Rita Cortese: "Ser feliz haciendo algo es fundamental"
Su participación en la exitosa serie En el barro, que llegó al Top 1 del ranking global de Netflix, la confirma como una de las grandes intérpretes argentinas. Con la vocación intacta, habla de la construcción de personajes complejos, la falta de ficción en la televisión argentina y el entusiasmo como motor imprescindible en su oficio.
Rita Cortese se impone como una de las presencias más destacadas de En el barro, la serie de Netflix que incorpora la narrativa femenina en el universo de El marginal y que ya alcanzó el Top 1 de habla no inglesa en el mundo. Figura tercera en los créditos, luego de Valentina Zenere y de Ana Garibaldi, e integra un auténtico seleccionado interpretativo con actrices como Juana Molina, Carla Pandolfi, Camila Peralta, Lorena Vega, Cecilia Rossetto, Maite Lanata y Justina Bustos; figuras internacionales, como Carolina Ramírez y Ana Rujas; e íconos de otras disciplinas, como María Becerra y la recordada Alejandra “Locomotora” Oliveras.
En el barro combina la temática social al estilo Leonera de Pablo Trapero, altas dosis de violencia y un desprejuiciado relato del erotismo con referencias ochentosas, como la icónica Atrapadas, dirigida por Aníbal Di Salvo y protagonizada por Leonor Benedetto.
Dentro de un intenso presente laboral que conjuga cine, música y series, Rita Cortese se toma un tiempo para dialogar con El Planeta Urbano y repasar diversos hitos de su trayectoria.
–Sebastián Ortega habló sobre el frío que hacía en los galpones donde filmaron la serie. ¿Cómo lo llevaste?
–¡Horrible! (se ríe) El frío era brutal, son galpones muy altos. Ahí hace mucho estuvo instalada la automotriz General Motors, y después la tabacalera Nobleza Piccardo. Son muy abiertos y de chapa; con el invierno tan crudo que tuvimos el año pasado fue realmente tremendo. Si afuera tenías 6 grados, adentro de La Quebrada hacía 6 bajo cero.

–Tu personaje, Cecilia Moranzón, es alguien que detenta el poder pero que parece haber tenido buenas intenciones en un principio y se fue corrompiendo en el camino. ¿La construiste así?
–Yo creo que la gente llega a determinados lugares de la vida por alguna razón, ¿no? La interpreté así porque quise darle verdad al personaje. Elegí anclarme en su angustia y en que no pudo ser madre; su soledad no es elegida sino una consecuencia de vida. Hay algo con su niñez también, yo la veo como alguien que pudo haber tenido una infancia muy desvalida. Más allá del negocio que implicaba el tráfico de bebés en el penal, donde el médico que interpreta Marcelo Subiotto parece más cruel, ella pensaba que hacía cierto bien, entre enormes comillas, con sus actos.
–Uno de los momentos más esperados en los ocho episodios de esta temporada son tus encuentros con Gerardo Romano, esos duelos entre Moranzón y Antín. ¿Cómo los viviste?
–Con mucho amor, yo lo quiero muchísimo a Romano, me parece un actor fantástico. Tenemos un código parecido por el tiempo que llevamos en este mundo. Aunque uno crea que eso no existe, hay un código de actuación, podemos estar hablando fuera de libreto durante horas. Hubo mucha libertad y lugar para la improvisación.
–¿El tema del robo de identidad que trata "En el barro" remite a la dictadura, por más que pase ahora?
–Por supuesto, pero como la dictadura no es ficción sino una realidad que hemos vivido, su nivel de crueldad es terrible. Creo que es una herida única que tiene la Argentina, aunque en este momento estamos en presencia de un gobierno que no reconoce esa perversidad como tal y hace gala de esa crueldad.

–¿Cómo fue tu vínculo con las actrices internacionales de la serie, Carolina Ramírez y Ana Rujas?
–Con Anita nos hablamos aún hoy, ha estado en casa, es preciosa y una actriz fantástica. Todo se dio muy bien con ambas; en ese sentido ha sido una experiencia muy feliz. Imaginate algunas compañeras que tuve... estuvo Cecilia Rossetto, que es una actriz inconmensurable y a la que no vemos tanto. Lamentablemente, corre la suerte de lo que está pasando con la ficción argentina. No hablo de las producciones que están dentro del marco de las plataformas sino de nuestras ficciones tradicionales, las de televisión.
–¿Es tan caro hacer una ficción en televisión o es un tema estratégico? En Brasil, por ejemplo, conviven las novelas de Rede Globo y otras cadenas televisivas con las plataformas.
–Me lo pregunto todo el tiempo, quizás desde el desconocimiento, pero no creo que sea más caro hacer una ficción acotada que esos programas de entretenimiento brutales que hay. Por ahí estoy equivocadísima, pero me lo cuestiono; yo creo que la no ficción en televisión es producto más de una decisión que de otra cosa. Es una estrategia política y cultural que entrega los contenidos a plataformas extranjeras.

