Olivia Nuss, del anonimato al protagónico de "Cromagnon": "Lanzar la serie ayudó a darle más visibilidad a la lucha por la verdad”

La actriz emergente pasó de no tener experiencia profesional a protagonizar una de las producciones nacionales más significativas del último año. En esta entrevista, cuenta cómo su participación allí no solo marcó un punto de inflexión en su carrera, sino también a nivel personal.

Muchas de las series argentinas recientes se han convertido en un espacio de diálogo cultural, donde se reinterpretan y reescriben los hitos de la historia. En este contexto, la actriz Olivia Nuss encontró su camino. Desde muy chica, se sumergió en el mundo del teatro, formándose en talleres como el de Nora Moseinco, donde su creatividad trascendió la mera interpretación.

Durante sus últimos años de secundaria, Olivia descubrió una nueva pasión: el cine. A pesar de sus dudas y sin revelarlo a demasiadas personas, hizo el ingreso a la ENERC (Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica) y fue aceptada. En ese espacio consolidó su amor por las artes visuales, y fue durante el final de la carrera cuando la oportunidad de participar en la serie "Cromañón cambió el curso de su vida". “Estudiando Dirección entendí muchísimo sobre la actuación y creo que si no hubiese hecho esa carrera, no podría haber hecho la serie de la manera en que la pude hacer”, cuenta la intérprete.

–De no haber hecho nada como profesional a protagonizar "Cromañón" es un salto muy grande, ¿cómo llegaste a esa instancia?

–Sí, fue muy loco, de cero a cien pasé (se ríe). Se hizo un casting bastante abierto, por eso pude llegar. Fui un poco pensando que nunca iba a suceder y creo que eso me ayudó. A cada audición siempre iba con muchas ganas de aprender y salía llena de conocimiento, así que siempre que me llamaban de vuelta, era pura felicidad. Fueron seis o siete instancias y, al final, ya había un poco más de ansiedad de mi parte, porque me daba cuenta de que estaba cada vez más cerca. Cuando me eligieron, fue increíble.

–¿Qué fue lo que más te impactó de la repercusión que tuvo la serie?

–Lo que menos esperaba y me impactó mucho fue recibir tantos mensajes de gente agradeciéndome, desde algunos que estuvieron ese día, hasta madres y chicas que me decían: “Lo vi con mi hija y pude contarle lo que fue Cromañón para mí”, o chicas escribiéndome: “Lo vi con mi mamá y entendí eso que ella me nombraba”. Incluso gente de otros países contándome que habían entendido una parte de la historia argentina. A fin de cuentas, eso es lo valioso que genera la cultura y el cine de nuestro país: logran interpelarnos. Es una manera de contarnos a nosotros mismos, es parte de nuestra memoria.

–Se acaban de cumplir 20 años de Cromañón, ¿qué pensás sobre que se esté volviendo a debatir el tema, las consecuencias y los petitorios de los sobrevivientes a partir de la serie?

–Para nosotros era muy importante que, con el estreno tan cerca de los 20 años de la masacre –no tragedia, eso lo aprendimos de los sobrevivientes, porque esto era evitable y las tragedias son inevitables– las notas que dábamos destacaran que la lucha sigue activa. Esto no es un tema cerrado, es una herida muy abierta. La memoria activa es fundamental.

El proyecto para transformar en vitalicia la asistencia económica que acaba de aprobarse para los sobrevivientes fue un paso importante, porque antes tenían que pelear cada año para renovarla, reviviendo una y otra vez lo que les pasó. Los pibes y pibas que estaban ahí esa noche fueron víctimas de la negligencia de un Estado y un sistema colapsado. Lanzarla en esa fecha ayudó a darle más fuerza y visibilidad a esa lucha.

–Un hallazgo de la serie es que, a través de algo particular que atraviesan los personajes, en tu caso el de Male, se cuenta algo general como la masacre y todo su impacto, ¿creés que eso generó un efecto de identificación para dimensionar lo ocurrido?

–Sí, para mí es un gran hallazgo ir de lo micro a lo macro. Uno tiene el número de que 194 pibes y pibas fallecieron en la masacre de Cromañón, y la ficción trae la posibilidad de ponerles caras y voces. La serie retrata a ese grupo de chicos, pero hay miles de historias posibles sobre lo que pasó esa noche y cuáles fueron los efectos posteriores en las personas. Creo que también ayudó a que muchas cosas que estaban instaladas, que eran mitos o ni siquiera, porque respondían a ciertas necesidades de grupos políticos, se cayeran.

Recordemos que hubo un momento donde a los pibes se los estigmatizó totalmente. Decían que había una guardería paga en el baño, por ejemplo, instalando en la opinión colectiva que los pibes eran unos irresponsables. La serie acerca la idea de que podría haberte pasado a vos, con esa o con cualquier otra banda de música. Poder lograr que la gente empatice y se conecte con un lado más humano es un triunfo.

–El capítulo en el que ocurre el incendio es tan crudo que resulta casi imposible de mirar. ¿Cómo se maneja la emoción en ese caso?

–Como actriz no podés negar la emoción que eso te trae, la tenés que usar, pero tampoco podés dejarte sobrepasar por eso, porque después tenés que hacer diez tomas más. Entonces aparece un juego medio extraño entre emocionarse y ponerlo siempre al servicio del personaje. Eso es lo que te salva, porque uno lo ve en un capítulo de 40 minutos, pero nosotros estuvimos un mes grabando eso, entre exteriores e interiores. Hay algo que está bueno contar, y es que el trabajo fue tan colectivo, que desde el primer extra hasta el último técnico, todos estábamos comprometidos en lo que íbamos a hacer, y eso ayudó muchísimo.

También hubo tiempo de preparación e investigación. Me acuerdo que vi videos muy duros de un médico explicando en un juicio qué es lo que generaba el humo en el pulmón de los pibes o cuáles eran las secuelas físicas que te quedaban, muchas cosas que uno capaz prefiere no ver o no escuchar porque son muy crudas, pero en nuestro caso era necesario porque había que representar física y sensorialmente lo que les había pasado.

–¿Alguna anécdota que me puedas compartir del rodaje que haya sido significativa para vos?

–La escena del juicio, cuando Malena declara. Estaba Celeste presente, que es una de las sobrevivientes que ayudó en la escritura del guion y también a nosotros los actores. Mi personaje no es ella porque es ficticio, pero tenía algunas partes de su historia, entonces para mí era como un faro. Celeste aparecía en el rodaje medio como un hada madrina en los momentos más difíciles, y ese día en el juicio, cuando terminó la toma, se acercó, me abrazó y me agradeció mucho. Me dijo que, a través mío, le estaba pudiendo poner voz a lo que ella pensaba en ese momento. Fue muy emocionante. Ahí terminé de entender que estábamos haciendo algo muy importante.

–¿Qué caminos nuevos se te abrieron a partir de este trabajo?

–Muchos e impensados. Haber compartido con semejante elenco ya son mil puertas que se abren. También de aprendizaje, porque pude tomar mucho para la parte de la dirección. Volví del rodaje y tenía que terminar mi tesis de la facultad, así que grabé un corto, "Sofía", que ganó un premio en el Festival La Mujer y el Cine. También surgieron varias propuestas laborales, estuve filmando la serie "Amor animal" en Uruguay mientras se estrenaba "Cromañón", así que iba y venía de un lado al otro. Fue un poco el sueño del pibe, pero ahora estoy agotada. Es momento de hacer una pausa y ver hacia a dónde quiero seguir con todas estas oportunidades que se están abriendo.

Fotos: Gentileza Agencia Tommy Pashkus

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