Juan Ingaramo: "Lo que más disfruto de mi humilde camino es que me voy sorprendiendo siempre"
Mientras se prepara para lanzar su cuarto disco de estudio, el cantante se anima a debutar en el teatro musical. En exclusiva con EPU, comparte detalles de su vínculo con Violeta Urtizberea, habla del amor como motor creativo y los desafíos que lo mantienen en movimiento
Sos músico, metiste tres discazos y está asomando el cuarto. Tu formación es clásica y rigurosa, pero tu estilo es pícaro y desenfadado. No seguís recetas, fórmulas ni reglas, por eso te viniste desde Córdoba a romperla en Buenos Aires y la prendiste fuego. Te le animaste a Violeta Urtizberea en aquella noche de San Valentín que te trajo un gran amor y una hija increíble llamada Lila. Participaste en El reino, la serie que predijo nuestra distopía, y ahora serás el Richard Gere cordobés de Florencia Peña en Pretty Woman, un gran musical basado en la película que se estrenará en el Teatro Astral. Juan Ingaramo, ¿sos vos? Qué duda cabe. El original, no acepta imitaciones.
–¿Cómo se siente ser un Richard Gere criado a fernet?
–(Se ríe) Todavía no sé qué decirte porque no hemos estrenado, aún lo estoy construyendo. Y si bien nosotros conocemos la historia por el personaje de Richard Gere, estoy haciendo mi propia versión, ¿viste? Quizás este es un empresario cordobés, no sabemos bien de qué rubro es la empresa que se apropió, después del 21 de mayo veremos quién es...
–Ya venías coqueteando con la actuación desde tu personaje en "El reino", pero ahora en "Pretty Woman" hay que tirarse directo al romance.
–Es tal cual, te diría que llegó la hora de pasar del romance a los bifes, sobre todo porque es teatro. En el entorno audiovisual estás más protegido, podés repetir las tomas, tenés la edición a tu favor… Actuar así es más fácil, en cambio en el teatro es aquí y ahora, no hay tu tía. Sobre todo en el musical que tiene tan desarrolladas las tres disciplinas, baile, canto y actuación, es un desafío enorme. Y lo que más me atrajo fue eso. Soy adicto a los desafíos, a probar cosas nuevas. A veces sale bien y otras no tanto, pero prefiero correr el riesgo a quedarme en lo cómodo, aún pagando el precio.

–La última vez que entrevistamos a Violeta nos dijo que la ves siendo muy feliz cuando actúa y que quizás tus ganas de hacer teatro tienen que ver con eso. ¿Es así?
–Sin dudas convivir con Violeta me da confianza, me ayuda. Sé que cuento con una opinión más que autorizada en casa, ¿viste? Hacer teatro por lo que voy descubriendo es desnudarse al máximo, abrazar la propia miseria, enfrentar la vergüenza. Es muy fuerte, en ese proceso uno pasa por todos los estados de ánimo. Ahí es cuando la presencia de Violeta se hace imprescindible para decirme: “A ver amor, ¿qué pasa? No te preocupes, esto es así”. Me da tranquilidad para seguir afrontando el proceso de la creación que es el más duro. Yo creo que después, cuando llegue el estreno, en el contacto con el público estaremos más cerca del disfrute.
–Camila Sosa Villada dice que en el amor no hay vergüenza. Nombraste un montón de sentimientos por los que estás pasando, ¿hacer teatro se parece a estar enamorado?
–Y sí, tal cual, porque uno se muestra vulnerable tanto en el amor como en la exposición dramática y en el arte en general. Es donde más auténtico sos, en el amor sos vos mismo y en el escenario también, porque si no lo das todo se nota. Cuando ves a un actor tímido, al que le da vergüenza lo que hace o que está muy impostado, con poca verdad, te das cuenta al toque. El escenario es muy delator. Ahora que lo pienso, tengo que decirte que sí, el teatro es bastante parecido al amor, se ve quién está más enganchado y quién no.

–Hasta ahora venís sacando un disco cada dos años. Best Seller en 2018, La batalla en 2021 y el último, Welcome to Córdoba City, salió en 2023. Estamos en 2025 y queremos noticias, ¿se viene el nuevo?
–(Se ríe) ¡Lo estoy terminando! Justo ahora en estos dos meses de ensayo puse una pausa, pero ya está bastante cerca. Es un disco que me encanta, lo estoy disfrutando mucho. Lo hemos producido con Mariano Otero, el ex de Flor Peña, que es un gran amigo, lo admiro mucho. Y te digo que, retomando lo que hablábamos de la sinceridad, es uno de mis discos más sinceros, me siento más yo, es en el que menos compongo un personaje.
A mí siempre la música me sirvió de plataforma para contar historias, es una forma de ficcionar. Mientras hablamos, estoy pensando en una paradoja: ahora que estoy metido en la ficción es cuando más genuino y fiel a mí estoy siendo con la música. Es increíble cómo los caminos artísticos se complementan. En este disco podría decirte que soy el verdadero. Todavía no tiene título, pero mandé lo de “El verdadero” y quién te dice que después no termine llamándose así, eh (se ríe). Capaz no, pero es una opción.