–En esta serie trabajaste con Sebastián Ortega, pero antes lo hiciste con su hermano Luis en la película Monobloc. ¡Estás muy afín al universo Ortega!
–Sí, es verdad, trabajé en la segunda película de Luis y estoy unida al universo Ortega fundamentalmente por él. Yo lo ayudé a producir Caja negra, que fue su debut como director. Se filmó en 2001, me acuerdo por el atentado a las Torres Gemelas. Yo estaba haciendo El sodero de mi vida, Luis me invitó a ver su película y quedé totalmente fascinada. Ahí nomás armamos una proyección en un lugar que se usa mucho para funciones privadas, llamado Metrovision. En ese momento salía 200 dólares hacerlo. Le dije: “Compremos dos o tres cajas de champagne e invitemos a todo el mundo” (se ríe). ¡Vino muchísima gente!
–En Monobloc también trabajaste con Graciela Borges. ¿Son amigas?
–Somos muy amigas, nos adoramos. Nos cruzamos en la televisión por primera vez, nos miramos a los ojos y no nos separamos nunca más.
–Hablando de proyectos anteriores, el año pasado te vimos en Blondi y en Los domingos mueren más personas, dos películas dirigidas por actores. ¿Influye que quien dirige sepa también lo que es actuar?
–Y sí, pero lo que más influye es la pasión, que alguien esté desesperado por hacer algo; en mi caso, eso es lo que más me lleva a superarme. Por ejemplo, acabo de hacer una película que se llama Una película ficticia con los chicos de Fuera de Campo, dirigida por el colombiano Vladimir Durán. Cuando entré en la locación, vi que teníamos una sola luz; la directora de fotografía, Victoria Pereda, hizo algo realmente impresionante con muy pocos elementos, pero el nivel de amorosidad en la producción fue extraordinario, y la verdad es que fui muy pero muy feliz. Yo adoro ese cine que se hace acá, con tantas ganas y esfuerzo.

–¿Ser feliz en el trabajo es tu prioridad por encima de lo económico o de otras cuestiones?
–Absolutamente. No tomo trabajos que no me interesen o que tengan cierta vulgaridad. Ojo, soy una privilegiada porque lo puedo hacer, otros no están en condiciones de darse ese lujo. En este momento, sobre todo, hay gente que necesita trabajar en lo que venga; la posibilidad de elección la tomo como un privilegio mío. Igual, me ocurre a esta altura del partido, después de haber laburado toda la vida. Ser feliz haciendo algo es fundamental; uno puede meterse en todas las sombras que quiera, pero esa voluntad de trascendencia cuando estás frente a algo que te importa me parece esencial.
–Si hablamos de esos trabajos que quedan en la memoria, vos actuaste en El sueño de los héroes, la película de Sergio Renán. ¿Cómo lo recordás a él?
–Uy, mirá vos esa película, ¡pasaron tantos años! ¿Cómo lo voy a recordar a Renán si no es maravillosamente siempre? Además era de Racing, igual que yo. ¡Con los hinchas de Racing nunca me peleo! (se ríe).
–En el rubro de la actuación hay varios, ¿tenés algún hincha de Racing favorito?
–Por supuesto, nadie como Alberto Martín. Era una cosa tremenda, él tenía en su camarín una bandera del club... ¡como debe ser! También Joaquín Furriel es un hincha divino, fijate que estamos hablando de toda gente hermosa.

–No podemos despedirnos sin mencionar a Damián Szifron y tu participación en Relatos salvajes. ¿Cómo viviste esa experiencia?
–Mirá, acá te voy a dar un verdadero ejemplo de lo que es la pasión en un director, eso me unió con Damián para siempre. La historia nuestra, dentro de esa película magnífica, se filmaba de noche. Julieta Zylberberg recién había parido a Luis, su hijo mayor, y lo amamantaba en el set. Se rodaba desde las 6 de la tarde hasta las 6 de la mañana. Y cuando llegaba el momento de cortar después de 12 horas, ¡a Szifron lo sacabas solo con un escribano! (se ríe) Él quería seguir y seguir pero la gente se caía, era muy intenso, y yo lo entiendo, porque él da tanto que te hace entrar en un lugar muy sagrado. Lo adoro, me parece un director extraordinario, un tipo que abriga el arte y un desesperado. Eso me gusta.
Fotos: Cris Welcomme | Netflix

