José Giménez Zapiola, "El Purre": "Cromañón es una forma de recordar, de tener memoria de la historia de nuestro país"
Entre el lanzamiento de su disco Nuestro Truman Show y una extensa gira por todo el país, “El Purre” se enfrenta a su gran oportunidad profesional al formar parte del trío protagónico de Cromañón. En diálogo con EPU, cuenta cómo se preparó para este desafío, cómo fueron los encuentros con los sobrevivientes y asegura: “Para mí, la serie es una forma de recordar, de tener memoria”.
Actor, cantante, músico y compositor, José Giménez Zapiola, más conocido como “El Purre”, está viviendo un momento profesional extraordinario en los distintos ámbitos artísticos en los que se mueve, con el aplomo, la madurez, la seriedad y la tranquilidad de espíritu dignos de un intérprete veterano, que contrastan con sus apenas 27 años de vida.
En un año con mucha actividad teatral, entre las obras Mamma Mía! y Lo Normal, el lanzamiento de su disco Nuestro Truman Show y una extensa gira por todo el país, se enfrenta a su gran oportunidad como actor al encarnar a Lucas, uno de los integrantes del trío protagónico de Cromañón. Tal como ocurría en la película Titanic, José Giménez Zapiola, Olivia Nuss y Toto Rovito componen un triángulo amoroso involucrado en una tragedia inconmensurable.
Desde la ficción, la serie de ocho capítulos recientemente estrenada en Prime Video busca aportar algo de claridad a la noche más oscura, a casi veinte años de la fatídica jornada que enlutó a un país, marcó a una generación y provocó un cambio irreversible en la cultura roquera .
Con un pasado de productos juveniles como Go! Vive a tu manera y Entrelazados, y un lugar destacado en El Primero de Nosotros, el último gran éxito de la ficción en la televisión abierta, “El Purre” atraviesa la era de la madurez y comparte sus reflexiones en esta charla con El Planeta Urbano.

-Eras muy chico cuando sucedió Cromañón. ¿Cómo te preparaste para la serie?
-El guion para mí está buenísimo, tiene un montón de información, pero, obviamente, para un proyecto como Cromañón había que hacer una investigación. Era necesario ver y buscar material para nutrirse. De hecho, teníamos un grupo de WhatsApp donde compartíamos entre todos las notas y los videos que íbamos viendo mientras estábamos ensayando. La preparación fue muy linda también porque había que interpretar a un grupo de amigos. Muchos de los que finalmente quedamos en la serie no nos conocíamos; entonces, estuvo bueno el intercambio de información, fue una manera de acercarnos.
-Recién hablaste de los que finalmente quedaron, ¿cómo fue el proceso de audiciones?
-Largo, tuve que hacer tres castings, recién en la etapa final hicimos una audición juntos con Oli y con Toto. De hecho, con Toto probamos los dos roles cada uno: ambos interpretábamos a Lucas y a Nico e intercambiábamos personajes. El proceso de los ensayos con María Laura Berch y Alejandro Catalán fue muy lindo también, tuvimos muchos encuentros para trabajar las escenas. Empezamos laburando con ejercicios sensoriales, había que trabajar mucha cosa física.
-Algo que me llamó la atención es que en la serie casi todos los amigos del grupo forman parte de una banda, menos tu personaje que se dedica al trabajo social. Siendo músico, ¿cómo lo llevaste?
-Cuando uno hace una audición, no tiene acceso a todo el material. Para mí, siempre hay una razón por la cual te eligen para un personaje, por más que a veces uno vaya a hacer un casting y desee otro papel. Toto también es músico, así que en ese punto sentía que cualquiera de nosotros podía ser parte de la banda.

