Ariadna Asturzzi: "Me da mucho placer combinar la actriz con la autora"

Con su obra Las hijas consiguió que el circuito comercial apostara por una pieza nacional y hoy es uno de los fenómenos de calle Corrientes. Aquí, comparte el proceso creativo detrás del guion y habla de la negociación artística con Adrián Suar.

Ariadna Asturzzi está viviendo un momento de ebullición creativa que la tiene en varios frentes a la vez. Escribió "Las hijas", obra dirigida por Adrián Suar y protagonizada por Pilar Gamboa, Soledad Villamil y Julieta Díaz, que es un éxito rotundo en el teatro Maipo. Pero además se luce en el escenario del Paseo La Plaza con "El jefe del jefe" y acaba de estrenar la serie "La hija del fuego", ya disponible en Disney+. “Me está dando mucho placer poder combinar la actriz con la autora”, dice en esta entrevista con EPU en la que agradece su presente.

–Contame cómo surge la idea de escribir "Las hijas". ¿Es una obra por encargo o ya tenías material escrito?

–Siempre que me dicen “obra por encargo” me suena raro. Yo no lo diría así porque la siento muy mía. Algo que es por encargo, tal vez, lo percibiría más lejano. Pero sí es cierto que el disparador inicial me lo dio Adrián Suar. Yo había trabajado con él como actriz en "Inmaduros". En ese mismo momento estaba haciendo "Melincué", donde escribía, dirigía y actuaba en el Teatro del Pueblo, y Diego Peretti fue a verla. Fue muy generoso y le dijo a todo el elenco: “Che, fui a ver una obra de esta piba y escribe re bien”. Adrián, que siempre tiene interés en buscar gente nueva, sobre todo autores, paró la oreja y al tiempo me preguntó si tenía algo de material para leer. Después de terminar la gira de "Inmaduros" seguimos en contacto, para su cumpleaños nos juntamos con todo el elenco y ahí me dijo: “Tengo una idea de algo que me parece que lo tiene que escribir una mujer. Pensé en vos. ¿Te animás a probar?”. Fue muy cauteloso, porque no me conocía como autora.

–¿Qué te propuso exactamente?

–Me dijo: “Quiero montar algo para tres actrices que hagan de hermanas y una madre con alzhéimer”. Eso fue todo. Por eso no la siento como un encargo, fue un disparador muy copado porque, para mí, él tiene una lectura inteligente del mundo, del momento y de lo popular. Es un productor artístico muy involucrado en la creación, no es de los que te piden que les entregues la obra terminada. Empezamos a reunirnos, iba leyendo, charlábamos, y pasó algo muy lindo que fue que en las primeras páginas me propuso que jugáramos a ver a quiénes nos imaginábamos actuando.

–¿Pilar Gamboa, Soledad Villamil y Julieta Díaz surgieron en la primera instancia de ese juego?

–Dentro de varios nombres que fuimos tirando, pensamos en ese trío ideal. Yo escribí pensando en ellas. Obviamente, con la salvedad de que había que ver si les interesaba el proyecto, si les gustaban los personajes y si las agendas eran compatibles. Cuando les pasó el texto y las tres dijeron que sí, con devoluciones muy generosas, fue espectacular.

–¿Podés compartirme alguna de esas devoluciones?

–Sole, por ejemplo, le mandó un audio a Adrián diciendo que la había leído dos veces y se había emocionado, había llorado. Dijo: “Claramente, esta obra está buena, está bien escrita, es dinámica, me encanta el personaje”. Pilar, en la primera lectura, contó que nunca había hecho teatro comercial porque tiene su grupo Piel de Lava, y que aunque le habían mandado muchas propuestas, nunca sintió que fueran para ella. Con esta obra dijo que sí, porque está buena y siente que estamos haciendo teatro.

–Es importante señalar que la gran mayoría del teatro comercial no es de autoría nacional; menos, de una mujer, y mucho menos, contemporánea, así que es un orgullo que vos, y ojalá pronto otras mujeres, empiecen a ocupar esos espacios. ¿Cómo vivís eso?

