Zendaya, la musa del estilo: hito por hito, su camino para convertirse en la mayor referente de la gen Z

Mientras se posiciona como una de las grandes estrellas de Hollywood, la artista sigue confirmando su lugar como ícono fashionista. Luego de protagonizar la reedición de la campaña Louis Vuitton x Takashi Murakami, dio que hablar en la alfombra roja de los Golden Globes con su vestido homenaje a la cantante afroamericana Joyce Bryant.

Dicen que un gran amor nunca se olvida. Lo saben el rostro de Timothée Chalamet llorando desconsoladamente en la escena final de Call Me By Your Name, los ojos de Gena Rowlands en The Notebook, el abrazo de Greta Lee en Past Lives y las palabras susurradas en el hueco de un árbol por aquel inolvidable Tony Leung de Con ánimo de amar. Zendaya no es la excepción a esta regla acuñada en la cultura popular. Su primer gran amor no ha dejado de acompañarla, obsesionarla, mimarla. No hablamos de Tom Holland sino de su relación con la moda. Y si el anillo de compromiso que mostró en los Golden Globes dio la vuelta al mundo, fue precisamente porque eligió mostrarlo en la red carpet. Sus manos posadas sobre el vestido naranja de Louis Vuitton que homenajeaba a las divas de un Hollywood perdido, pródigo en romances callados, miradas misteriosas y peinados con ondas al agua.

Zendaya conoce el mecanismo a la perfección, elige qué mostrar y cómo hacerlo, cuándo ocultar algo hasta convertirlo en objeto de conversación, cómo ser imagen de marcas internacionales sin quedar eternamente pegadas a ellas. Sabe que salir es más difícil que entrar, quien tenga el manejo de la puerta giratoria se convertirá en voz generacional. Su carrera posee las virtudes de un vestido haute couture, acompaña cada movimiento, tiene las medidas justas, se ve bien desde todos los ángulos, prescinde de accesorios innecesarios y no fuerza las costuras para que suba el cierre. Pero sobre todo, es plenamente consciente de que el amor entre el cine y la moda, como los unicornios, no debe morir jamás.

200 monogramas

Los días entre Navidad y Año Nuevo suelen transcurrir entre comentarios sobre reuniones familiares, juntadas con amigos, brindis en loop y los inevitables preparativos. Salvo que sea 27 de diciembre de 2024 y Louis Vuitton te sorprenda con la reedición de su emblemática colaboración con Murakami, a 20 años de la movida original. No hablamos de Haruki, escritor eternamente postergado por el Premio Nobel, sino de Takashi Murakami, célebre artista conceptual que tradujo su visión pop al celebérrimo logo de la marca hasta convertirlo en un símbolo conocido, imitado, anhelado y reproducido en todo el planeta.

BEVERLY HILLS, CALIFORNIA - JANUARY 05: Zendaya attends the 82nd Annual Golden Globe Awards at The Beverly Hilton on January 05, 2025 in Beverly Hills, California. (Photo by Kevin Mazur/Getty Images)

Algunos dichos sostienen que si hay foto, hay video; y si hay ícono centennial, hay Zendaya. Deben tener razón porque su aparición como imagen de la reedición Louis Vuitton x Murakami fue tendencia en X, viral en TikTok, reina de reels en Instagram. Y por una vez el sopor entre fiestas se vio sacudido por un chaparrón multicolor, intervenciones comiqueras en prendas y estallidos florales insolentes en 200 ítems de la etiqueta. Desde cinturones a minibags y billeteras pasando por fragancias, anteojos, vestidos o zapatos, nada quiso escapar del sortilegio psicodélico encarnado por Zendaya invadida por los siete colores del arco iris e ilustrada por ese mix entre arte y branding del que es ama y señora. Ambos, Zendaya y LV, pueden leer la letra chica de la reproducción pop, el deseo que se inscribe gracias a los símbolos fashionistas casi secretamente, como aquel bordado oculto por el ruedo del vestido que dibujaba el diseñador torturado encarnado por Daniel Day- Lewis en El hilo fantasma.

En tiempos donde el cartelito de embajador de una marca se cuelga más fácilmente que el de sold out, nuestra chica está para hablar en la ONU de la moda porque entiende el juego, domina la cancha, olfatea el punto clave de quiebre y mete la pelota para liquidar el match en un ángulo inalcanzable.

Match point

En la calesita de la moda están los que dan vueltas en el caballito de madera al compás de la música que tira la playlist y también existen unos pocos lugares para los dueños de la sortija. Si la analogía suena retro es porque el vintage está más arriba que nunca y por eso Zendaya homenajea looks de Beyoncé en el recuerdo, resucita los tiempos en los que el tenis era el deporte de blanco, desempolva megahombreras de baúles ancestrales, convierte en aspiracional al hoodie gastado que nunca se sacó en Euphoria o vuelve objeto de deseo a los areneros de nuestra infancia con sus atuendos color piel y polvo, duna y misterio. Este año Zendaya paseó por todas las alfombras rojas para defender sus dos películas, Challengers y Duna: parte dos. Si una imagen vale más que mil palabras, el impacto de su presencia a la hora de promocionar su trabajo merecería ser objeto de una tesis.

