Santiago Korovsky: "Si no escribo y dirijo, no les encuentro tanto sentido a las cosas"

Con el estreno de la segunda temporada de División Palermo, el cerebro detrás de la exitosa serie habla sobre el humor como herramienta para repensar la inclusión, los desafíos de representar minorías sin caer en clichés y su necesidad de involucrarse a fondo en cada paso del proceso creativo. Desde su fanatismo por El Eternauta hasta el insólito mito de que es la misma persona que Martín Piroyansky, una charla sin filtro en la que se anima a responder todo.

“¿Querés empezar una nueva etapa con más reconocimiento y más desafíos, o te conformás con lo que tenés?”, le pregunta una mujer que trabaja en los servicios de inteligencia al agente más destacado de la Guardia Urbana de Palermo. Duda, más por miedo que por lealtad a su brigada, pero responde que sí: que está listo para ser el héroe de una nueva historia. Felipe Rosenfeld es Santiago Korovsky, creador, protagonista y director de División Palermo, una serie que se convirtió en fenómeno no solo por su humor ácido, sino por su capacidad de reflexionar sobre el lugar que ocupan las minorías en la sociedad. Lejos de querer acaparar la atención, pone el foco en esas realidades que suelen quedar fuera de plano, y lo hace con ironía, sensibilidad y una aguda lectura del presente.

Sentado en las oficinas de Netflix, al lado de una estatua tamaño real del Eternauta, charla con El Planeta Urbano sobre el detrás de escena de la segunda temporada y la fuerza colectiva del trabajo en equipo, y confirma que la icónica frase “Nadie se salva solo” es el corazón de su proyecto más personal.

–Si la Guardia Urbana es una especie de "El Eternauta" para las minorías, ¿podríamos decir que Felipe es un Juan Salvo?

–(Se ríe) No, Juan Salvo es mucho más valiente que Felipe, claramente. Mirá, desde que soy adolescente que mi sueño era dirigir El Eternauta. Eso no sucedió y no va a suceder, por suerte. Bruno [Stagnaro] lo hizo de una manera increíble. Pero hay algo del espíritu de “Nadie se salva solo” que también está en nuestra temporada. El otro día leí la primera sinopsis que escribimos hace dos años y terminaba así: “Nadie se salva solo”. Obvio, tomando la frase de Oesterheld, pero que ahora tomó otra dimensión con la serie y el presente. Me parece que hay algo de ese concepto de equipo, de la unión que hace la fuerza, que en nuestra serie está presente.

División Palermo S2. Santiago Korovsky. Cr. Sebastián Arpesella / Netflix ©2025

–¿Qué preferís: dirigir o actuar ahora?

–Me parece que dirigir. O sea, actuar es más divertido, pero sentirme creador de algo me genera una pulsión de vida, por decirlo de alguna manera. Es más fuerte que lo otro. Hacer las dos cosas es medio complicado. Por suerte tengo ayuda de codirectores, y la verdad es que es algo bastante estresante. La actuación es un lugar muy lindo donde aprendo, pero si no escribo y dirijo, no les encuentro tanto sentido a las cosas.

–¿Por qué creés que a la gente le llegó tanto "División Palermo"? Más allá del humor que nos invita a repensar cómo nos paramos frente a las minorías.

–Yo soy una persona muy torpe y, por ejemplo, cuando me acerco a Lucre Gómez, nuestra asesora en discapacidad que está en silla de ruedas, lo primero que me sale decir es un chiste tonto. Nos miramos y enseguida me digo: “Santiago, no aprendiste nada en estos dos años. Sabías que no tenías que decir eso”. Me corrigen, uno aprende, y la torpeza sigue siempre ahí. Entonces, el chiste está siempre puesto en nosotros queriendo ser inclusivos y siendo unos idiotas, porque es la realidad. ¿Viste que hay una frase que dice: “El infierno está empedrado de buenas intenciones”? Tiene que ver un poco con eso. Muchas veces por querer ser buenas personas e inclusivos terminamos siendo condescendientes, solemnes, anulando al otro e infantilizándolo.

–Además de tu rol como actor, guionista y director, en la producción también sale tu lado de comunicador social e investigás sobre los temas que vas a tratar. ¿En qué mundos más te metiste para esta temporada?

