluminó la cabeza y como María Teresa de Calcuta liberé todo. No, yo escribía sin más alegría que que la gente me leyera en el blog. Y un día, cuando Más respeto que soy tu madre empezó a tener más de 100 mil IP únicas esperando un nuevo capítulo, que se interesó Random House Mondadori, inventé un inciso, que fue la primera vez que ocurrió en español y creo que en inglés también. Yo firmé un contrato con ellos y la cláusula 8 decía que, para que se publicara esa novela, tenía que bajar de internet esos textos. Y les dije: “Ni en pedo. Esto ya lo regalé, no puedo ir casa por casa para que me devuelvan el regalo. ¿Cuál es la lógica?”. Y entonces negociamos, y pusieron el inciso 8, que dice que las cosas pueden quedar en internet si son anteriores. Eso no había pasado nunca, porque internet todavía no generaba obras de largo aliento.

Más respeto que soy tu madre fue la primera novela que se publicó escrita con los borradores a la vista en internet. Entonces, yo nací gratuito. Mis libros son gratuitos desde antes de que sean libros. Ahí no hay una filantropía ni nada, es mi manera de trabajar. Y estoy convencido de que si vendo muchos libros es porque mucha gente me ha leído antes.

Hace algunos años, Casciari dejó la ciudad para mudarse a San Antonio de Areco, un pueblo que le recuerda a su infancia. “Se puede pensar distinto con espacios amplios, mucho verde y silencio. Me hace bien a la cabeza”, confiesa. Por esa razón, a principios de 2025 llevó su recital de cuentos, Sottovoce, a un restaurante histórico de la zona, e implementó talleres de narrativa virtuales con hasta 750 alumnos por comisión, que brinda desde la comodidad de su casa. “No me muevo más”, ironiza. Y ahora su poder de persuasión hará que eso suceda.

–El gran problema de los talleres virtuales es la despersonalización. ¿Cómo estás trabajando con eso?

Intento que el alumno se dé cuenta de que cuando escribe un texto, en ese momento tiene un focus group de 749 personas que lo están mirando, desde diferentes países, de diferentes edades, y además les doy la estadística de qué piensan de eso que están escribiendo, y eso no te lo da nadie. Trabajo desde lo multitudinario, pero ofreciendo que esa multitud sea un plus y no un defecto.

–En tu página web hay un apartado que explica “quién corno es el señor Casciari”. Si tuvieras que resumirlo, ¿qué me dirías?

Que es uno que cuenta historias. Yo creo que en eso entra todo lo que hago.

Fotos: Alejandro Calderone Caviglia

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