Finalmente, me tocó ser Lucas, pero siempre sentí que en Cromañón explotaba más la parte actoral que la musical. Oli aprendió a tocar la guitarra para el proyecto; era un gran desafío porque tenía que cantar y tocar la viola. No sabía hacerlo, pero se preparó tres meses para que quede lo que ves, que es una hermosura. Yo la ayudé con eso y con las canciones.
-¿Pudieron hablar con los sobrevivientes o con sus familiares?
-Era un deseo contar con la experiencia de alguien que fue parte, y por suerte pudimos hacerlo. La productora organizó encuentros con los sobrevivientes, hablamos un montón de horas y el testimonio de ellos fue muy enriquecedor para nosotros. Era muy loco que todos los que estaban ahí, compartiendo una misma sala mientras hacíamos preguntas, eran personas que se habían conocido pos-Cromañón, durante el juicio, luchando por sus derechos. Habían estado en distintos lugares del boliche, y, dependiendo de la ubicación de cada uno, su noche había sido una u otra.
-El capítulo cinco, donde sucede el incendio, es tan duro que hasta es difícil de mirar. ¿Cómo encararon un desafío tan arduo?
-La grabación de ese capítulo llevó tres semanas. Era el momento de la serie: Cromañón existe por esa noche. Por suerte, nos agarró en el medio del rodaje y no al principio. Yo trato de mirarlo con la perspectiva que me da haber terminado de rodar hace dos años y fue tremendo, fueron días muy largos y angustiantes, con algunas jornadas de doce horas donde solo hacíamos escenas que ocurrían esa noche.

Esos momentos fueron los más duros. Volvíamos al hotel porque estábamos en el Uruguay y nos apoyábamos entre nosotros con mucho amor. Con el diario del lunes, te digo que estar viviendo todos juntos fue la mejor decisión que pudo tomar la producción. Fue un lugar de encuentro, de muchas charlas.
-Entre la música y la actuación, ¿hay algo que vino primero o fueron pasiones simultáneas?
-La música fue lo primero que llegó a mi vida. Yo me crié con la guitarra sonando en casa gracias a mi papá y empecé a tocar y a cantar a los catorce, pero más como un hobby, no sé si como una pasión a la que quería dedicarle mi carrera. Después, trabajé mucho más profesionalmente como actor que como músico.
A los dieciocho, ya hacía dos años que estudiaba teatro, empecé a hacer castings, y la vida me llevó para ese lado. Siento que el crecimiento fue paulatino, muchos eran proyectos infantojuveniles donde también cantaba un montón. Los castings siguen siendo durísimos, pero cuando arranqué tenía más inconciencia de lo que significaban. Cuando empecé a quedarme en esos proyectos, se fueron haciendo fuertes las dos cosas juntas. Me siento un afortunado por haber laburado desde que era adolescente.

-Mencionaste a tu papá y la presencia constante de su guitarra. Sos el menor de once hermanos, ¿cómo fue crecer en una familia tan numerosa?
-La realidad es que no me crié en una casa con once hermanos porque mi papá tiene 83 años y mi hermano más grande, 60, así que cuando yo nací mi hermano mayor ya tenía hijos. Hacía su vida, me lleva casi treinta años, pero es muy loco ser el menor. En casa éramos mi hermana, un año y medio más grande que yo, y los demás venían algunos días. Somos de tres gestiones distintas: papá es el padre de los once, pero la verdad es que de chiquito nunca viví la brecha generacional con mi viejo. Quizá hay más diferencias ahora, porque a los 83 años le digo cosas como “Viejo, esto ya no te lo puedo explicar”. En un futuro, yo once hijos seguro que no (se ríe).
-¿Qué esperás que se lleve la gente después de ver Cromañón?
-Los más chicos que yo quizás no saben realmente lo que fue Cromañón. Para mí es una forma de recordar, de tener memoria de la historia de nuestro país y de conocer un suceso que nos marcó. Creo que la serie le acerca mucha información a la gente, y me parece que eso contribuye a crear empatía. Yo siempre digo que muchas veces la falta de empatía, en realidad, es falta de información porque se ponen a opinar sobre Cromañón sin tener idea. Quizás solo recuerdan algún titular de esa noche y nunca más se informaron sobre cómo siguió todo. La serie, en ese caso, rescata cosas buenas y también momentos olvidados.
Fotos: @machadocicala