–No nos vayamos de Córdoba que todavía tengo un par de preguntas. Siempre hay un momento de epifanía donde decís: “Esto es lo mío”. ¿Tu momento fue cuando escuchaste al mítico Mono Fontana tocando el piano en el Hotel Edén de La Falda?
–Uf, es como si tuviera un reel de esa noche en la retina. Sobre todo porque el hotel Edén tiene como una mística muy particular, lo envuelve un aura de misterio, es un edificio fantasmagórico, como nuestro Hogwarts (se ríe). Yo crecí en un entorno lleno de estímulos de ese tipo y es muy loco que nunca se me haya inculcado el mandato de ser músico, fue al contrario te diría. Siempre estaba la advertencia sobre lo difícil que es dedicarse al arte. Eran otros tiempos, ¿no? Pero lo que más disfruto de mi humilde camino es que me voy sorprendiendo siempre.
Yo tocaba la batería, tenía una banda en el colegio, cuando terminé el secundario decidí estudiar la Licenciatura en Composición. Cuando ingresé en la Facultad me enamoré de la orquestación, de la música clásica y de la música contemporánea. Luego me vine a Buenos Aires persiguiendo el sueño de mi banda y cuando mi compañero se volvió a Córdoba, no me rendí, dije: “Yo tengo mis canciones”. Sin darme cuenta terminé cantando y armando una carrera solista, lo cual en su momento fue una sorpresa hasta para mí, un territorio nuevo.

–¿A veces está bueno dejarse llevar?
–Sí, porque mi carrera fue creciendo, empezaron las posibilidades para actuar en series y ahora estoy en Calle Corrientes haciendo un gran musical. Lo lindo es que si bien tuve el sueño de hacer lo que me gusta y vivir de mi pasión, ese impulso fue cambiando de forma y eso es lo mejor de la vida, elegir todos los días. Volvemos al amor, pero es así; cuando uno se enamora no es solamente decir te amo y quiero estar toda la vida con vos, es necesario elegirse a diario, sino dentro de 15 años capaz no querés más eso pero tenés el mandato firmado. Para mí la música es un devenir constante de sorpresas y decisiones impulsadas por mi pasión, sin tantas obligaciones ni reglas muy estrictas más que el compromiso y la libertad.
–Tu abuelo Domingo Rakosi Ingaramo fue pianista de tango, tu viejo Mingui es un gran músico de jazz pero, ¿cómo marcó tu vida crecer en el barrio San Vicente donde está el mítico Estadio Sargento Cabral , templo de La Mona Jiménez?
–Y, viste que uno esas cosas las descubre a la distancia. Yo siempre lo naturalicé porque el Sargento Cabral era parte de mi cosmovisión, el cuarteto y el barrio. Ahora en perspectiva lo veo como un manantial de cultura cordobesa. Hace poco me homenajearon con una baldosa que tiene una estrella con mi nombre tipo Hall of Fame de San Vicente, una locura (se ríe).

Lo más lindo del barrio es que fui muy feliz ahí, tuve la suerte de haber crecido en una época donde se salía mucho a la calle y fui muy libre, uno tenía amigos de todos lados. A cinco cuadras estaba la villa, yo vivía en un edificio y nos juntábamos los pibes de los departamentos con los de la villa y los del club, todos convivíamos en la plaza del mercado jugando a la pelota y disfrutábamos del carnaval. Si bien no soy cuartetero, de ahí quedó mi amor por el cuarteto. Es una música que me inspira y me lleva a esos años felices. Siempre está como inspiración, es la propia historia.
–La última. Alguna vez te vimos en el viejo Cocineros argentinos de la Tv Pública haciendo un Fernandito. Desde entonces cuando alguien lo prepara distinto pensamos que está mal. ¿Podés pasarnos la receta maestra?
–Uy, ¡qué responsabilidad! Me gusta el vaso con mucho hielo porque si el Fernet está frío va a ser rico por más que no tenga gas. No creo que haya una medida estándar, a algunos les gusta más livianito y otros lo toman fuertísimo, es como cada uno lo sienta. Pero el tip clave es el orden, primero el hielo, después el Fernet y por último la Coca. A veces veo a porteños que sirven la gaseosa en el vaso, Fernet y después hielo, ¡noooo! Mi preferido es con Coca Light o Coca Zero. Confieso que he sido cuestionado por eso pero me la recontra banco y se la peleo a cualquiera.
Fotos: Agustín Dusserre @agustindusserre
Estilismo: Florencia Herrera @floriherrera2110
Pelo y Make Up: Maca Atauri @macu.atauri
Agradecimientos: @perramusoficial @lacoste

