Enrique Bunbury, trovador errante: "Lo del público de Buenos Aires no es normal"

Tras el lanzamiento de su más reciente álbum, el artista se prepara para reencontrarse con su público en el Estadio Ferro de Buenos Aires, acompañado por Huracán Ambulante, su banda histórica que regresa después de veinte años. En esta entrevista exclusiva, comparte el proceso de grabación, reflexiona sobre el paso del tiempo y revela cómo el desafío de su salud marcó su presente.

Con el pulso sereno de un caminante literario, Enrique Bunbury transita el lanzamiento de su nuevo álbum Cuentas pendientes como un peregrino, custodio de tradiciones antiguas y sembrador de nuevos destinos. En esta travesía de acordes y memorias, despliega un mapa tamizado en el folclore, buscando reconectar con las voces primeras que lo habitan. Arropado por la guitarra española, el piano, el contrabajo y la percusión, cada canción evoca un diálogo con el pasado, donde la transitoriedad se celebra y la nostalgia se transforma en un canto de amor al presente.

“No es un disco de rock, no hay electrónica”, advierte el artista, consciente de que su obra abraza una herencia sonora más cercana a la fuente que a la modernidad. Los textos, que se debaten entre lo popular y lo literario, persiguen un equilibrio sutil en territorios que muchos maestros ya recorrieron. Un disco que es brújula y memoria, semilla y horizonte, y que confirma, una vez más, que el verdadero arte reside en la obstinada necesidad de seguir creando, aun cuando el mundo entero parezca guardar silencio, esperando ser abrazado por una nueva melodía.

–Este nuevo disco recorre una diversidad musical muy amplia y, sin embargo, las canciones parecen conservar un lazo íntimo con tus orígenes. ¿Qué hilo conductor creés que las atraviesa?

–Bueno, es que lo has explicado muy bien. En realidad es una aproximación a la música que he vivido y he bebido históricamente a través de lo que oían mis abuelos y mis padres, de la música que he apreciado y disfrutado en viajes personales y profesionales por Latinoamérica, de la pasión que he tenido por los grandes creadores de la melodía tradicional y popular, y de la necesidad de ver cómo podía crear un disco que tuviera todas esas influencias pero que, de alguna manera, formara parte de una misma propuesta. Espero que a través de los arreglos, la producción y mi impronta personal –mi forma de componer, de escribir y de cantar– lo unifique todo. Es cierto que son distintos géneros, pero tienen una misma cosa en común, la raíz y el folclore.

–¿Considerás que el hecho de haber grabado el disco en México con músicos latinoamericanos enriqueció tu material?

–Totalmente. Sobre todo por la característica que tenía este estudio en particular, que era residencial, es decir, estábamos viviendo ahí mismo junto con los músicos y los técnicos. De alguna forma eso provoca un hermanamiento y un foco en el trabajo que estás haciendo. Además, más allá de ser latinoamericanos, tenían el conocimiento profundo del material que estábamos creando.

–El concepto de usar un estudio residencial evoca la manera en que bandas legendarias como Led Zeppelin o los Rolling Stones grababan sus álbumes inmersivos.

–Sí, claro. Esa idea de las “antiguas bandas” me hace sentir que de alguna manera también pertenezco, porque nosotros lo hacíamos así con Héroes del Silencio. Siempre me ha gustado que la grabación sea como una experiencia comunitaria, y creo que casi todos mis discos se han hecho en estudios residenciales. Es una práctica que he buscado en distintos lugares. Disfruto mucho de la convivencia con los músicos y los técnicos, y que la vida forme parte del proceso de grabación.

–De los diez tracks que componen el álbum, elegiste “Cuentas pendientes” como título. ¿Qué particularidad tiene esa canción que se convierte en la piedra angular de tu nuevo trabajo?

–Me parecía que había dos motivos principales por los que este álbum podía titularse así: primero, era un disco que llevaba años planeando grabar, con estas características, con canciones propias, pero con la mirada puesta en el folclore. Durante mucho tiempo sentí que no estaba lo suficientemente preparado para afrontar el reto de comunicarme con músicos que poseen un conocimiento mucho más profundo y extenso que el mío. Entonces, por un lado, estas “cuentas” se saldan en este disco; y, por otro, porque muchas de las letras contenían reflexiones sobre el pasado. Si bien no es un disco nostálgico, sí que varios personajes en las canciones hacen una especie de balance con lo vivido.