–Exacto. En este momento, en teatro comercial y con autoría nacional, están "Empieza con D 7 letras", "Chanta", las Marull y no mucho más, por eso valoro tanto el gesto de Adrián. También es muy lindo para las actrices contar una historia nuestra, con personajes de una idiosincrasia que nos pertenece. Ojalá que haya más espacios para más mujeres. No quiero ser el estandarte, me encantaría que esto no fuera la excepción, sino más bien la regla.

–¿Alguna anécdota que me puedas contar del proceso creativo?

–Cuando iba por dos tercios de la obra sentía que faltaba algo, estaba trabada. Tuve un sueño y fue que la obra tenía que tener tres monólogos. Se lo dije a Adrián, me escuchó en silencio y me dijo que lo pruebe. Agregué los tres monólogos de un tirón, y cuando leyó el material me dijo: “No sé, me parece difícil. Estamos apuntando a algo bien popular”. Yo le insistí y le juré que iba a funcionar. Hasta ese momento venía muy abierto a todas mis sugerencias, me festejaba mucho los chistes, le gustaba el tono, pero esto no lo veía. Entonces le dije: “Hagamos una negociación: yo puse los monólogos de manera tal que si los sacás, la historia funciona igual. Compartíselos a las actrices, ensayalos; si no funciona, me banco que los saques”.

–¿Y qué te dice ahora que los monólogos son una parte estrella de la obra?

–Ahora lo reconoce, y todo el tiempo dice: “No saben lo que rompió Ari con los monólogos; al final tenía razón” (se ríe). Él encontró una manera muy hermosa de que entraran escénicamente. Las tres actrices dijeron que lo que más les gustaba eran los monólogos, que introducían un lenguaje más poético y que le daban teatralidad a la obra.

–¿Estuviste presente en los ensayos?

–Sí, estoy muy agradecida porque fueron muy generosos. Me invitaron a los ensayos, iba dos veces por semana, estuve totalmente activa. El equipo de dirección éramos Adrián, Toqui (el asistente de dirección, que es un capo, con una mirada superinteligente) y yo. No se cambió una coma sin preguntarme. Hasta amigos que han dirigido obras mías no han sido tan respetuosos con mis textos (se ríe). Me preguntaban todo, o si a las chicas algo les quedaba incómodo, me sentaba con cada una a corregir. Si bien la obra tiene un tono muy fresco, el mérito enorme es de las actrices, que se apropiaron del texto y lograron que pareciera que está todo improvisado, que sea natural. También es mérito de Adrián por el timing, el oído que tiene, cómo dirigió y cómo mezcló cada bloque para que tuviera su ritmo.

–¿Cómo estás viviendo esta repercusión? La sala llena, la devolución hermosa del público…

–Estoy muy flasheada. No lo digo de soberbia, pero algo en mí sentía que iba a funcionar así. No sé cómo explicarlo, era una intuición. El día del estreno estábamos con todo el equipo en la cabina mirando cada cosa que pasaba, el público se cagaba de risa, y Adrián dijo algo que para mí fue un piropo enorme: “Ah, bueno, parece Mar del Plata”. Seguimos hasta el 7 de diciembre en cartel y después reponemos en enero en Buenos Aires, pero en una sala que todavía no puedo decir cuál es.

–También estás actuando en "El jefe del jefe".

–Sí, es otra bomba de calle Corrientes con Diego Peretti, Federico D’Elía, Juan Isola, Cristián Jensen y Andrea Lovera. Nos dirige Javier Daulte. El chiste es que ahora compito conmigo misma (se ríe). Me está dando mucho placer poder combinar la actriz con la autora. Siento que en general hay una mirada de “o sos una cosa o sos la otra”. No. Yo soy actriz, voy a seguir actuando, y puedo hacer las dos cosas.

Fotos: Gabriel Machado

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