El poder del menswear: nuevas formas de vestir en clave masculina
Desde la sastrería clásica hasta las huellas del gaucho y el trabajo artesanal, cinco diseñadores locales proponen rompen con lo establecido y abrir otras maneras de expresarse a través de la ropa.
El mercado de indumentaria masculina está en auge. Impulsado por el crecimiento de las ventas online, la búsqueda de prendas que reflejen identidad y el deseo de romper con la idea del “uniforme de oficina”, el mercado de moda para hombres representa un crecimiento acelerado.
Según un reporte de IMARC Group, el mercado global de menswear alcanzó USD 624,3 mil millones en 2024 y proyecta llegar a USD 984 mil millones para 2033, manteniendo un crecimiento del 5% anual. Aunque aún no supera al mercado femenino, sí evidencia una posición mucho más fuerte del consumidor masculino, que busca propósito, calidad, identidad y comodidad.
En la Argentina, la moda masculina viene siendo explorada a través de prendas que retoman técnicas artesanales de distintos rincones del país. Diseñadores locales reinterpretan elementos tradicionales del traje, como cuellos y solapas, para darles un giro contemporáneo. También recuperan figuras identitarias, como el gaucho, o referencias al universo deportivo, en una búsqueda por construir una nueva narrativa sobre la masculinidad argentina.

FRANCISCANO: OFICIO, TIEMPO Y TRAJE
“Franciscano hoy representa un estilo de vida, una situación de uso y un usuario que busca un servicio pensado para incorporar un traje cien por ciento artesanal”, explica Francisco Gómez sobre Franciscano Sastre, la casa de sastrería artesanal ubicada en el centro porteño, que se sostiene bajo tres pilares: materia prima 100% natural, 90% de costura a mano y pruebas personalizadas.
Su enfoque, que combina tradición y contemporaneidad, se desarrolla con una mirada a largo plazo en cada pieza. “Una prenda artesanal puede durar 50 o 100 años, y mis clientes vienen a buscar eso: algo atemporal que puedan usar con distintas camisas, distintos zapatos y distintos looks; que se pueda desarmar, readaptar”, afirma el sastre. “Hoy el hombre se viste con más libertad, pero cuando quiere transmitir confianza, elegancia o responsabilidad, sigue recurriendo a lo formal. La sastrería no pasa de moda: se resignifica.”
Defendiendo el oficio, Franciscano invita a pausar y respetar el proceso frente a los cambios y desafíos en la creatividad en la era de la inmediatez y las imágenes generadas por inteligencia artificial. “Estamos viviendo un momento en que el cliente viene con un panel de imágenes y vos tenés que enfrentarte a eso. Se está perdiendo la noción de lo que es un proceso de diseño verdadero, y eso se tiene que volver a enseñar.”

EL UNIVERSO ARTESANAL DE MATÍAS CARBONE
En su atelier, donde sus diseños conviven con técnicas ancestrales y piezas únicas realizadas en colaboración con artesanos de todo el país, Matías Carbone abre las puertas de un universo creativo profundamente personal. Después de años como director creativo de reconocidas marcas locales, el diseñador argentino encontró en su firma homónima un espacio para explorar el oficio desde la emoción, la identidad y una noción de lujo anclada en lo auténtico.
Cada prenda nace del encuentro entre lo hecho a mano y una mirada estética contemporánea. Con producción en baja escala y un equipo reducido, Carbone trabaja con tejedores, bordadores, sastres y artesanos de todo el país. “El lujo es eso: poder hacer lo que amamos, con los recursos que tenemos cerca, sin apurarnos, sin atajos”, afirma. Las piezas incluyen tejidos con tintes naturales traídos desde Catamarca, lana trabajada en telar tapiz, bordados a mano con técnica ñandutí o sastrería de confección impecable.
Lejos del estereotipo de la moda local, Carbone busca construir una nueva masculinidad: sensible, libre y plural. “No hacemos básicos. Diseñamos prendas con alma, que dialoguen con quien las viste y con el contexto. Todo convive en un solo perchero, sin compartimentos ni etiquetas”, resume. Con presencia internacional en mercados como Japón y Francia, la marca afirma su raíz argentina en cada detalle, defendiendo el diseño como un proceso, un lenguaje y una forma de resistencia.

