Lali: "Lo mejor de ser Lali es disfrutar las mieles de poder sacar en un escenario todo lo que es Mariana"
Mientras se prepara para lanzar su nuevo disco y volver a Vélez con tres shows repletos, la artista más querida del país presenta la segunda temporada de El fin del amor. En exclusiva con EPU, reflexiona sobre la identidad, el vínculo con su madre y los demonios propios y ajenos.
Las cámaras están encendidas, las luces al mango, un montón de gente trabajando para que el artificio no se note, para que las entrevistas que tienen como objetivo promocionar la segunda temporada de El fin del amor parezcan charlas espontáneas, para achicar los veinte metros que separan a mi silla de la de Lali. Hay que presentarse con nombre y medio. Hola, Mariana Espósito de Parque Patricios City, soy Marcela Soberano de Villa Luro, te reconocí cuando entraste al hotel Four Seasons de la misma manera que llegabas al set de Rincón de Luz o al cumpleaños de tu amiga, saludando a todos con un beso.
Supe que eras vos cuando tiraste alguna frase con esa reconocible picardía de barrio, mucho viaje en colectivo, calle, cordón y vereda. Quizás, como fuiste Casi Ángel tenés la autoridad para que tu nuevo disco lleve por nombre No vayas a atender cuando el demonio llama. Lo presentás el 29 de abril, el Día del Animal y está muy bien porque sos la gran bestia pop argentina. En mayo estallarás dos Vélez. Pondrás a rugir las redes, hablarás de lo que otros temen. También estrenarás un documental que se viene cocinando a fuego lento.
Hoy, en este hotel y este junket, venís a defender con uñas y dientes a tu personaje, ese alter ego de la filósofa Tamara Tenenbaum repleto de claroscuros que sos en la ficción. Allí tus amigas de toda la vida están interpretadas por Vera Spinetta y Julieta Zapiola, tu mamá es Vero Llinás. Y sabés de lo que hablás porque mantenés todos los puentes con tu infancia, con tu familia, con tus amores y con la que siempre fuiste.
Mariana, te descubrí a pesar del falso hábito que usabas en Esperanza mía, cuando Isabel Pantoja le decía a un estadio repleto que no podía dejar de ver a esa monja que hacías en la novela. Te imaginé cantándole “Rata Inmunda” a más de uno, como lo hacías con Martín Piroyansky en Permitidos, siendo la hija acorralada de Acusada, la ama dominatriz de “Disciplina”, la obsesión de un fanático que no se puede nombrar.

Cuando termine esta charla te acercarás y yo diré en voz baja algo que no revelaré porque vos sabés que en esta vida lo que no mostrás queda para siempre. Será un secreto como el que le decía Scarlett Johansson a Bill Murray en Perdidos en Tokio, un final abierto o la conversación a media voz en cualquier plaza de Parque Patricios donde siempre te espera Mariana.
–Esta temporada de El fin del amor hace foco en el tema de la identidad. En esta época donde pareciera que para muchas personas la única identidad es la guita, ¿qué importancia se les da a los orígenes?
–Así es, de eso habla esta temporada, nos buscamos un tema livianito (se ríe). Tamara, mi personaje, puede poner esta cuestión sobre la mesa cuando se habla de su historia, de un padre que falleció en el atentado de la AMIA, de una religión que decide abandonar en su adolescencia. Y también está la adultez que transita hoy donde empieza a repreguntarse que pasó con esa identidad.
El personaje de Daniel Hendler, Gustavo, es muy importante en ese sentido; ambos son víctimas de la tragedia de la AMIA pero lo transitaron de manera distinta. Gustavo le hace de espejo a Tamara no solo a nivel vincular, también la cuestiona en lo más profundo de su identidad y la lleva a un lugar interior en el que ella evitó entrar hasta ese momento. Es muy interesante lo que le pasa a mi personaje, cómo empieza a recordar su historia, de qué manera logra darle un lugar a la tragedia y dimensionarla con todas las letras, no poniéndole otras palabras a lo que sufrió para escaparle al dolor.

