Mina Serrano, en la piel de Cris Miró: "La descubrí por el libro de Camila Sosa Villada, y en ese momento algo se me despertó"
Dueña de una belleza que hipnotiza, la española que interpretará a la icónica vedette trans que revolucionó a la Argentina, tiene 26 años y un talento fuera de serie. A días de finalizar el rodaje y de regreso en Europa, analiza qué significó este rol tanto para su carrera como para su vida y anticipa sus expectativas de cara al estreno.
Mina Serrano siempre supo que el arte, la noche y los reflectores iban a ser su hogar, pero cuando a los 17 años tomó el nombre de la gran diva de la música italiana, nunca imaginó que llegaría a encarnar a personajes como Cris Miró, la primera mujer trans argentina que logró la fama al convertirse en vedette en un espectáculo de revistas.
Acompañada por un grupo de artistas argentinos, como Katja Alemann, Campi, Agustín Rada y Victorio D’Alessandro, hoy puede decir que ese sueño se cumplió. Hace apenas algunas semanas terminó el rodaje de la biopic Cris Miró (Ella), serie original de TNT y Flow basada en la novela Hembra, Cris Miró. Vivir y morir en un país de machos, de Carlos Sanzol, y el proyecto verá la luz a 25 años del fallecimiento de la icónica intérprete.
Los años noventa, la discriminación, las preguntas incómodas en grandes espacios de exposición, los excesos, pero también su luminosidad y brillo, son solo algunos de los aspectos con los que Serrano tuvo que lidiar para construir al complejo personaje. “La descubrí por el libro de Camila Sosa Villada, Las malas, y en ese momento algo se me despertó”, cuenta en exclusiva para El Planeta Urbano desde su actual hogar en París.

–Estuviste hace muy poco aquí, ¿qué extrañás de la Argentina?
–Extraño muchas cosas, hay algunas que no te puedo decir (se ríe). Extraño el clima, porque regresé a París y acá estamos en pleno invierno. Está todo gris y veo a toda la gente que conocí en Buenos Aires en la pileta, y eso es duro. Acá, por suerte, tengo un buen grupo de amigos, pero aun así hay algo de la calidez, en general, que apenas pisás el aeropuerto te das cuenta de que no es igual.
–Sé que llegaste al casting de la serie porque amigos argentinos te dijeron: “Che, tenés que participar”.
–Sí, apenas abrieron esta convocatoria online para encontrar a Cris Miró tenía como diez mensajes de amigos argentinos diciendo: “Te tenés que presentar”. Y bueno, así fue.
–¿Qué sabías de Cris Miró antes de encarnar el personaje?
–Sabía todo lo que se podía llegar a leer en internet, porque años atrás tuve una fascinación muy fuerte por ella. Yo la descubrí por el libro de Camila Sosa Villada, Las malas, y en ese momento algo se me despertó, me dio mucha curiosidad y empecé a investigar. Si bien la información de internet era bastante escasa y, por desgracia, no era buena… Te puedes imaginar lo que eran esas notas terribles, le hacían preguntas horripilantes, pero dentro de eso ella lograba mostrar su esencia. Yo estaba fascinada, coleccionaba un archivo de fotos de Cris, fue una inspiración para mí. Entonces cuando apareció el casting, me lancé como una loca.

–¿Cómo fue pararte en el escenario para recrearla, pararte en los lugares donde ella estuvo?
–Es muy fuerte, no había pisado nunca Buenos Aires, entonces el hecho de llegar a la ciudad y estar en los lugares en los que estuvo ella fue fuerte, porque se sentía irreal. Buenos Aires era una ciudad sobre la que había leído en las novelas, había visto películas, sabía que Cris había vivido allí, pero yo nunca había estado, entonces era todo un poco de ciencia ficción. Me acuerdo de la primera vez que pisé calle Corrientes o de la primera vez que entré al Maipo, lugares que fueron muy especiales para ella, y por supuesto fue muy emocionante contar una historia que ocurrió en un lugar físico que existe al día de hoy.
–Ella habitó el espacio del teatro de revistas y la figura de la vedette. Vos te has definido como “vedette” por esta capacidad de pararte en un escenario y hacer muchas cosas a la vez.
–Sí, ahora me lo dicen todo el tiempo. A mí hay algo de la vedette que me gusta, porque simboliza la construcción de los sueños de cada sociedad. Es como el arquetipo de lo bello, de la espectacularidad, según cada cultura la entiende. La vedette de París no es la misma que la porteña. Hay algo de eso y también de lo multidisciplinario que me gusta. En algún momento dije que yo me defino como vedette, pero lo dije de manera un poco irónica, porque en verdad lo que quería decir con eso es que me dedico a muchas cosas, y creo que es algo generacional, de mi generación, que somos muy multidisciplinares. Somos muy curiosos.
–Hablando un poco de esto, coincido en la construcción del imaginario social, y Cris Miró vino a cambiar ese paradigma. ¿Cómo ves la evolución de la representación de los cuerpos y los deseos en el escenario?
–Cris, al ingresar como primera vedette, simbolizó el canon de la belleza de ese momento. Que lo ocupase una persona como ella era un shock. Y sobre cómo ha evolucionado hasta hoy en día, pues, obviamente estamos más habituados a la diversidad. Pero es cierto que había algo novedoso en Cris, para mí en su figura había algo sorprendentemente natural. Incluso las vedettes de la época no tenían lo que ella tenía; ella era así, su discurso era “esta soy yo”, entonces hay algo de esa organicidad que al día de hoy a mí me sigue emocionando.