UN DISEÑO SIN FÓRMULA POR SEBASTIÁN RAIMONDI
“Raimondi nace de la necesidad de hacer lo que realmente quiero hacer”, afirma Sebastián Raimondi, diseñador y fundador de la marca que lleva su apellido. Tras una primera experiencia con socios y una década al frente de otro proyecto, Raimondi decidió apostar por una firma propia, sin temporadas ni tendencias impuestas, guiada por la intuición, la dedicación y la libertad creativa.
Con una estética ecléctica y emocional, propone un universo donde cada prenda cuenta con una carga personal y conceptual. Las piezas, confeccionadas en pequeñas cantidades, están pensadas para ser únicas: “Hay prendas que no saco a la venta si no me convencen. Prefiero regalarlas o usarlas yo mismo antes que ofrecer algo que no esté a la altura de lo que quiero que la marca exprese”.
El vínculo con el cliente es fundamental: las colecciones ready-to-wear conviven con propuestas a medida, y el showroom funciona con citas para brindar una atención personalizada. “Me interesa que la experiencia sea íntima. Que el cliente toque, pruebe, charle, entienda de dónde sale lo que se pone.”
En paralelo, la marca expande sus códigos con proyectos como una cápsula inspirada en Buenos Aires o el desarrollo de un perfume junto al perfumista francés Enzo Barrau. “No hago estudio de mercado. Me gusta crear algo que aún no exista. Que incomode o fascine. Como la ropa que diseño: o te gusta o no te gusta, pero nunca pasa desapercibida”, asegura.

BOB HONORES: FORMA, CUERPO Y MOVIMIENTO
Bob Honores se destaca por una mirada que combina técnica, emoción e identidad. Autodidacta, con una trayectoria marcada por la experiencia más que por lo académico, pasó por Tramando y hoy lidera el equipo de diseño de JT, donde continúa experimentando con materiales, formas y vínculos entre cuerpo y prenda. “Siempre trabajé en espacios donde pude diseñar desde mí mismo”, resume.
Su universo creativo se mueve entre lo sensible y lo funcional. Las referencias al deporte no son solo estéticas: son biográficas. “Crecí en una ciudad chica. El deporte fue mi lugar de confort. Algo que me salvó y me obsesiona”, cuenta. Esa energía vital se traduce en piezas técnicas que conservan calidez, pensadas para moverse, durar y generar memoria.
Lejos del canon clásico, su trabajo repiensa lo masculino desde la tensión, el archivo y el deseo. “Todavía falta, pero hay un crecimiento. Hay una identidad que empieza a respetarse y un diseño que encuentra su lugar, aunque sea inestable.” Su obra es reflejo de eso: una masculinidad abierta, en construcción, que elige el diseño como forma de lenguaje y resistencia.

GERARDO DUBOIS Y UNA MASCULINIDAD SIN ATADURAS
Con una estética que cruza lo artesanal, lo teatral y lo latinoamericano, Gerardo Dubois propone, a través de Bandoleiro, una forma de vestir que se aleja de lo normativo y busca conmover (foto de portada). “Descubrí que me fascinaba diseñar ropa de hombre; era un lenguaje poco explorado para mí, y me permitió crear desde otro lugar”, cuenta.
Sus colecciones están habitadas por referencias al western criollo, las pasamanerías, los flecos, los bordados y los textiles con historia. Cada prenda está pensada para ser protagonista, cargada de detalles y dramatismo. Bandoleiro trabaja con textiles limitados, procesos manuales e intervenciones personales. “El diseño artesanal es el corazón de la marca. Me interesa que la prenda tenga fuerza, que se banque estar sola, que te cuente algo apenas la veas”, dice el creador.
Lejos de los códigos clásicos del menswear, Dubois defiende una moda emocional, con identidad y sin fórmulas. A lo largo de su recorrido colaboró con Disney, vistió a Björk y vendió piezas a museos. Hoy la marca mantiene su impronta independiente a través de drops espontáneos y campañas virales, como la protagonizada por Esteban Lamothe. Para el futuro proyecta una línea de ropa interior más comercial, sin perder el ADN poético, provocador y artesanal que hace única a Bandoleiro.