Cuando parece que la moda ya fagocitó todos los temas y el cine se retuerce sobre paisajes de ciudades calcadas por el algoritmo, Zendaya se las ingenia para volver a la vida temas que estaban más dormidos que el vampiro Nosferatu. Si no, piensen en el vestido de cuero color arena firmado por Balmain por el que luchó a capa y espada durante el tour promocional de Duna para que el beige en todas sus variantes dejara de ser un color reservado al placard de la abuela. O la noche que se enfundó en un catsuit de robot creado por Thierry Mugler en 1995 para ver el futuro repetir el pasado. Después, llegaron las monoprendas combinadas a dúo con Timothée Chalamet, herederas reverenciales de Devo, la banda de Ohio formada por dos pares de hermanos que decodificó el enigma musical de los 80. Zendaya está segura de que todo es una referencia de una referencia de una referencia.

Pero todavía le quedaba el desafío imposible, sacar de terapia intensiva al erotismo. Cuando Zendaya recurrió a Luca Guadagnino para que dirigiera Challengers, sospechaba que cualquier doble falta podía dar vuelta el partido. En estos últimos años donde el triángulo quedó relegado al letargo de la clase de geometría, había que darlo todo. ¿Cómo hacer que una película con el marco del tenis, uno de los deportes más espanta entradas del cine, triunfara? ¿Cómo convertirse en el tercer ángulo de un triángulo escaleno junto a un campeón en declive con la mirada frágil de Mike Faist y un pícaro con cara de tramposo, ojos de atorrante y la sonrisita de Josh O´Connor?

La respuesta es: dando la mejor actuación de tu vida, bancando una cata de churros icónica y paseando los mejores looks tenísticos de la historia. Googleen el vestido verde creado por JW Anderson para Loewe que simulaba el césped de Wimbledon cubierto por lentejuelas y raquetas, un enterito símil toalla blanco y negro con bolsillos circulares firmado por JC de Castelbajac, la omnipresencia de falditas plisadas y zapatillas inmaculadas que comenzaron a reproducirse a lo largo y ancho de la influósfera. Los estilistas dicen que Zendaya hizo más por el tenis que Steffi Graf.

Yo soy tu amigo fiel

Detrás de cada mensaje en eventos, avant premieres, entregas de premios y campañas, está Law Roach, estilista estrella, realeza de lookazos, responsable de los atuendos más inolvidables de figuras como Celine Dion y Anya Taylor-Joy. Amigo entrañable de Zendaya desde sus inicios, en 2023 anunció que se dedicaría exclusivamente a su sociedad creativa con ella. Desilusionado por las internas salvajes del mundo de la moda, harto de ser jurado en realities como Legendary y profundamente deprimido por la muerte accidental de su pequeño sobrino al caer de una ventana, Roach encontró la manera de reiniciar una nueva etapa junto a su amiga de siempre más cerca que nunca.

Experto en hallazgos vintage y rastreo de referencias multiculturales, logró hacer que de cada atuendo surgiera una curiosidad. Ya en la MET Gala 2018 había logrado que millones de chicos de la gen Z googlearan la historia de Juana de Arco, reencarnada en el traje metálico de Versace que portó Zendaya, o que se interesaran masivamente en el vestido gótico de la colección AW96 de Givenchy, firmado por John Galliano, que portó cuando fue anfitriona de la misma gala en 2024.

El tocado floral para la ocasión fue realizado por el superlativo sombrerero Philip Treacy para Alexander McQueen en su desfile SS2007. Toda la belleza, el salvajismo y el poder temerario de la naturaleza estaban en su cabeza. Law Roach le pidió a su amiga que comprara el atuendo completo y lo conservara para siempre. Una prueba de amor y de la memoria de algo viejo que es nuevo otra vez.

Fotos de campaña:

LOUIS VUITTON x MURAKAMI © Louis Vuitton

Foto de los GG:

Golden Globe Awards © Louis Vuitton

Artículos Relacionados>

Por Carolina Barbosa

El creador del podcast La canción sin fin, en el que analiza la obra de Charly García, y pieza clave del éxito de Los Bla Bla reflexiona sobre el arte como un espacio de pausa frente a la lógica de la productividad. “En este momento en el que todo va muy rápido tengo la necesidad de usar la música para perder el tiempo.”

Por Silvina Pachelo
Por El Planeta Urbano

El viaje cambió: ya no se trata de a dónde ir, sino de por qué ir. En 2026, conciertos, festivales, gastronomía y cultura están redefiniendo el turismo: experiencias que justifican el desplazamiento, el gasto y la historia que se quiere vivir.

Por Facundo Cancro

El icónico diseñador británico vuelve a la escena con una alianza inédita junto al gigante fast fashion español: una propuesta que mezcla archivo, sostenibilidad y una nueva forma de pensar la autoría en la moda contemporánea.

Por Facundo Cancro

El diseñador industrial catamarqueño radicado en Berlín regresó al país para presentar su primera exhibición individual en ArtLab. En diálogo con El Planeta Urbano, reflexiona sobre errores digitales, universos abstractos y los vínculos emocionales que construimos con la tecnología. “Siempre se asocia lo tecnológico con algo superficial o sin alma. Mi ejercicio es intentar darle naturalidad.”

Por Silvina Pachelo
La historia de una artista única del siglo XX que convirtió el dolor físico, el amor turbulento y el compromiso político en una obra profundamente personal.
Por Facundo Cancro

En su nueva muestra en Colección Rivarola – El Local, la artista propone una mirada sensible donde la línea y el color abren un espacio entre el arte, la naturaleza y la interioridad.