Déborah Dixon: "Han pasado muchos años de esta relación hermosa que tenemos con el Indio Solari, pero aún interpretar canciones suyas es todo un desafío"
Es dueña de una de las voces más reconocidas del blues y el jazz nacional y, desde hace varios años, la cantante elegida por el Indio Solari para acompañarlo e interpretar sus letras en vivo. En esta charla con EPU, la ex Blacanblus repasa su experiencia como pionera en la escena y comparte la mística de subirse al escenario con Los Fundamentalistas: “Le ponemos el nivel de profesionalismo que se necesita para que eso que transmitimos sea cierto, creíble".
“La música te encontró a vos”, le repetía su madre y vaya si tuvo razón. Costarricense de nacimiento y argentina de corazón, la adolescencia de Déborah Dixon transcurrió en la costa del Caribe escuchando todo lo que ocurría a miles de kilómetros en Woodstock, o con amigos coreando canciones de protesta de Violeta Parra y Mercedes Sosa.
A pesar de tener ascendencia afro y de crecer en un hogar donde el jazz estaba presente, nunca intentó imitar a Aretha Franklin o esas mujeres de llamativa voz grave y profunda. La curiosidad de conocer el mundo (y probablemente el destino), fue la llave para que muchos años después su pasatiempo se convirtiera en su carta de presentación: Déborah es una de las voces más icónicas del blues, jazz y ahora del rocanrol del país.
Tras crear Las Blacanblus, su voz abrió paso a una carrera donde compartió escenarios con los más convocantes artistas nacionales y hace varios años, el propio Indio Solari la eligió para acompañarlo e interpretar sus canciones en vivo. A días de un nuevo show de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, la cantante reflexiona por qué realmente la música no para de darle sorpresas.
–Estuviste a nada de desperdiciar toda esa voz y resonancia de tus ancestros en Francia, si no fuera porque llegaste a la Argentina y necesitabas un hobby, ¿nunca habías notado en tu voz ese talento oculto?
–¡Jamás! (se ríe) Yo me fui de Costa Rica a Francia para ver qué hacer de mi vida, podría haber sido arquitecta, diseñadora de interiores o arqueóloga, me encantaba todo lo exótico. Ya había estudiado el idioma así que comencé Letras, y después el amor y las vueltas de la vida me trajeron a la Argentina. Acá empecé con clases de canto negro como pasatiempo una vez que terminé el traductorado y en simultáneo a mi trabajo de profesora en la Alianza Francesa. Ahí recién empezó todo.
–Sin embargo, poco tiempo después estabas junto a otras talentosas artistas creando Las Blacanblus y con una propuesta totalmente novedosa para la escena musical porteña. ¿Por qué creés que generaron eso?
–Al comenzar, notamos que lo que hacíamos calaba hondo entre la gente, especialmente entre el público femenino, ya que el rol de la mujer dentro de la sociedad era otro, imaginate sobre el escenario. Había muchas cantantes pero, precisamente, bastante invisibilizadas. Nosotras fuimos conocidas pero siempre under, haciendo todo solas, no vino una compañía a bancarnos. Y en un momento dado, cuando no pudimos más con eso, dejamos de hacerlo porque no es fácil que cuatro mujeres sostengan un proyecto, cada una con una familia que sacar adelante.

Teníamos muy claro lo que queríamos decir, no queríamos ser dependientes de ningún tipo que nos viniera a manejar artísticamente. Y eso que parecía no ser políticamente correcto, llamó la atención para la época. Siempre fuimos muy feministas sin utilizar ese término. Bah, yo sí, siempre supe que lo era.
–No solo en el público femenino, sino que lograron hasta conmover con sus voces a más de un hombre rudo, como el mismísimo Pappo que las invitó a un Obras y se sinceró: “Voy a presentar a unas chicas que me hicieron llorar”.
–Sí, es verdad (se ríe). Me emocionó mucho, pero en ese entonces yo al ser extranjera, no conocía a los referentes de acá. Pensaba “¿Quién es Pappo? ¿Cómo será su público?”, y había sido que era picante su gente. A mí me temblaban las patitas porque era todo nuevo, no sabía qué me iba a encontrar del otro lado del telón. Y ahí sí, un poco nos cayó la ficha de que sorprendía lo que hacíamos, nos respetaron en silencio y disfrutaron de nuestras voces. Después con Pappo nos hicimos muy amigotes, trabajamos mucho juntos, lo adoraba.
–¿Cómo ves la escena del jazz y blues femenino en la Argentina?
–Hay muchas artistas maravillosas, pasa que en ambos géneros, el público es muy chiquito. En cuanto al jazz, su público es más bien específico, conocedor del estilo y que lo sigue porque va a ciertos lugares a disfrutarlo en vivo. Otra cosa es en los Estados Unidos, donde tanto el jazz como el blues son lo popular. Sin embargo, vayas a donde vayas, en cualquier parte del mundo, siempre va a haber un lugarcito donde estén tocándolo en cualquier idioma. Esa música es clásica, no necesita que sea una moda.

