Galia Moldavsky: "Entre los vínculos humanos y los de internet hay un abismo"

Inquieta, creativa y analítica tanto en los medios de comunicación como en su propia vida, la socióloga y periodista reflexiona sobre el fenómeno de los streamings, la creación de contenidos y el comportamiento del público en las redes sociales.

“Nadie te prepara para que digan las cosas que dicen de vos”, se sinceraba con la voz quebrada y los ojos repletos de lágrimas ante la atenta mirada de sus compañeros de streaming y los miles de seguidores que acompañaban del otro lado de la pantalla cuando se animó a decir: “Hasta acá”. Y tenía razón: nunca necesitó prepararse para ser foco de un hateo descomunal porque sabe que su verdadero camino pasa por otro lado. Como toda socióloga, Galia Moldavsky observa el comportamiento de las personas; como toda periodista, elige cuidadosamente qué decir; como toda actriz, sabe ponerle el cuerpo a lo que la vida le presente. En esta charla con EPU, la directora artística de Blender comparte su visión sobre las nuevas formas de comunicar como solo su versatilidad y experiencia la prepararon para hacerlo.

–Cuando dudes sobre las vueltas de la vida, acordate que en tu caso tenés toda una carrera en los medios de comunicación, pero ahora estás nominada a un premio como actriz…

–Sí, la verdad que la vida me ha sorprendido, jugué a todo, eh. Con "Un futuro sin vos", la primera serie original producida por un canal de streaming, estamos nominados a mejor serie corta de los premios Cóndor de Plata. Me reí mucho, porque fue todo surrealista. "Galanes en temporada baja" arrancó medio a los tumbos con la idea de Gonzalo (Heredia), a la que luego se sumó Esteban (Lamothe) (N.de la R: programa de streaming en el que ambos actores parodian sobre sus carreras en telenovelas). Boludeábamos con esto al aire hasta que dijimos: “Che, ¿y si hacemos una novela?”, y la hicimos. Obviamente que fue un laburazo pero pensábamos: “Bueno, si le va bien, fue en serio. Si le va mal, era joda y ya” (se ríe).

–En una época donde estamos saturados de contenido, ¿cómo afrontás la tarea de hacer o proponer algo distinto?

–Es el gran desafío que tenemos todos los canales de streaming, por lo menos en lo que es programas en vivo. Yo lo pienso en el lugar de consumidora, no sé qué tendría que pasar para que empiece a ver un nuevo programa. Así que primero "Galanes…" y después "Un futuro sin vos" fue un poco eso: Blender, hagámoslo.

–Sin spoilear nada, cuando termina la serie, Guille Aquino dice: “Esto ya no es ficción, esto es real”. ¿La realidad supera a la ficción?

–Sí, siempre. Cada vez estoy más convencida de que pasan cosas en la vida pública y en la privada que realmente escuchás y decís: “No puedo creer que esto le pase a una persona que yo conozco”. Para mí, la realidad es fascinante. Yo soy muy chismosa, me encanta el chisme del famoso y no famoso pero porque me fascinan esas historias y el devenir que tienen algunas personas, relaciones, vínculos… todas esas dinámicas internas que presentan algún conflicto impensado.

–Igual, esa curiosidad se entrena.

–Es que uno todo el tiempo tiene que hacer el ejercicio de abstraerse de su propio trabajo. Mi rol me obliga a ir unos pasos más atrás y preguntarme cuáles son los temas que angustian o emocionan a las personas independientemente del medio. Es un ejercicio difícil porque a veces la búsqueda es “quiero influencers, quiero youtubers”, y es el personaje por el personaje en sí mismo. No se piensa qué conversación se está yendo a buscar.

–Hace poco se armó una polémica tremenda en torno al pase de una influencer de un streaming a otro. Con acusaciones durísimas.

–Lo que pasa es que las redes generan una reacción exagerada a casi cualquier cosa. Antes eso quedaba en una charla de amigos: “Che, fulano se fue a tal lado, me pareció medio de cuarta”, y terminaba ahí. Ahora, cientos de miles de personas tienen la necesidad de manifestar su opinión. Porque, en algún punto, manifestarse es posicionarse ellos mismos sobre lo que creen del mundo. Posicionarse sobre las cosas del otro es posicionarte sobre lo que vos pensás que está bien o está mal. Esa es la gran conversación de internet todo el tiempo, la necesidad constante de tener una posición de todo así la gente sabe que vos estás parado del lado correcto. Es agotador.

–¿Qué sucede con las audiencias y esa comunidad que se forma en torno a los canales de streaming? Porque el vínculo es muy particular, es fanatismo en serio.

–Siento que el fanatismo siempre existió, lo que pasa es que ahora los famosos son todos más accesibles, desde el hecho de que podés mandarle un mensaje privado a tu conductor favorito, le va a llegar y quizás lo lea. Hay una cercanía que exacerbó esto y te da una falsa sensación de que estás a un grado de distancia de ser amigo de tu famoso favorito. Y no sé, yo soy fanática de Madonna pero no voy a hacer nada al respecto porque está mega lejos y es una amiga famosa inaccesible (se ríe).

