Antonia Bengoechea, en primera persona: "Estoy reencontrándome con lo que soy y con esta nueva versión de mí sin mi mamá"
Lleva la actuación en la sangre y elige cada papel con el corazón. Esta vez, se prepara para el estreno de El suelo que sostiene a Hande, una obra basada en la lucha de la activista trans Hande Kader. “Es una responsabilidad que llevamos adelante con colegas y amigos”, explica. Además, cuenta cómo fue crecer en una familia de artistas y reflexiona sobre el legado de su madre, Alejandra Darín.
Antonia “Toti” Bengoechea es una persona alegre, reflexiva y conversadora. Esta última cualidad se la atribuye a una herencia familiar que honra tanto como su legado actoral. Demostró ser una actriz contundente y versátil, con roles significativos en producciones de gran impacto. Fue la hermana menor de los Puccio en El clan y formó parte del equipo de los fiscales en Argentina, 1985. En la serie Cromañón, estrenada recientemente, encarnó a la fotógrafa Tamara Binder, exponiendo los desafíos de la reconstrucción y los dilemas de los sobrevivientes. “Fue un orgullo aportar, desde lo artístico, a que la lucha siga visible”, sostiene.
En el ámbito teatral también dejó huella: compartió escenario con su mamá, Alejandra Darín, en Moscú y protagonizó el unipersonal Remedios, una mujer sin patria, que le valió el premio ACE como Mejor Actriz, bajo la dirección de Corina Fiorillo. Hoy, esta colaboración con la directora se reanuda con el estreno de El suelo que sostiene a Hande, el 10 de abril en el Teatro Regio.
–Estás por estrenar una obra sobre Hande Kader, la activista trans asesinada por su lucha en favor del colectivo LGBTIQ+. ¿Qué me podés contar sobre el trabajo?
–Estamos hace un mes y medio ensayando a full en el Teatro San Martín, de martes a domingos, seis horas por día. Es una obra que no se hizo nunca hasta ahora, está escrita por el autor español Paco Gámez y es la historia de Hande Kader, asesinada en 2016 en Estambul, Turquía. El montaje que estamos armando es gigante y muy hermoso, desde las visuales, la música y la iluminación, hasta el cuerpo físico de cada uno de los actores: Payuca, Mario Alarcón, Mariana Genesio Peña, Sofía Dieguez, Paula Hernández Mbarak, Marcelo Savignone, Inda Lavalle, Diego Gentile y Gustavo Pardi.

–¿Cómo es meterse en un tema tan fuerte y tan actual?
–Yo interpreto a Genda, que es la novia de Hande cuando todavía era hombre. Es, de alguna manera, su compañera, su amiga, su confidente y un poco su musa también, porque hay algo de ella que es lo que él quiere ser. Estamos muy felices de poder darle lugar a la historia de esta mujer tan grande. Es una responsabilidad que llevamos adelante con estos colegas y amigos, armando un grupo con un lenguaje propio en común. Creo que en el teatro esa es la idea, la del encuentro con otras personas para ver qué podemos construir juntas.
–Y paralelamente estás ensayando la obra Maldita, que estrena el 10 de junio en el Teatro Picadero.
–Sí, la historia sucede en una casa de campo argentina en 1920, pero no deja de ser actual. Habla de una mujer joven, atrapada en un contexto patriarcal muy duro, y muestra cómo mi personaje se va revelando de a poco, con las herramientas que encuentra. Venimos ensayando desde el año pasado, pero sin apuro, y pasó algo que no suele suceder: tuvimos tiempo para darle gran profundidad y dedicación al material. Eso es un placer.
–Tus personajes suelen tener mucha profundidad y compromiso, ¿es una elección consciente, te atraen o simplemente te llegan?
–Sí, totalmente (se ríe). No sé bien a qué se debe, pero creo que los personajes que elegimos o que nos eligen, siempre tienen algo que ver con nosotros. A veces es más directo, otras no tanto. En algún punto, me sentí muy identificada con la mayoría de los papeles que me tocó interpretar, y han sido grandes aliados por distintos motivos. Aparecieron en momentos precisos, como si fueran amigos. No sé si son los personajes, el actuar en sí o una combinación de ambas, pero es una gran compañía para transitar toda esta locura que significa estar vivo.

–Venís de una familia de estirpe actoral: tu mamá, tu papá, tu tío, tus abuelos, tu primo, tu hermano. ¿La actuación fue algo natural para vos o era una elección casi inevitable?
–Antes de ser actrices o actores, todos los integrantes de mi familia que se dedican a eso, son personas que me aman y yo las valoro desde lo más profundo de mi corazón. Siempre me dieron herramientas para intentar ser buena gente y elegir lo que me haga feliz así que, lejos de sentir algún peso, me hace sentir muy orgullosa.
Al mismo tiempo, por supuesto que hay una influencia muy grande, mamé el teatro desde chica acompañando a mi mamá y me encantaba. Ella me hacía parte de todo: pasábamos letra, leíamos obras, íbamos a ensayos y funciones. Después, los fines de semana, cuando la acompañaba al teatro, me daban roles, como apretar el botón de la máquina de humo, porque yo quería participar de algún modo. A veces me dormía en el camarín, pero escuchaba todo. Y después, las reflexiones de las obras, las cenas... Todo eso lo asocio 100% con mi mamá y lo que compartimos juntas.
–Hablás de tu mamá y no puedo no preguntarte cómo estás transitando el duelo de su reciente partida.
–A ver, hay un dolor y una tristeza troncal, así que te voy a hablar desde ahí. Después está todo lo demás que se acomoda alrededor de eso como puede. La cabeza me va para todos lados y, al mismo tiempo, siento que mi corazón se reafirma a cada paso. Creo que estas situaciones tan extremas, de supervivencia, nos acercan más a nosotros mismos.

Entonces, también estoy reencontrándome con lo que soy y con esta nueva versión de mí sin ella, y hay una concepción distinta de absolutamente todo: la vida, la muerte, de entender cómo no puede existir la una sin la otra, del misterio de todo esto, lo rápido que pasa esta experiencia de vivir y me estoy amigando también con el no entender algunas cosas. Me cambió la manera de estar presente, me gusta pensarlo como un superpoder, porque te da otra noción del tiempo y de la existencia, así que estoy haciéndole lugar a todo eso.
–¿Hay algo del legado que te dejó que hoy, más que nunca, te haga decir: “Ah, ahora entiendo a qué se refería”?
–Mi mamá me enseñó a disfrutar la vida, a vivir con alegría, a hacer lo que me gusta, a cuidar y a escuchar a las personas que tengo al lado. Me enseñó a no tener vergüenza, a ser auténtica, respetuosa y amorosa. Pero, básicamente, me enseñó a charlar de las cosas, sobre todo las que nos incomodan, como la muerte. Son todas herramientas que ella, sin darse cuenta, nos dio a mi hermano y a mí para transitar todo, incluso, algo tan doloroso como esto. Eso me llena de alegría, de orgullo y me conmueve profundamente.

–Suponete que salió todo genial y te vuelvo a entrevistar en tres años. ¿Cómo te gustaría que te encuentre la vida?
–Me gustaría que me encuentre con muchos más proyectos vividos, con buenas experiencias, habiendo conocido a nuevas personas y también habiendo podido compartir momentos con las que ya conocía, siendo un poco más madura. Ojalá me encuentres con alegría y con ganas de seguir charlando, pero en tres años podemos hacerlo con una copa en la mano y con unos quesitos, para que no nos caiga mal el vino (se ríe).

