Tefi Russo: "Es increíble que aún haya gente que tiene miedo de cocinar"

Se define como “cocinera caradura” pero lo cierto es que se convirtió en la Influencer Latina del Año según los People’s Choice Awards. En esta charla explica por qué su mayor propósito no es conseguir la técnica perfecta sino animar a la gente.

Tefi Russo cocina desde antes de los seis años, pero hace doce creó Inutilísimas, un blog donde subía recetas cuando aún el algoritmo no tenía poder más que en el mundo de la lógica y la matemática. En ese entonces recién llegaba de vivir en España y crear esa red le pareció un juego divertido en el que podía plasmar su pasión.

Se define como “cocinera caradura” y hasta el cansancio recuerda que no es chef profesional sino productora de eventos. Y si bien nunca quiso que la gastronomía se convirtiera en su profesión, la vida da vueltas de 180 grados que rara vez pueden controlarse: esa primera web creció junto a la evolución de las redes, y aunque le cueste aceptarlo, recientemente salió elegida como Influencer Latina del Año en los People’s Choice Awards, premio exclusivo de E! Entertainment, que recibió en Los Ángeles rodeada de estrellas como Leo DiCaprio y Beyoncé.

Casi como una filosofía para la vida que se cuela entre cada una de sus recetas, invita a perder el miedo a equivocarse al cocinar, a jugársela sin preocuparse por el resultado.

–¿Te esperabas el premio o te sorprendió?

–Tuve un pequeño episodio del síndrome del impostor, porque en todo momento dije: “¿Qué hago acá? ¿cómo terminé acá?”. Soy lo opuesto a un influencer: me gané el premio, pero yo que tengo 38 años, cuando voy al colegio de mi hija de 14, me muero de vergüenza porque es un término que está superbastardeado.

Hoy todos los pendejos dicen “quiero ser influencer” porque piensan que recibís regalos en tu casa y ya está. Y yo no voy por ahí. No es una cuestión de armar un estilo de vida y mostrarla porque sí, ni mostrar 800 marcas por día. Es tratar de ser creíble, de generar trabajo, producir, ser constante.

–Tu papá te contagió la pasión por la cocina, ¿tenés algún recuerdo o flashback de esas situaciones o vivencias?

–Sí, no solo me enseñó a cocinar sino a comer: le encantaba cocinar, salir a comer afuera, viajar y que la comida fuera la protagonista de las vacaciones. También mis abuelas. Para mi abuela paterna, tana, las pastas eran recontra importantes; y mi abuela Rosa, bien campechana, caían dos gotas de lluvia y ya te estaba haciendo churros. Te levantabas en la casa y no entendías cómo en la heladera no había nada y ella te hacía un arroz con pollo o unos ravioles de espinaca.

Mi vieja no es tan fanática de cocinar, pero cocinaba muy rico. Con ella aprendí un poco de la previa, de salir de compras y elegir buena materia prima. A mí me encantaba acompañarla, mirarla. Era amiga de todos y así se conseguía la mejor verdura, la mejor carne.

–Desde hace 12 años creás contenidos digitales, ¿qué sentís que cambió, más allá de la tecnología? ¿Extrañás algo de antes?

–Extraño mucho el principio, porque no te daba el terror de la cancelación, de dar un paso y equivocarte. Actualmente tenés el paraguas muy abierto. Aunque una ya sabe qué temas evitar, siempre la gente está buscando el pelo al huevo, la crítica, señalarte y decirte lo que estás haciendo mal. Es algo muy de ahora que antes no existía.

People´s Choice Awards 2024 
Premiación exclusiva de E! Entertainment

–En un mundo con tantas personas generando contenidos sobre recetas, ¿te importa reinventarte seguido?

–Soy cero celosa del laburo, me encanta compartir y recomendar perfiles. No me caliento por la competencia, uno tiene que hacer su camino. En cuanto empezás a pispear a los costados, empezás a flaquear, a tener un montón de inseguridades. Yo voy muy a la mía, de manera desastrosa a veces, porque le debería dar más bola al número. Ahora se usan los videos recontra rápidos y tenés que cocinar a los pedos. Yo hago el video lento, a mi manera, para otro público que tal vez no tiene la necesidad de subirse a todas las tendencias.

–¿Veías Utilísima? ¿Tu nickname sería una rebeldía ante ese concepto que te pedía que seas, de algún modo, útil?

–No es una rebeldía, es ponerme en el lugar correcto y saber ubicarme en el mapa: yo no soy cocinera de oficio, no estudié la carrera de chef. Cocino desde antes de los seis años, hice mi primer curso y no la carrera, me puse a estudiar organización de eventos porque quería coquetear con la gastronomía pero que no sea lo principal; que siguiera siendo mi cable a tierra, algo que amaba y podía mejorarlo, y podía robarle recetas a las personas que pasaron por mi vida.