–Más allá de que a tu personaje el atentado a la AMIA le atraviesa la vida como una lanza, ¿la pregunta por la identidad es extensiva a todos?
–Me parece que todas esas preguntas fundamentales también podemos trasladarlas a nuestras propias vidas, a nuestras infancias, a donde crecimos, en qué personas adultas nos convertimos, qué cosas seguimos barriendo debajo de la alfombra porque nos duele ver o admitir. La identidad es un temazo, complejísimo para tratar en una ficción, pero lo abordamos como una tromba porque nos parecía que era necesario hablar de esto.
–Tamara Tenenbaum es alguien que se ha bancado bastante hate en las redes, una de las que recibe eso de “¿dónde están las feministas?” porque explora temas tan ásperos como las zonas oscuras de la amistad femenina. ¿Abrazar la propia contradicción requiere valentía?
–Tamara recibió esas reacciones como todas nosotras a esta altura (se ríe). Creo que sí, que asumir esas contradicciones es quizás de las cosas más valientes que tiene la serie. Que la protagonista sea una que se contradice y es errática por momentos, saca a la luz quién es. Porque ella puede ser alguien que arrasa y va contra todo y también una persona muy vulnerable, esas aristas del personaje son las que todas tenemos. Me gusta que la protagonista de una serie sea así, obviamente está inspirada en una persona real, pero creo que eso la vuelve especial y diferente, y fue lo que llamó la atención desde aquella idea de hacer la primera temporada, ¿viste?

Hablar de una feminista que escribe, que hace, que es profesora de Filosofía en la universidad, que tiene esa potencia y a la vez está todo el tiempo trabajando su feminista, su filósofa y su persona. Yo me siento muy identificada, me parece que eso no es una debilidad sino una fortaleza.
–Tamara, vos, yo y todas hemos tenido una relación amorosamente compleja con nuestras madres, pero reconozcamos que sin ellas no seríamos las mujeres que somos. ¿Podemos aprovechar la ocasión para reivindicar a tu mamá?
–Sí, tomémonos unos minutos para hablar de Majo, mi vieja. La verdad es que en la medida que vas creciendo entendés cada vez más el rol increíble de las madres que supieron acompañar, que tuvieron claro no comerse el viaje de lo que le pasa a sus hijos, que estuvieron al pie del cañón siempre. Mi mamá es así, por eso entendía perfectamente el vínculo de mi personaje con el de Vero Llinás. Todo lo que a veces detestás de tu vieja es justamente lo que por suerte tenés. La misma intensidad con la que te escapás de ese núcleo familiar porque te ahoga, es con la que volvés corriendo cuando te acordás de quién sos. Yo también tengo ese vínculo con mi madre, puteo por mil cosas y después voy desesperada buscando ese abrazo que me recuerde cosas tan importantes como sentir quién soy y de donde vengo.

–Si te pido una frase que refleje este momento, ¿cuál sería? Te tiro tres opciones: “El fin del amor”, “el amor vence al odio” o “el amor después del amor”?
–¡El amor después del amor ! (se ríe) Yo creo que el título de la serie, lo hablamos mucho con Tamara Tenenbaum y con Erika Halvorsen que son las autoras, no es literal, en realidad está hablando de otra cosa. No es el fin del amor sino el inicio de la conversación sobre el tema. Es el fin del amor romántico para hablar del amor en todas sus caras, porque mi personaje busca sentir y tener experiencias muy diversas dentro del infinito mundo amoroso. Creo en eso, en el amor después del amor. No sé si el amor vence al odio, porque el odio siempre estará ahí, hay que convivir con eso, pero yo trato de hacer desde el amor. Mientras seamos más lo que hablemos de ese sentimiento, seguiremos manteniendo la relevancia que se merece el amor.
–Lali, tengo una duda. Mucho amor pero si el demonio llama a mi puerta, ¿qué hago?
–(Se ríe) ¡No lo atiendas! No vayas a atender cuando el demonio llama...o sí, porque para el nombre del nuevo disco que sale, quería jugar con la amplitud de la frase. No es literal, no termina ahí, se abre a la charla. El demonio es lo que uno considere, puede ser el otro lado, eso que viene a mostrarte algo distinto, a ponerte frente a lo que te mueve el piso, a asustarte, o también a demostrarte la potencia que tenés para enfrentarte a ciertas cosas. Que cada uno se deje llevar por lo que quiera sentir.

–Hace poco entrevistamos a Guille Pfening y algo que me llamó la atención fue que tenía puesta una remera que decía Lali. Última pregunta, esta es para Mariana. ¿Qué es lo mejor de ser Lali?
–¿Es en serio lo de Guille? ¡Lo amo! Lo mejor de ser Lali es disfrutar las mieles de poder sacar en un escenario todo lo que es Mariana, y eso es increíble. Lali le permite a Mariana mostrar su identidad, le da espacio para la fantasía de jugar a ser una popstar en un show durante dos horas para después bajarse, desmontarse y volver a ser ella. ¿Sabés qué es lo mejor de Lali? Sin dudas, es darme la oportunidad de hacer arte con el motor de Mariana.
Fotos: Guido Adler

