Carlos Portaluppi: "La ficción es una excelente herramienta para vincularse, crecer y poder entendernos entre las personas"

Creador de personajes inolvidables en cine, teatro y televisión, lleva 40 años enamorado de una profesión a la que descubrió casi por casualidad. Y aunque hoy es el turno de las tablas, no hay desafío en el horizonte para el que este actor que maneja la cuerda de la sensibilidad como pocos no esté preparado. En esta entrevista, habla de su actualidad, analiza el momento del país y pasa lista a los roles que lo instalaron en la memoria popular.

Dice que siempre quiere estar donde haya una buena historia por contar. Está bien rumbeado, porque si miramos la carrera de Carlos Portaluppi, ese GPS no le falló jamás. Pisó todos los escenarios, compartió interminables giras internacionales con las obras Emilia y El desarrollo de la civilización venidera de la mano de Claudio Tolcachir y Daniel Veronese. Hizo Nunca estuviste tan adorable, con María Onetto y dirección de Javier Daulte, pero también protagonizó éxitos en calle Corrientes, como Votemos y Perfectos desconocidos. Ahora está al frente de Jardines salvajes, la ácida y florida comedia que estrenó en el Multiteatro Comafi junto a Micaela Vázquez, Vivi Puerta y Nazareno Casero.

Conoce a la perfección el arte de actuar el enojo descontrolado, la risa socarrona, la tragedia y la ternura. Basta con pensar en Fabio, su personaje de Vidas robadas, en el entrañable farmacéutico Dominicci de Vulnerables, o recordar su inolvidable Morcilla en El marginal. Fue distinguido con un Premio Konex como Actor de Televisión de la década 2011-2021 y formó parte de dos de las películas más exitosas de los últimos años, Argentina 1985 y La extorsión.

Y ahora, basta de preámbulos. Haga su magia, Portaluppi.

– "Jardines salvajes" y "Votemos" se centran en las dificultades que tenemos para dialogar con el otro. ¿El teatro y el cine son herramientas para reflexionar sobre qué nos pasa como sociedad?

–Claro que sí. La ficción es una excelente herramienta para vincularse, pensar, crecer y poder entendernos entre las personas. Me divierte mucho hacer Jardines salvajes, es una obra donde dos parejas, una más joven y otra adulta, comparten barrio y una dudosa medianera que no deja claros los límites. Ahí arranca una confrontación que incluye diferentes modos de pensar, de sentir y de vivir la vida, ya sea en asuntos ambientales como en temas generacionales que abarcan desde cuestiones de género hasta el feminismo. Es una obra que va muy rápido y no abandona la comedia, pero toca temas que hablan de la condición humana y te dejan reflexionando.

–La calle Corrientes está repleta de comedias, ¿el humor es un atajo para enfrentar los temas más ásperos?

–Quizás la comedia tiene la cualidad de ablandar un poco las situaciones al desdramatizar irónicamente el concepto que está en debate. Me parece que tanto en el drama como en la comedia hay cabida para contar y pensar las mismas historias desde diferentes lugares. Yo pertenecí a un grupo que se llamaba justamente “Humoris Dramatis”, donde tomábamos obras de alto voltaje dramático y las reconvertíamos con humor, jugábamos entre la tragedia y la risa. Es un ejercicio interesante, porque al pasar de un estado al otro te das cuenta de lo cercanos que están.

–Acá el público siempre ha amado a sus figuras, pero de pronto ahora muchos actores son percibidos como enemigos, ¿qué nos pasó?

–Es una cuestión ideológica. Vertés una opinión y es como si automáticamente te colocaras en el extremo opuesto al otro. Creo que hay un nivel muy bajo de tolerancia, aceptación, diálogo, comprensión y debate. Parece que no se pudiera opinar libremente sin ser atacado visceralmente, ¿no? También hay mucho troll. Como ciudadano, tenés el derecho de expresarte sin ser atacado con tanta crueldad, como lo padecen varios colegas.

–¿Y vos cómo lo vivís?

–Me ha pasado algo así cuando salí a defender a SAGAI, porque es una sociedad de gestión de intérpretes que gestiona nuestros derechos así como Argentores lo hace con los autores o SADAIC con los músicos. Cada trabajo nuestro que se ve en otros lugares del mundo genera un dinero que entra al país y hace aportes. SAGAI no le genera ningún gasto al Estado, es absolutamente independiente, pero además tributa, porque nos retienen el 35% de lo que cobramos.