Cuando arranqué, Utilísima era un clásico, por supuesto que lo veía; Inutilísimas era una manera de levantar la mano y decir: “Se puede cocinar rico, seguramente la técnica no sea perfecta y me mande un montón de macanas en la cocina, pero se puede”.

MIEDOS Y EXPERIENCIAS

–Hablás de sacarse miedos y estructuras en la cocina, ¿alguna vez vos los tuviste?

Es increíble cómo todavía hay gente que tiene miedo a cocinar. Igual, desde la pandemia creo que todos nos pusimos a cocinar, a todos nos gusta más ir a ferias, conocer restaurantes; empezamos a ser más conscientes de la alimentación. Antes tenía mucho público de “no me animo”.

¿Qué es lo peor que te puede pasar en una cocina? No pasa nada, vas mejorando, la próxima te va a salir un poco mejor. Yo me machaco con no tener la carrera y de repente digo: “Pará, cocino hace muchos años, mis abuelas no tenían el oficio y cocinaban increíble”.

–¿Qué comentarios te llegan de la gente que te sigue?

–La gente se divierte. Cuando me dicen “tus recetas me salen” o “me puse a estudiar cocina porque arranqué con tus recetas”, me parece demencial que alguien elija una carrera por empezar a seguir las recetas de una mina en Instagram. Todos solemos bastardear a las redes de alguna forma, pero ahí te cae la ficha de que se puede llegar a muchas cosas a partir de comunicar algo, desde tu casa o cualquier parte del mundo. A alguien le llegás.

–¿Cómo sos cuando probás los platos de otros? ¿Qué es lo importante para vos?

–Soy lo menos exigente del mundo. Dame un panchito con lo que sea y me hace muy feliz que me cocine otro. Cuando puedo bajar la guardia, no pensar en qué comprar, qué cocinar en casa de manera familiar, qué plato ofrecerle a las marcas, soy muy feliz y no me importa nada. Soy una hoja en blanco, receptiva a lo que me pongan enfrente y muy liviana. Soy una nena en un cumpleañitos.

–¿Vas a comer seguido afuera?

–Sí, tengo mis caballitos de batalla que sé que van a ser terrenos seguros; distinto a cuando voy a lugares desconocidos. Me manejo con listitas o con muchas recomendaciones.

–¿Alguna experiencia gastronómica inolvidable de viaje?

Hago mucha tarea antes de viajar. Desde qué puestito de pancho, qué puestito de shawarma, qué restaurante tengo que reservar con mucho tiempo de anticipación. He comido en dos o tres lugares distintos porque me dicen: “Tenés que probar la entrada de acá, el principal de acá y el postre de acá”. Viajo de esa manera.

LA RECETA ENCONTRADA

–¿Alguna de tantas anécdotas alrededor de una comida para compartir?

–Cuando mi viejo falleció, en 2008. Uno tiene que pedir las recetas antes de que sea tarde. Yo no se las había pedido todas. Para el primer o segundo libro quería hacer los buñuelos de mi viejo, que eran de masa de pizza frita, una masa mucho más liviana, que ponía en una manga y freía. A esa masa le ponía cebollita rehogada, morrón o salame y armaba salsitas. Era espectacular, no podías parar de comerlo.

Nos juntamos con mi vieja y no sé la cantidad de masas y recetas que probamos, hasta que de repente llegamos. Igual, todavía no es como la que hacía él. La cocina, aparte de ser un punto de reunión, es nostalgia. Es increíble cómo probás algo que comías de chiquito y se te vienen tantos recuerdos.

–¿Qué momento de la cocina te da fiaca?

–Si tengo que ser completamente honesta, perdí un poco esa sensación que tenía antes cuando me metía en una cocina. A veces siento que no tengo más ganas, porque no quiero ni decir: “Hagamos un churrasco con ensalada”. Pero no me voy a quejar, tuve un montón de oportunidades a partir de la cocina, me dio laburo, me abrió puertas, así que lo peor que me puede pasar es que me de fiaca.

–Sé que es un poco cliché, pero ¿qué significa para vos darle de comer a alguien?

–Será trillado, parece un discurso de Disney, pero es el acto de amor más lindo. Llega alguien cansado de laburar, de un día de miércoles, y servirle un plato de algo calentito; llegan tus hijos y les hacés una buena merienda; tenés una cita con alguien y le hacés una comida. Es el acto de amor más lindo y más tangible que podemos poner en la mesa.

Fotos: E! Entertainment

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