–En esto de juzgar a los comunicadores por la razón que fuera, a veces esa opinión cruza un límite y se convierte en violencia. En tu caso, por opinar de política, hubo un hostigamiento descomunal. ¿Cómo sobrellevaste eso después de decir: “Hasta acá”?

–La violencia en internet se naturalizó porque es un proceso que lleva muchos años y tuvo un crecimiento paulatino, fue una construcción. Antes, quizás, había más restricciones a algunos tipos de mensajes, pero, por ejemplo, desde que Elon Musk compró Twitter hay mucho menos control. Y la verdad es que nadie te prepara para esa violencia. Hay gente que lidia bien con eso, hay gente que le gusta que se hablen de ellos bien o mal, ser tema de conversación, yo no. Siempre tuve el mismo estilo, picante si se quiere, pero porque soy así en la vida. Y en todo caso, cuando eso me generaba un problema, era un problema interpersonal con alguien. Si me zarpo con alguien, ese alguien me responde.

–El tema es cuando no hay un alguien, sino cientos de anónimos.

–Exacto, lo mío fue otra cosa: yo hablando con nombre y apellido versus cientos de cuentas anónimas diciéndome las cosas más terribles que se te puedan ocurrir, clipeando todo lo que decía y buscando un objetivo muy claro, no espontáneo sino organizado. O sea, quisieron hacer parecer como que yo me hice la picante y después no me la banqué y no fue así para nada. Es una narrativa muy cruel, nadie está en condiciones de bancarse un hostigamiento, nada de lo que yo pude haber dicho justifica lo que tuve que vivir.

–Pero la justificación es: “Son las reglas del juego”.

–A los que se la bancan, los felicito. Pero estamos hablando de niveles de violencia reales de la vida real, y no de una discusión de ideologías. Hay periodistas mujeres que se bajaron del espacio de la opinión política porque sus familias recibieron amenazas, les publicaron sus datos, y la respuesta es: “Buscate un problema honesto, de la vida real y no de las redes”.

–No es Dillom-Pistarini.

–Exacto, estamos hablando de algo organizado y sistematizado. No hay discusión pública, hay una sobrerrepresentación de un sector en las redes y pareciera que es el discurso dominante. Entonces, cada vez que una persona tiene una posición disidente, lo salen a hacer mierda. Y vuelvo sobre lo mismo, no importa lo que suceda, somos un insumo de internet para que las personas se posicionen. En algún punto, es medio irrelevante el contenido del clip que te viralizan. Sos el insumo para la discusión de ese día y las personas digan lo que ya piensan, pero ahora justificándose con lo que vos dijiste.

–Cuando hacías la sección “La pizarra de Galia”, fusionabas tus conocimientos como socióloga y comunicadora para desarrollar una categoría de una forma muy creativa. ¿Hay algún concepto que hoy pienses que hay que volver a redefinir? Por ejemplo: “progre”. Hoy pareciera que todo es de progre.

–Uh, ahí habría que volver a la pizarra para que se sepa de qué va la definición original (se ríe). Esa pizarra la hice con conocimiento de causa, yo soy progresista y conozco perfectamente a mi círculo.

–¿Ya no garpa ser progre?

–En internet no garpa, en la vida real no estoy tan segura. En la vida real, comportarse como un violento, discriminador y hostigador no cae tan bien. Medio que te cagan a piñas si te comportás así. En la vida real, en cualquier espacio, garpa mucho más ser una persona amable, respetuosa con las identidades de las personas que tenés a tu alrededor, no romperle las pelotas a nadie y dejar que la gente viva como quiera. La versión de internet es otra cosa, sobreactuada. Ser progresista es una manera de vivir la vida, qué sé yo… Es, hasta te diría, tener sentido común. Ni siquiera te digo que se necesita mucho marco teórico.

–¿Qué garpa en internet?

–Está de moda ser violento, volver a usar todos los insultos que discriminaban a algún sector. Eso era lo gracioso, pero en la primaria; yo conozco muchos niños de ocho años que se ríen por decir pija o que se asustan cuando les dicen puto. En la vida adulta, real, no conozco tantos. Entre los vínculos humanos y los de internet hay un abismo. Y el caso Dillom-Pistarini para mí es la definición perfecta: gente que se hace la picante en las redes que después en la vida real no es así, porque en la vida real no es gratis actuar así.

–En 2023 fuiste entrevistada por EPU y dijiste que le tenías miedo a la cancelación. Apenas dos años después pero con todo lo sucedido, ¿seguís pensando lo mismo?

–Me da mucha ternura esa declaración, porque la primera vez que te pasa sentís que tu vida se va a terminar, que te van a echar, que van a hablar de vos en la calle. Ahora no me da miedo, me da paja.

Fotos: Alejandro Calderone Caviglia

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