En febrero de 2022, Enrique Bunbury anunció su retiro de los escenarios debido a una severa reacción al glicol, un componente químico presente en el humo utilizado durante sus conciertos, que afectó gravemente su garganta y pulmones. Tras identificar y resolver el origen de sus problemas de salud, el artista regresó a los escenarios en diciembre de 2023 en el Movistar Arena de Buenos Aires, marcando su retorno con un emotivo concierto. “Hace prácticamente un año y medio, yo pensaba que esto no iba a ocurrir nunca más”, dijo esa noche. Este regreso, lejos de ser solo una celebración, significó también el comienzo de una nueva etapa en su vida y en su carrera.

–Todo este proceso personal que atravesaste, ¿te llevó también a replantear tus prioridades en relación a la música?

–Totalmente. Ya no quiero que las giras formen parte tan absoluta de mi tiempo. Antes sacar un disco suponía hacer un tour de un año y medio o dos, ahora eso no entra dentro de mi cabeza. Con este álbum vamos a hacer 15 shows y ya, eso es todo, porque mi interés está puesto también en grabar otro disco, en escribir –estoy terminando un poemario–, y en mi familia.

–Después de casi dos décadas, Huracán Ambulante vuelve a acompañarte en esta gira. ¿Cómo surgió la idea de reunir a la banda y revivir esa etapa tan significativa en tu camino?

–¡Yo que sé! (risas). Este 2025 se cumplen 20 años de la separación de la banda. Esta celebración coincide con la publicación el año pasado de la box set conmemorativa de El viaje a ninguna parte, que también cumplía 20 años. De alguna forma, todo esto me hizo pensar y se me ocurrió hacer una ronda de llamadas a toda la banda y preguntarles: “¿Qué os parecería hacer algunos conciertos conmemorativos?”. Y así fue como empezamos a tirar del hilo y ahora haremos una gira completa en la que, además de recordar esa etapa, tocaremos otras canciones, incluyendo temas del nuevo disco, y que todo eso tenga un pie en el presente, que no sea solo algo nostálgico.

–Te espera una nueva cita en el Estadio Ferro, ¿qué emociones te despierta este próximo concierto?

–Ferro es un lugar en el que ha habido conciertos históricos y formar parte de ese linaje cultural de artistas que han pisado ese espacio es una medalla que me cuelgo, posiblemente inmerecidamente. Y el fervor del público argentino desde luego que no lo doy por sentado. Aunque a veces los músicos que giramos por diferentes partes del mundo habitualmente tendemos a olvidar, lo de Buenos Aires no es normal.

–En un contexto donde la industria musical parece priorizar la imagen y la inmediatez, ¿cuánto desafío implicó para vos preservar la autenticidad artística que siempre te ha distinguido?

–Te agradezco esa apreciación. Para mí, hay un momento clave en mi carrera, alrededor de 2004, cuando lancé El viaje a ninguna parte. En ese entonces, hice una importante reflexión: durante gran parte de mi primera etapa, con la inocencia de la juventud, pensaba mucho en alcanzar objetivos concretos. Cuando uno empieza en su ciudad, sueña con sacar un disco y que una compañía discográfica le preste atención. Luego, aspira a visitar otro país, y después, si ha tocado en La Trastienda, anhela tocar en el Estadio Obras. Pero llegó un momento en que me dije: “Esto no se trata solo de objetivos; esto es un viaje a ninguna parte”.

El verdadero objetivo es el camino mismo, el proceso de creación, la posibilidad de expresarse. Y esa meta, afortunadamente, la alcancé hace tiempo, pero tengo que continuar haciéndolo, debo seguir creando de alguna manera como si el mundo exterior no existiera. Si además existe un público que conecta con lo que hago, eso es un regalo. Pero el mayor regalo, el más auténtico, es poder grabar discos, componer canciones y que con eso pague el pan y el vino de nuestros días.

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