–En los servicios de inteligencia (se ríe). Si bien todo lo que contamos en la serie obviamente es una ficción, había que tener un mínimo verosímil. Hay un espíritu argentino de tratar de mostrar la diferencia entre la expectativa que tenía Felipe en relación a los servicios secretos y la realidad. También nos juntamos con chicas sordas, asesoras de fundaciones que trabajan con personas con síndrome de Down, autistas, integrantes de la comunidad coreana…

–Un laburazo en serio para no caer en los estereotipos.

–Sí, mucho trabajo con los mismos actores, como Hernán Cuevas y Facundo Bogarín, que ellos cuenten cómo viven su discapacidad, de qué cosas se ríen, qué les sucede. Fue un trabajo para ampliar mucho y poder acercarnos a nuevos mundos que nos permitan representar eso y darles una vuelta de tuerca a los personajes.

–Después de todo este trabajo, ¿qué es para vos la inclusión?

–Aprender mucho de ellos. El 90 por ciento de los actores y extras tienen una discapacidad o conforman una minoría, y en la serie son representados. Ellos formaron parte del proceso de producción de principio a fin. Y la idea fue darles lugar no por ser buenos, sino porque me parece que aportan un mundo y un valor que les da otra dimensión a los personajes.

–En un contexto bastante complejo para las minorías y, sobre todo, para las personas con discapacidad.

–El mundo ya es bastante difícil para ellos, hay personas que necesitan que desde el Estado se las proteja y las ayuden a salir adelante. Todo esto me da más ganas de que la visibilidad sea una oportunidad para que justamente ellos puedan contar con precisión sus experiencias de vida y que se sepa lo que atraviesan.

–¿Es verdad que sin Incaa no existiría "División Palermo"?

–Sí, comenzó así: nosotros ganamos un concurso de series web del Incaa que nos permitió hacer un pequeño trailer, luego lo vendimos a una productora como K&S, y después ellos desarrollaron la serie junto a mí y un equipo de guionistas para vendérsela a Netflix, que vino e invirtió el dinero para la realización. Y me parece que es un caso que está bueno, y lo hablo desde mi experiencia: el Estado hizo una pequeña inversión que generó una inversión mucho más grande en el campo audiovisual.

Necesitamos un Instituto de Cine activo, nadie puede estar en contra de eso, no es un gasto. Porque a veces se contrapone que hay chicos que no tienen para comer con que se hagan o no películas. Y me parece que cuando se hacen inversiones inteligentes en la cultura, se termina generando más trabajo, más ingresos.

–Dicen que la realidad supera a la ficción, y ahora llevaron a la pantalla la confusión entre Martín Piroyansky y vos para seguir alimentando el mito de que son la misma persona. ¿Cómo fue la experiencia de invitarlo a ser parte de tu proyecto?

–Martín fue de las primeras personas que me dirigió cuando hacíamos Tiempo libre, hace muchísimos años, y esta vez fue la primera que yo lo dirigí a él, y estuvo buenísimo. Somos muy amigos, aprendí mucho de él escribiendo y viéndolo hacer su trabajo, nos debíamos esto. Entonces surgió la idea de este personaje, un judío de Villa Crespo que me viene a sacar el lugar porque hace todo bien y hasta mejor que yo. Básicamente, estaba escrito para él (se ríe). Porque es muy particular lo que pasa en la calle, me cuesta entender por qué la confusión.

–Porque, siendo sinceros, no son tan parecidos físicamente.

–Claro, entiendo que somos actores, guionistas, comediantes, judíos, que hacemos cosas parecidas, pero es muy loco el efecto que se produce cuando la gente se confunde de verdad. Vienen y me dicen: “Che, Martín”, y yo: “No, soy el otro”. Hay un chiste e incluso muchos lo saben y me dicen: “Ay, caí, yo sabía…”. Quien te dice que ahora sí quede claro quién es quién (se ríe).

–Pero hasta viven en el mismo edificio, ¿cómo no querés que los confundan?

–Eso es verdad, él está en el piso 11 y yo en el 10. Seguimos jugando al tenis juntos, charlando de nuestros proyectos y riéndonos mucho del mito igual.

División Palermo S2. Santiago Korovsky. Cr. Sebastián Arpesella / Netflix ©2025

–Si bien en la serie hay un robo que puede ser una gran estafa, no llega a ser el segundo robo del siglo, como el que vos mismo planteaste: el tuyo con Celeste [Cid]. ¿Cómo manejaste esa exposición cuando confirmaron en redes sociales su vínculo?