–Y hablando de modas, ¿qué ves en los nuevos géneros?
–Me parece bárbaro cómo las redes y toda la cosa del algoritmo te presentan nuevos estilos, te acercan a nuevos artistas y que entre ellos logren hacer conexiones sin depender de compañías ni representantes. Eso es maravilloso, las distancias se acortan y hacen más cercano al artista con su público también. Pero personalmente soy bastante clásica con lo que escucho.
–Te tengo que preguntar por el Auto-Tune, ¿qué te parece su utilización en estos nuevos estilos?
–(Se apresura) Odio, detesto el Auto-Tune. De hecho, no es nada nuevo, antes le decíamos “el afinator”, solo que lo utilizábamos para alguna escaladita, algo final, como herramienta para mejorar cositas pequeñas. Pero utilizado en forma permanente, como un elemento más, no me gusta para nada.
–Hace poco se cumplieron diez años de una fecha histórica en tu carrera: el Indio Solari en Gualeguaychú. Ese show me quedó marcado por dos cosas: el barro que me hizo volver descalza a mi casa, y tu versión de “Blues de la libertad” frente a casi 200 mil personas. ¿Qué recordás de ese día?
–¡También lo del barro! (se ríe). Había tantísima gente, zapatillas enterradas, situaciones muy insólitas que hacen a toda esa mística que no deja de sorprenderme. Pero sí, lo que más me marcó fue esa oportunidad de cantar sola frente a todos. Fue tremendo, estaba realmente muy nerviosa, era demasiado importante para mí, yo misma me decía: “¿Mirá si no les gusta? Me van a chiflar”. Todos los pensamientos catastróficos me aparecieron segundos antes de ser presentada. Te juro que no puedo ver el video porque noto lo nerviosa que estaba, percibo en mi voz el susto.

–Lo disimulaste bien, eh…
–Se ve que sí, sé que a la gente le gustó pero principalmente al Indio. Él estaba ahí feliz arengándome tras bambalinas, y eso para mí fue todo. Un mimo al corazón inigualable, estaré eternamente agradecida por ese lugar que me dio. Es muy generoso, amoroso. Nosotros, Los Fundamentalistas, somos la banda del Indio y salimos a hacer su música gracias a él, a su generosidad y su entusiasmo. Antes de cada show, todos recibimos mensajes colectivos e individuales, nos arenga, nos piropea, nos hace saber que él está ahí para respaldarnos.
–Es recurrente tu agradecimiento al Indio, ¿qué significa él en tu carrera?
–Yo lo conocí cuando estábamos con Las Blacanblus y nos invitaron los Redonditos a cantar en Huracán, en la presentación de Lobo suelto, cordero atado. Como te decía, yo era extranjera, no sabía de este fenómeno. Cuando salí y vi lo que era el público, esa multitud, todo lo que pasaba ahí, fue mágico. Pero resulta que todo eso ha sido aún superado por el Indio solista, y yo tengo el privilegio de que me convocara desde su primer disco y su primer show. Es un hito no solo en mi carrera, sino en mi vida. Han pasado muchos años de esta relación hermosa que tenemos gracias a la música, pero aún interpretar canciones suyas es todo un desafío, porque antes no era lo que yo hacía, y sin embargo él vio algo y depositó total confianza en mí. Él es muy meticuloso, entonces no es sencillo estar a la altura.
–¿Es más trabajo ser la banda del Indio que tocar en vivo junto a él?
–Hay mucho laburo detrás de cada canción. Si nos queda bien el tema desde la voz, si los arreglos acompañan, si logramos hacerlo propio, sentirlo. Los Fundamentalistas es una escuela de aprendizaje, todo el tiempo aprendemos entre nosotros y de él, sin dudas.

–A lo musical se le suma la mística y todo lo que él genera en su público, ¿es una responsabilidad pararse frente a tanta gente que lo admira e interpretar sus canciones en su ausencia?
–Sin dudas, uno sale a ponerle voz a una historia, a un mensaje crítico… nosotros tenemos que lograr que se produzca algo en el público que lo recibe y ¡sabés la responsabilidad que es eso! Hay una parte que ya está dada por ellos, por esa gente que tiene una energía particular, que vive esas historias y que va dispuesta a disfrutar de todo eso.
Personalmente, para mí el espectáculo es ese: las emociones, el cariño de esa gente unida y hermanada, que se reúnan y viajen para vivenciar eso. Es muy potente. Ellos ya saben que no van a verlo a él, van a vivirlo a él. Por eso, a ese espectáculo, nosotros como banda sobre el escenario le ponemos el nivel de profesionalismo que se necesita para que eso que transmitimos sea cierto, creíble. Por eso cada show es único y el próximo en La Plata no va a ser la excepción.
Fotos: KVK Fotos (Gentileza Prensa Los Fundamentalistas)

