Julián Weich, en busca de la felicidad: "La fama es una distorsión de la realidad y te puede hacer mucho daño"

El conductor más querido lleva cuatro décadas en la televisión argentina con el carisma intacto. Al frente de Vivo para vos por la pantalla de El Nueve y de su propia marca solidaria, confiesa que vive esta etapa de su profesión más tranquilo y que no le teme al olvido.

Si a lo largo de las últimas cuatro décadas en algún hogar argentino se encendía un televisor, era probable encontrar ahí adentro a Julián Weich, dispuesto a hacer reír. Integrante de éxitos como La banda del Golden Rocket, Pelito, El agujerito sin fin o Clave de sol, supo cautivar al público en su doble faceta de actor y conductor, una presencia que se antojaba cercana, que generaba empatía y vínculos cotidianos, como un vecino del que quizás no se sabía demasiado pero al que se lo conocía de toda la vida.

Desde 2020 continúa prolongando ese show de Truman perpetuo gracias a Vivo para vos, un programa que se emite todos los sábados y domingos por la pantalla de El Nueve, en el que junto a Carolina Papaleo homenajean y entrevistan a grandes figuras, ya sea de la televisión, la música o el cine. En ese contexto, Julián Weich se hizo un tiempo para dialogar con El Planeta Urbano y repasar los vericuetos del mundo misterioso del que forma parte y del que siempre tiene algo valioso para compartir.

Estudiaste en la Escuela de Arte Dramático, ¿tu sueño original era dedicarte por completo a la actuación?

–Así es, yo soy actor y me defino como tal; de hecho, ahora estoy ensayando una obra de teatro. Por cuestiones laborales me convertí en conductor, pero mi formación es actoral. Estudié dos años en el Conservatorio, un año con Lito Cruz y otro con Raúl Serrano. Después, conduciendo, apliqué todo lo que había aprendido.

–¿Podés adelantarnos algo de ese proyecto teatral?

–Claro, es para el Teatro Regina, la obra se llama Velorio a la carta y la dirige Diego Reinhold. Compartimos elenco con Fabián Arenillas, Celeste Campos, Nico Maiques y Alejandra Majluf. El estreno está programado para fines de enero, así que estamos ensayando.

–¿Hace cuánto tiempo no actuabas?

–Hice apariciones esporádicas y filmé alguna película; siempre estoy en algo, pero hacía mucho que no me subía al escenario, creo que desde hace casi veinte años. Ahora me llegó este libro, me tentó y dije “esto está buenísimo, lo quiero hacer”. La idea es estar los jueves y viernes en el teatro, y los sábados y domingos en la tele.

–En su momento, ¿por qué te inclinaste por la conducción?

–Fue el trabajo, me surgían más propuestas como conductor y conducir es un laburo mucho más acotado que te lleva menos tiempo. Sobre todo cuando trabajás en vivo, el programa de dos horas dura dos horas y el de una, una (se ríe). En esa época había escasez de conductores y era más requerido. A mí me gustaba y me sigue gustando, así que lo prioricé por un tema de oferta laboral y de comodidad.

"Vivo para vos" está al aire desde 2020 y pasaron una infinidad de figuras por el programa. Tengo entendido que no te gusta preparar las entrevistas, ¿es cierto?

–Sí, no me gusta rendir examen frente al invitado, ¿viste? Demostrar que uno conoce toda su carrera, algo que a veces pasa con los periodistas. A mí no me interesa saber, es al revés. Manejo algunos datos concretos pero prefiero preguntarle cómo está, cómo se siente, qué piensa, desde mi más absoluta curiosidad. Cuando sabés mucho del invitado, me parece que te limitás; en cambio cuando eso no pasa, preguntás lo que se te ocurre y descubrís cosas que pueden ser interesantes.

Entre todos los homenajes y las entrevistas que hiciste, ¿tenés alguno favorito?

–Uy, hicimos como mil. Mi entrevista favorita es aquella en la que el entrevistado se va contento, y todos los que pasan por el programa quedan felices, agradecidos. Se sienten mimados, no nos metemos en la vida privada ni en ningún escándalo que pudiera tener el entrevistado a su alrededor, no nos interesa eso. El éxito es ese, poder despedirse del invitado y que vuelva contento a su casa; eso es lo mejor que puede pasarme como entrevistador.

–Viviste la mejor época de la televisión, ahora los números son otros. ¿Te preocupa el rating o te adaptaste a esta nueva era?

–Siempre dije que el mejor rating que puedo tener, es el que me permite seguir con el programa. No se trata de hacer 30, 40, 80 puntos, no tiene sentido. Lo que importa es alcanzar el número necesario para seguir, porque si el programa no midiera nos hubieran levantado, y yo con eso estoy bien.

