Bhavi: "El mejor negocio es ser vos mismo y encontrar tu manera"
Cuando el trap argentino explotó, Bhavi estaba ahí, ocupando un papel protagónico. “Bésame”, el sencillo que grabó con Seven Kayne en 2018, es una canción troncal del género urbano hecho en la Argentina, una de las primeras que le abrieron las puertas a la masividad. A diferencia de muchos artistas de esa camada inicial, él no viene de las batallas de freestyle. De hecho, estaba lejos de eso.
El joven Indra Buchmann empezó grabando música en su habitación y cantando en inglés, con un pie en la Argentina y otro en Bélgica, donde nació. En Europa ganó experiencia en el estudio y sobre el escenario, pero cuando tuvo que elegir en qué lugar desarrollar su carrera, apostó por este país, donde sintió que tenía mucho para dar. “Tenía mucha data del trap y acá estaba recién empezando, entonces sentía que tenía que compartirla”, cuenta.

–Dentro de poco editás un nuevo álbum, Bhavilonia. Sos de hacer más álbumes y EPs alrededor de un concepto que de lanzar singles por separado, ¿verdad?
–A mí me sale natural armar proyectos. Me es más fácil desarrollar un concepto y una trama e ir buscando a partir de esa semilla, que organizar quinientos mil singles que por ahí no tienen una línea. Yo no saco tanta música como otros artistas, pero en la industria hay que mantener un ritmo porque el negocio funciona así, está muy orientado a la canción. El negocio es el single, por eso creo que no se hacen tantos discos.
Hay una visión muy a corto plazo, mientras que para mí el proyecto a largo plazo es el que fideliza mucho más a los fans, porque te siguen por vos y no por tu canción. Si solo hacés singles, te vienen a ver un año o dos, pero al tercero o al cuarto ya no, porque ya no escuchan más esas canciones. Ahora, si sacás discos y seguís desarrollando eso, los singles empiezan a ser súper importantes. Es como pasa con las bandas, que aunque no estén en el top 10 cortan un montón de tickets. El mejor negocio es ser vos mismo y encontrar tu manera, aunque cada disco sea distinto y no haya una forma de hacerlo.

–En tu discografía se nota que hay una búsqueda constante con colaboraciones muy diversas y sonidos diferentes.
–Hay un porcentaje de intuición y otro de sentimiento, que hace que las creaciones sean diferentes. Lo lindo es estar siempre aprendiendo y asumir el desafío de salir de la zona de confort. Si lo hacés siempre igual, te empezás a copiar a vos mismo y ahí es cuando el artista se pierde. Ahora estoy por sacar la primera canción producida por mí en diez años, y "Bhavilonia" tiene varias producciones mías.
Yo produje mis primeros discos cuando tenía 17 o 18 años, pero después me di cuenta de que podía subir muchos pasos muy rápido si delegaba eso y me concentraba en otras cuestiones, como la voz, las portadas, la imagen y los videos. También participé y produje la primera sesión de una movida de Milo J que se llama “Protocolo Bajo West” y que es como las “Bizarrap Music Sessions”.
–Vos también fuiste el primero en colaborar con Bizarrap en esa serie de sesiones que se volvieron un hito en la música urbana a nivel mundial. ¿Cómo fue la cocina de esa grabación inicial?
–Fue para apoyar el canal de Biza, que siempre me tiró buena onda. Cuando saqué mi primera canción, “Mojaa”, él y Coscu (N. de la R.: streamer argentino) fueron las primeras personas con seguidores que la compartieron. Tiempo después, me preguntó si quería hacer una sesión de freestyle. Yo le respondí que yo no hacía freestyle, pero que podíamos armar una sesión ya grabada y premeditada. Esa canción la llevé yo, que la había compuesto con Halpe, un productor que es como un hermano para mí, y la grabamos en vivo en una toma.