–¿Fue difícil ir descubriendo detalles de su vida para poder encarnarla?
–Actoralmente significó muchos retos: hubo un primer trabajo “contextual”, porque estaba encarnando a una persona argentina, que vivió toda su vida en Buenos Aires, y yo no conocía la ciudad. Tampoco había vivido en los años 90, entonces primero tuve que hacer ese trabajo. Si bien es cierto que si mirás mi esencia no estoy muy alejada de Cris, y por supuesto hay una cuestión física evidente, fuera de eso había un trabajo contextual muy importante que hacer, que involucraba el acento, informarme sobre muchas cosas.
Después fui descubriendo detalles sobre su vida, porque lo que está al alcance público es una faceta suya muy concreta, de cuando hablaba en televisión y tenía una forma de hacerlo muy educada, muy correcta, pero había mucha más Cris aparte de eso. Eso pude descubrirlo hablando con su entorno, con sus familiares, con sus amigos. También hay una cuestión ficcional creativa, porque hay vacíos, hay huecos, que una tiene que rellenar con su propia creatividad, con la ayuda de los guionistas y del director. Si no sería un documental.
–¿Te da miedo no poder despegarte después de Cris y el personaje?
–Lo he pensado, pero es algo que está fuera de mi control. Lo que puedo hacer es seguir siendo yo y seguir haciendo mi vida. Obviamente la gente me va a relacionar con ella, ¿qué puedo hacer con eso? Se me escapa de las manos. La suerte es que estoy haciendo de Cris Miró y no de Margaret Thatcher (se ríe). Al final, es una linda comparación, y si me comparan con Cris es un halago, lejos. Yo traté de vivir como ella y no de dedicar mi carrera a imitarla. Estoy muy a gusto siendo yo misma.
–Dejando de lado la serie, ¿qué cosas te gustan de vos?
–Me gusta la manera en que hace un tiempo opté por lanzarme, por saltar. Cuando algo se me pone por delante, tengo dos opciones: quedarme donde estoy o saltar. Eso puede salir mal o bien, pero desde luego no voy a caer en el mismo sitio en el que estaba. Eso me gusta porque no es fácil de gestionar, obviamente tengo muchos quebraderos de cabeza, pero siempre acabo dando el salto y persiguiendo lo que quiero. Me propongo algo y trato de conseguirlo, siempre estoy accionando y moviendo los hilos para conseguirlo.

–¿Cómo mirás a la distancia a esa Mina pequeña que nació en Granada, hoy vive en París y recorre el mundo?
–Tengo que decir que ahora mismo me emociona mucho, porque estaba muy lejos. Y las cosas que puedo hacer ahora son cosas que estaban en mis fantasías más salvajes, eran los sueños que tenía. Decía: “Bueno, si vuelvo a nacer y soy una chica, podría hacer estas cosas que me gustan”. Eso me dolía mucho. Entonces, de pronto, ver cómo años después todo se va colocando en su lugar y puedo hacer las cosas que quiero hacer, es como arte de magia.
–Pero no lo es, es todo tu trabajo…
–A veces digo “marica, estoy cansada”. He vivido en muchos lugares y cada vez que me mudé, cada vez que salí de casa y me alejé de mis amigos para buscar algo mejor para mí, fue sabiendo que había algo más allá, que había oportunidades para mí y que las iba a conseguir. Es duro vivir en tantos lugares, suena muy romántico vivir en París, o haber vivido en Berlín, o en Madrid, o haber pasado esta temporada en Buenos Aires. Es maravilloso, pero también es solitario, no tenés una base, un lugar. A veces miro a la gente que siempre vivió en la misma ciudad y digo “por ahí no lo podría hacer”. Pero hay algo de eso que anhelo.
Fotos: TNT/Flow

