Margarita Páez: "Sería raro tener que aclarar permanentemente quién soy. Si alguien no lo acepta, es un problema de ese alguien. Yo soy Margarita"

Aunque siempre se movió en el ambiente de la música y el teatro, a sus 20 años se anima a dar sus primeros pasos arriba del escenario. “Exponerme frente al público fue como conocer un mundo nuevo, empecé de cero”, dice en esta charla con EPU en la que reflexiona sobre los mandatos familiares, la exposición y la búsqueda por trazar un camino propio.

Desde su infancia, la vida de Margarita Páez estuvo inmersa en el ámbito artístico por el trabajo de sus padres, Fito Páez y Romina Ricci. Pero hoy, con 20 años y un espíritu creativo desbordante, busca trazar su propio camino arriba del escenario. El año pasado hizo su debut en Al borde del mundo, una obra teatral enfocada en el universo femenino de inicios de los 2000, en la que encarnó a una adolescente rebelde. Y aunque a los 13 años ya había tenido una participación en la película El padre de mis hijos, esta comedia con toques de drama marcó definitivamente su debut como actriz.

En esta charla franca con El Planeta Urbano, Margarita no solo reflexiona sobre sus aspiraciones sino también sobre el mundo que la rodea y los privilegios que suponen ser parte de una familia de artistas. “Sé que recién estoy empezando y que los proyectos irán surgiendo a su debido momento. No pretendo que de ahora en adelante me lleguen 1.500 propuestas porque me las quiero ganar”, asegura.

–Se dice que el fruto no cae lejos del árbol haciendo referencia a los mandatos familiares. ¿El camino del arte estaba marcado?

–No, yo podría haber estudiado lo que quisiera, pero lo curioso es que desde muy chica sé que quiero actuar. Cuando iba a la escuela sabía lo que no me gustaba y así fui descubriendo mis inclinaciones. Nunca me gustaron la matemática ni la ciencia.

–¿Conocer la trama del mundo del espectáculo fue una ventaja?

–Es cierto que tuve cercanía, pero subir al escenario y exponerme frente al público fue como conocer un mundo nuevo, empecé de cero. Una cosa es verlo desde afuera y otra desde adentro.

–¿Entendiste mejor a tu mamá?

–Nunca lo había pensado, quizás sí. De todos modos ella hizo un camino diferente, porque empezó haciendo TV y después pasó al teatro.

–¿Pensaste alguna vez en “qué hubiera pasado si…”?

–Creo que no, todo lo que me ofreció la profesión lo acepté. Estoy en el momento de arriesgarme y hacer todo, quiero probar y divertirme. Obviamente, hay cosas que me entusiasman más que otras. No me veo haciendo espectáculos infantiles, por ejemplo.  

–Desde que decidiste trabajar como actriz, ¿cómo te llevás con las redes sociales y la exposición?

–No las uso con frecuencia, soy más bien espectadora. Por lo general, me limito a subir alguna información de trabajo. Por suerte no tengo ningún problema en la virtualidad, no me surge la necesidad de estar contando mi vida, ni tampoco interactúo con Instagram. No me gusta, siento que es un ambiente muy tóxico. Ya vivo con una exposición natural, por eso prefiero no amplificarla en las redes.

–Me llama la atención que teniendo 20 años no hagas uso de las redes. ¿Cómo ves el mundo que te rodea?

–Muy ocupado con la tecnología. No quiero ser una vieja y hablar de los años pasados, pero yo también estoy descubriendo el mundo y lo veo atravesado por la mediatización. Lo bueno es que siempre hay cosas por conocer y descubrir. Más allá de todo, el mundo es hermoso.

–Las redes muchas veces son terreno de críticas. ¿Te sentís lista para lidiar con comentarios negativos?

–Sí, porque estoy segura de mi misma para que no me afecte. Al fin y al cabo el que hace el trabajo es uno. Me gusta defender lo mío y esa también es una manera de defender mis valores. No es fácil. Si leo un comentario que no me gusta, me da un poco de bronca, pero sé que no puedo hacer nada. Si está bien expresado, me puede dejar pensando.

–Esa exposición de la que hablabas, ¿la sentías en el colegio también?

–Por suerte, no; yo creo que cuando sos compañero de alguien todo se da con naturalidad. No llamaba la atención que mi papá fuera a cantar al colegio, siempre hubo un clima muy familiar.

–¿Hoy sentís la presión de tener que demostrar que no sos “la hija de”?

–Yo no puedo manejar lo que los otros digan, pero si me preguntan siempre voy a responder con la verdad. Sería raro tener que aclarar permanentemente quién soy. Si alguien no lo acepta, es un problema de ese alguien. Yo soy Margarita.

–¿Sos una persona autocrítica?

–Sí, me doy con un caño. Pero trato de poner en palabras ese malestar porque la autocrítica es pesada. Soy muy exigente conmigo misma en cuanto a lo que me gusta. Por eso valoro a las personas que me incentivan para seguir. Hago terapia desde muy chica.

–Maestro es quien enseña y mentor quien estimula a seguir, ¿a quiénes reconocés en esos roles?

–Mi maestros son Norman Brisky y Camilo Polotto. Camilo fue mi profesor de teatro y quien me propuso participar de Al borde del mundo. Que la invitación proviniera de él fue un voto de confianza, porque con él di mis primeros pasos.

En cuanto a los mentores, están mi familia y mi novio.

–¿Cómo describís tu relación con la música?

–Toco el piano desde los 5 años y canto desde hace un año. Siempre me gustó, pero nunca lo había puesto en práctica, nunca compuse nada. Hoy en día sigo tomando clases. Me llevo muy bien con la soledad, tanto para pasar letra como para hacer música. Cuando estoy sola, me focalizo en mí misma.

–En una soledad distinta a la que te aísla.

–Esta es una soledad pura, tiene belleza. Es una soledad que me permite darle lugar a mis propios momentos.

–¿Cuándo sentís que estás en el lugar que querés estar?

–Cuando actúo, no importa si estoy en escena o esperando entre las bambalinas. El teatro siempre me inspira, incluso cuando tomo clases. Es lo que más me divierte y apasiona.

–¿Te imaginás asumiendo otro rol?

–Me encantaría dirigir una obra, pero más una película. De hecho, en un momento casi me anoto en la universidad para estudiar Dirección de cine, pero preferí seguir con el teatro. 

–¿Sos una chica fanática de las series?

–No tanto. Veo algo cuando estoy aburrida, pero prefiero ver una peli. Cuando se trata de cine no tengo preferencia. Si se dice que una película es malísima, la tengo que ver para comprobarlo, porque no me gusta quedarme con la opinión general.

–¿Los medios influyen en los éxitos?

–Depende. Hay gente que se deja llevar por la reseña de una obra, pero otra porción del público prefiere ir sin saber lo que se dice. En definitiva, el gusto es algo muy personal.

–¿Te gusta el riesgo?

–Sí, aunque me dé miedo. Cuando aparece, hay que echarlo, porque no sirve de nada; al contrario, tira para abajo. Creo que la duda me ayuda a superarlo porque después de enfrentarlo sé que está la posibilidad del goce.

–¿Tenés conciencia sobre la realidad en la que te movés?

–Siempre agradezco poder viajar, eso es un privilegio. Acompañar a mis papás es algo muy natural porque lo vivo desde muy chica. Me resulta más normal acompañar a mi papá en un show multitudinario o a mi mamá en una obra genial.

–¿Cuál es tu anhelo para el futuro próximo?

–Me gustaría trabajar con mi novio y con mi mamá en un proyecto propio. En resumen, hacer algo en familia.

Fotos: Guido Adler

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