–A los coreanos los durmieron un poco, pero ahí mi personaje fue inocente. Acá el chiste fue porque sabía la que se venía (se ríe). Al principio fue un poco incómodo en la calle, o cuando estaba en el supermercado, porque me decían: “¿Eso lo vas a pagar o vas a seguir robando?”. Después de ese día, todo fue un poco mucho para mi gusto, así que ahora tengo que tener cuidado con los chistes que hago. Ese tipo de exposición no es algo con lo cual me sienta cómodo. Me parece que está bueno mantener cierta intimidad y privacidad, por eso tratamos siempre de cuidarla dentro de lo que se pueda.

–En redes se había generado un debate y entonces te lo tengo que preguntar: ¿Confirmás que el flaco que hace reír es el que se termina ganando a la mina?

–(Se ríe a carcajadas) No, no puedo confirmar ni negar nada. Solo te puedo decir que con Celeste nos reímos mucho, ella me hace reír mucho a mí. Después, no sé, debe de haber todo tipo de experiencias, así que hay lugar para todos.

Fotos: Sebastián Arpesella / Netflix

Artículos Relacionados>

Por Rolando Gallego

A los 55 años, el protagonista de clásicos como La sociedad de los poetas muertos, Generación X, la trilogía Antes del amanecer y Boyhood, brilla en Blue Moon como Lorenz Hart, papel por el cual estuvo nominado a los premios Oscar y Globo de Oro. En este mano a mano exclusivo con EPU, el actor revela por qué este viaje en el tiempo fue de lo más desafiante de su carrera: “La clave para hacer este tipo de películas de época es no ser nostálgico”, confirma.

Por Marcela Soberano

Con el estreno de El último gigante en la pantalla de Netflix y a la espera de la segunda temporada de Barrabrava, el intérprete atraviesa un presente de gran exposición. En esta entrevista, habla de su búsqueda actoral y comparte su mirada sobre una carrera que, lejos de la urgencia por el protagonismo, se construye en el tiempo: “La visión de la profesión como una línea ascendente no es la mía”, asegura.

Por Rolando Gallego

A los 30 años, la actriz se pone en la piel de la reina de los Países Bajos para protagonizar Máxima. En su segunda temporada, la serie se mueve entre tres idiomas y recorre un arco que va de la intimidad a la vida pública, signado por la exposición, la tradición y la falta de elección. Recién llegada de Europa, vuelve a Buenos Aires con un proceso largo todavía encima y la dificultad de poner en palabras lo actuado.

Por Rolando Gallego

A casi diez años del estreno de su última película, la directora más influyente del cine latinoamericano presenta Nuestra tierra, un relato potente sobre el colonialismo y el racismo institucional en la Argentina. En exclusiva con EPU, analiza el presente de la industria, revela la próxima historia que le gustaría contar en pantalla y asegura: “No quiero tener una carrera, quiero tener una opinión sobre el mundo y una estrategia de transformación”.

Por Facundo Cancro

La ex nadadora olímpica presenta Ninfas, una exposición fotográfica con imágenes tomadas bajo la superficie, y cuenta cómo el agua dejó de ser un territorio de exigencia para convertirse en uno de exploración y libertad. En esta entrevista, reconstruye su paso del alto rendimiento a la práctica artística y define: “Hoy es un espacio que me abre las puertas a la creatividad”.

Por Marcela Soberano

Luego de su paso por En el barro y con su primer protagónico en Amor animal, la actriz da un salto decisivo en su carrera. En esta charla, habla del desafío de sostener un personaje central y de las exigencias del rodaje.

Por Rolando Gallego

La figura del teatro argentino regresa al Metropolitan con Maldita felicidad y se reencuentra en escena con Paola Krum. En esta entrevista, dialoga sobre las cosas que dan sentido a la vida y pone en valor el encuentro con el otro: “Cuando uno es bueno y hace algo por el otro, siente un bienestar”.

Por Gimena Bugallo

A treinta años de su irrupción en la industria, la cantante mexicana regresa a Buenos Aires con un repertorio que sigue atravesando generaciones. Desde su ciudad natal y en diálogo con EPU, anticipa su show en el teatro Gran Rex.