–Volviendo a tus comienzos, vos tenés la particularidad de que, a pesar de que estuviste desde el principio en la movida del trap, no participaste de las batallas de freestyle. ¿Cómo entraste en escena?
–Mi sueño siempre fue ser un rapero, pero yo no consumía las batallas de freestyle. Estaba en mi cuarto haciendo música en inglés y proyectaba exportarla o irme a vivir a otro lugar, que fue lo que hice, porque mis primeros discos eran de hip hop experimental. En la Argentina hubo como un big bang del trap porque se conectó al mismo tiempo la energía de muchos chicos que estaban soñando con que se creara una movida así de grande. Muchos trabajamos para crear esta subcultura del trap latino, porque el argentino es un trap muy particular.
Cuando explotó, yo estaba en paralelo haciendo cosas en Bélgica que no tenían nada que ver, pero vi el agujero en la matrix y empecé a cantar en español. Me metí cuando se estaban construyendo los pilares de la escena y yo ya sabía muchas cosas, entonces pude aportar mi parte y traer otro condimento. Al final hago lo que siempre quise hacer, pero nunca me imaginé llegar hasta acá con canciones en castellano y con acento argentino. La vida siempre tiene vueltas que uno no se espera.

–¿Qué estabas haciendo en Bélgica en ese momento?
–Hice una gira en Europa abriendo para una artista afro llamada Coely, que estaba full en esa época y que hacía unos temones. Su equipo me cobijó y me dio la oportunidad de tocar con ellos. Fue hermoso, porque tocaba diez o veinte canciones que nunca salieron; salvo dos, una que hacía con ella y otra con otro colega, Dvtch Norris. Él me dio mucho lugar en su carrera y en su vida. Daba shows en boliches y me llevaba a cantar ese tema por todos lados. Justo antes de venir a la Argentina, los managers de Coely y Dvtch quisieron que firmara con ellos, pero en ese momento estaba por sacar mis primeras colaboraciones con Duki y Ecko y decidí apostar por eso.
La verdad es que me aplaudo, porque también me ofreció un contrato Sony en Bélgica y no lo agarré de una, a pesar de que no tenía un mango. En esos años vivía en el altillo de mi viejo y trabajaba como ingeniero en un estudio de grabación. Me traían artistas de hip hop y los sellos querían que hicieran trap. Mi tarea era guiarlos en ese proceso. En la Argentina la escena recién estaba empezando, y eso me motivó a traer para acá todo lo que sabía. Había mucho por explorar.
–Entre esos primeros singles que sacaste, está “Bésame”, que se convirtió en una canción fundamental para el trap nacional. ¿Cómo fue remixarla este año junto a otros artistas más nuevos, como Milo J y Tiago PZK?
–Un delirio. Fue la canción que más dolor de cabeza me dio porque estuvo a punto de no salir en varias oportunidades, por temas del negocio y de la canción misma. Pero también trajo muchas cosas lindas. La mayoría de los artistas que participan crecieron escuchándola. Milo tenía 12 años cuando la publicamos. La escuchaba yendo al colegio. Estoy súper feliz por el respeto que le pusieron y es un placer haberle dado esto al mundo. Sentí que a la gente le iba a hacer bien sentir una dosis de nostalgia, cinco o seis años después de su lanzamiento.

–Tus shows siempre son muy visuales. Ayer hiciste tu primer estadio Obras y hoy tocás de nuevo. ¿Cómo encarás la puesta en escena?
–Yo amo lo que hago, pero la mayoría de los shows me aburren o no me transmiten tanto. Aunque tengas la mejor banda del mundo, si las canciones están hechas en programas como el Fruity Loops o el Ableton y con una caja de ritmos Roland TR–808, pasarlas a banda a mí no me atrae. Si hacés trap, ponés unos monitores, unos parlantes de la hostia y ponés el beat para que la gente se agarre la cabeza. Ahora, si vos estás solito y no pasa nada sobre el escenario, el show es vacío. Entonces quise armar algo más teatral, para que sea rico visualmente. Busqué mi manera y encontré lo que llamé “ópera trap”, donde voy con pista, pero con mucho despliegue.