En ese sentido, hemos salido a defender derechos y fuimos atacados con el latiguillo “con la nuestra”. Pero es con la mía que aporta también a la tuya, esa es la verdad. Son derechos que nos costaron muchos años conquistar. Pepe Soriano ya había empezado con esto en su juventud y lo logró pocos años antes de morir. Todos tenemos derecho a decir lo que sentimos sin ser blanco de ataques tan liviana y anónimamente.

–Hablando de dolores, si necesitás medicamentos estás salvado, hiciste de enfermero en la película "La dosis" y fuiste el recordado farmacéutico Dominicci en "Vulnerables"…

–(Se ríe) Sí, uno los aplicaba y el otro los recetaba. Dominicci le distribuía recetas a María Elena, el personaje que hacía Leonor Manso, por supuesto todas marcas que no existen; me causaba mucha gracia la creatividad de Mario Segade para inventarles nombres, sobre todo al Sleeping Good 600 (se ríe). Vulnerables fue muy importante para mí, le estoy muy agradecido a Adrián Suar y a todo el equipo de Pol-ka, que se fijaron en mi trabajo. Yo venía actuando en el teatro independiente, salieron a buscar gente nueva y me vieron en un sótano haciendo Calígula, de Albert Camus, y todo empezó ahí, con una prueba de cámara y un casting.

–¿Es verdad que hasta que no te subiste al escenario gracias a una profesora del secundario no habías ido nunca al teatro?

–Es cierto. Fue en la Escuela Normal Mixta Manuel Florencio Mantilla, de mi ciudad, Mercedes, en la provincia de Corrientes. Estando en quinto año, a los 17, mi profesora de francés me propuso ser parte del elenco que dirigía. Primero actuamos en el colegio y después en el Teatro Cervantes de mi ciudad con Nuestros hijos, de Florencio Sánchez. Fue hermoso, le voy a estar eternamente agradecido a la profesora Casco. Yo era un adolescente jugando a ser padre de familia en el teatro y me encontré con un mundo muy rico y con una energía que desconocía.

Después, con el tiempo me di cuenta a través de un cuadro que estaba en mi casa, pintado por Luis Arata y dedicado a Blanca Podestá, que era amiga de una tía abuela mía, que el germen estaba ahí. Ahora ese cuadro lo tengo yo. Retrata a un actor de circo criollo sentado sobre un cajón, comiendo un plato de arroz, con la carpa detrás. De niño esa pintura me emocionaba muchísimo, me generaba una profunda tristeza la soledad del actor, pero a la vez me intrigaba imaginar qué pasaba adentro de esa carpa.

Descubrí que podía empezar a manejar mis estados y mi sensibilidad a partir de eso. Entre los treinta y los cuarenta me di cuenta de que ese fue el gran disparador, la pintura de Luis Arata, nuestro actor emblemático, del cual Pirandello decía que nadie hacía mejor sus obras que él.

–Perdón a Pirandello, pero vos podés decir que te elogió Viggo Mortensen.

–Lo de Viggo fue de una generosidad única, realmente. Hizo un comentario sobre la película Hijos nuestros. Viste que él es muy “cuervo”, y ahí yo hacía de un ex futbolista de San Lorenzo que había jugado siete partidos en Primera y terminó trabajando en un taxi. La verdad que fue muy generoso al comentar mi trabajo.

–Dicen que en el podio de las risas icónicas están la de Amadeus, la de Joker y la del Morcilla, tu personaje en "El marginal", ¿será?

–¡Me pusiste en un podio muy alto! Me siguen preguntando todos los días por Morcilla, está todavía muy presente. Cuando El marginal se subió a Netflix fue un fenómeno que trascendió las fronteras: me ha pasado de estar en Chile, México o Colombia y ser reconocido por ese personaje. Fue una experiencia muy linda y de gran calidad artística. Se convirtió en la primera ficción latinoamericana en llegar al prime time de un canal de aire en Francia.

Se extraña a Claudio Rissi (N de la R: el actor, protagonista de la serie, falleció el 2 de febrero de este año), un compañero y un amigo; lo tenemos presente siempre, no solo profesionalmente sino en la vida, en nuestra cultura, en el teatro y en el cine, donde nos ha dejado cosas maravillosas. Ya no está físicamente, pero nos dejó todo su amor y su entrega en cada historia.

Fotos: Alejandro Calderone Caviglia

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