La carrera por el rating es un tema de ego, de querer ganarle al otro. A mí nunca me interesó ni me guié por eso. Cuando me piden medir más, es el primer motivo por el cual me voy de un programa; porque cuando estás en televisión querés hacer el mejor número posible. No es jugar un partido y decir con un gol me alcanza, vos querés meterla diez veces en el arco, pero eso tiene un límite. Yo no voy a traicionarme ni hacer cosas con las que no estoy de acuerdo por un punto más de rating.

–¿Con Carolina Papaleo ya habían trabajado juntos?

–No, habíamos hecho un bolo en un programa de su madre, Irma Roy, aunque ninguno de los dos se acuerda (se ríe). Pero su hijo Matías y el mío Tadeo fueron compañeros de primaria y secundaria. Así que compartimos los pooles del colegio y algún que otro tema escolar.

Y se armó una muy buena dupla.

–Sí, se fue dando de modo natural. Nunca tuvimos peleas ni conflictos, no hay discusiones, nos aceptamos como somos y sabemos que el programa nos convoca para entretener a la gente y pasarla bien.

–Estuviste en Mozambique recientemente, ¿nos podés contar sobre esa experiencia?

–Estuve en Mozambique porque fui a ver a mis dos hijos mozambiqueños, que adopté temporalmente en mi matrimonio anterior, hace diez años. En ese entonces tenían 25 y 20 años. Ellos vinieron becados por medio de una misión, a estudiar en la UCA, y nosotros los apadrinamos durante una década.

El mayor se recibió en dos carreras y el menor está terminando la suya de manera remota. Todo fue obra del Padre Juan Gabriel Arias, un cura argentino que vive allá desde hace 15 años; y si bien hace mucho que lo ayudo, nunca había ido a verlo. Así que inventamos ese viaje para llevarle dinero, visitar su misión y ver a mis hijos. Fue una experiencia increíble; conocer otra cultura, ver las necesidades que tienen, poder donar y contar ese trabajo, es maravilloso.

Hace casi 32 años que sos Embajador de Buena Voluntad de Unicef, ¿en qué consiste tu trabajo?

–En conducir eventos, hacer videos, conocer proyectos de Unicef y, sobre todo, poder contarlos. Este año viajé a Paraguay, Uruguay, Bolivia y por la Argentina; donde haga falta mi presencia, yo estoy. Defender los derechos del niño significa hablar todo el tiempo de eso y darlos a conocer para que se sepa que no siempre se respetan. Unicef tiene 77 años cumpliendo esa labor alrededor del mundo, y es la primera en llegar a todos los conflictos y catástrofes humanitarias.

–Aparte de colaborar con varias ONGs, tenés tu propia marca, “Conciencia”, que también tiene un costado social, ¿no?

–Sí, es una marca solidaria con impacto social, porque donamos la mitad de las ganancias por las ventas de los productos a cuatro ONGs: la Fundación educativa Ruta 40, Fundación Huésped, Techo y la Cooperadora del Hospital de Niños.

–Y este mes fuiste parte del especial solidario "Cantamos para vos", que se emitió por El Nueve con la producción de 1010 Mente Colectiva, tu conducción y la de Maia Chacra.

–Sí, fue un programa especial donde se presentaron un montón de músicos, como Axel, Flor Otero y Tripa, y se hizo a beneficio de Ruta 40, todo lo recaudado se donó a la Fundación.

–El humor siempre fue una herramienta importante en tu carrera, ¿creés que con eso se nace o podés entrenarlo?

–Yo lo heredé de mi papá, él era actor y humorista aunque no trascendió. Éramos de hacer chistes, tentarnos juntos. Siempre me gustó eso y le pongo humor hasta a lo más dramático. A veces no está bien pero me sale así, es algo que me nace.

Ya que mencionás la trascendencia y el humor, te cuento que hace poco un portal tituló: “¿Qué es de la vida de Julián Weich?”. ¿Le tenés miedo al olvido?

–Y agregaba “alejado de la televisión”. Che, ¡si no miran la tele no es mi culpa! (se ríe). No le tengo miedo porque hice muchas cosas y, en general, la gente me recuerda más por lo que hice que por lo que hago. Entiendo que mi época de oro ya pasó, no me inquieta el olvido. No añoro esos años, estoy más relajado y muy tranquilo, la gente ya no me persigue si voy a un shopping. Siempre intenté ser coherente y creo que lo logré.

–¿La fama es puro cuento?

–La fama es una distorsión de la realidad y hay que tener mucho cuidado con cómo se vive la popularidad, te puede hacer mucho daño, como les pasa a algunos pibes que salen de los realities. El público te ve como Superman, pero está bueno saber que uno no es un superhéroe. El tema se complica cuando vos te creés Superman y no sos ni Clark Kent.

Fotos: Alejandro Calderone Caviglia

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